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Master Hellcat

Artículos sobre bdsm

S.S.C., R.A.C.K e I.R.P.P.

Ya os había hablado con anterioridad de la regla S.S.C. Pero nunca está de más volver sobre tus pasos, repasar lo ya explicado y ampliar información. Al fin y al cabo el tiempo nos permite reflexionar y aprender más cosas. Así que no sólo os voy a hablar de la regla S.S.C., sino también de la regla R.AC.K., e incluso me vais a permitir la licencia de añadir algo de cosecha propia: la regla I.R.P.P. Además, este post no sólo habla de BDSM, sino en cierto modo también de la Historia del BDSM, por lo que creo que os puede resultar interesante.

Las siglas S.S.C. corresponden a la expresión Sane, Safe and Consensual, que habitualmente veréis traducida al castellano como Sano, Seguro y Consensuado. El término S.S.C. fue acuñado por primera vez por David Stein en 1983 y acabó siendo adoptado por toda la comunidad BDSM como marco de referencia para llevar a cabo dichas prácticas. Existe un cierto debate dentro de la comunidad BDSM hispanohablante sobre el término "sano", pues no es la traducción literal de la palabra inglesa sane, que debería traducirse como "cuerdo" o "mentalmente sano" (en inglés, "demente" se traduce como "insane"; es decir, lo contrario de "sane"). Hay gente que se toma este asunto realmente en serio, generando auténticas discusiones al respecto. Personalmente, no entiendo tal discusión, pues no creo que llamar a una cosa "a" o "b" sea relevante. Lo realmente importante es el concepto que subyace tras esa denominación y que es independiente de la misma. Por ejemplo, a las sillas las llamamos "silla", pero podríamos perfectamente llamarlas "parasentarme". Lo realmente importante es el concepto, que no varía: un mueble que usamos para sentarnos. Por lo tanto, tanto da cómo traduzcáis el Sane, Safe and Consensual. Lo único que importa es que sepáis cómo ponerlo en práctica y que lo hagáis.

A continuación os explico en qué consiste cada uno de los conceptos del S.S.C.:

1. Sano/Cuerdo. Nos recuerda que todos nuestros juegos relacionados con el BDSM deben estar regidos por el sentido común. Siempre que deseéis poner en práctica alguna fantasía o algún juego, primero debéis preguntaros si tenéis los conocimientos necesarios, el material adecuado, etc. En definitiva, debéis preguntaros si es sensato llevar el juego a la práctica. Si tenéis alguna duda al respecto, por pequeña que sea, os aconsejo que no lo hagáis.

2. Seguro. Un juego que no sea "Cuerdo", tiene bastantes posibilidades de no ser "Seguro". Incluso si es "Cuerdo" nunca estará de más adoptar una serie de medidas básicas de precaución.

3. Consensuado. Los juegos BDSM han de estar consensuados entre ambas partes. Esto significa que Amo y sumisa han de estar de acuerdo en el tipo de juegos que van a realizar y en la forma de llevarlos a cabo.

A propósito de la regla S.S.C., pronto surgió una corriente que argumentaba que existía un cierto abuso y tergiversación en su interpretación. Esta corriente afirmaba que nadie que no esté participando de forma activa en una determinada actividad puede establecer qué es sano o seguro para los participantes de esa actividad, ya que lo que para unos no lo es, para otros sí puede serlo. Así, bajo el prisma de la regla S.S.C., alguien que observa una sesión puede considerar que es aburrida debido a las excesivas medidas de seguridad que observan los participantes, o peligrosa si cree que no hay suficientes. Sin embargo, para los participantes quizá esas medidas de seguridad son las correctas y no están interfiriendo en el desarrollo de una sesión que para ellos está siendo plenamente satisfactoria.

En base a este pensamiento, a finales de los años 90 surgió el término R.A.C.K., correspondiente a la expresión Risk Aware Consensual Kink, que puede traducirse al castellano como Riesgo asumido y consensuado para prácticas de sexualidad alternativa o no convencional. Los partidarios de esta regla consideran necesario dejar abierta una puerta a la posibilidad de otros puntos de vista que no tienen por qué coincidir con el del observador.

Veamos un ejemplo. Supongamos que Amo y sumisa deciden, de mutuo acuerdo, que el Amo no interrumpirá la sesión, incluso si ella se lo pide. Analicemos la situación. Los seguidores estrictos de la regla S.S.C. pueden argumentar que esto es una locura y que esa decisión ha sido tomada llevados por la excitación y sin pensar en las posibles consecuencias. ¿Y si se crea una situación potencialmente peligrosa que el Amo no sabe o no puede detectar? En cambio, los seguidores de la regla R.A.C.K. pueden argumentar que esa decisión corresponde únicamente a la pareja directamente envuelta en el juego. ¿Qué es una situación potencialmente peligrosa? Lo que visto desde fuera puede parecer una situación de peligro, quizá visto desde la perspectiva de los jugadores no lo es. El observador no les conoce y quizá se le está escapando algún detalle que ellos sí tienen en cuenta. No entraré a debatir quién tiene razón y qué regla es mejor o peor. Decantarse por una u otra no deja de parecerme un "quítate tú para ponerme yo". Mi opinión al respecto es similar a la que habéis leído para el término Sane. Llamadlo S.S.C., R.A.C.K. o como queráis. Creo que ambas reglas, más allá de la interpretación que cada cual quiera darles, persiguen el mismo objetivo, por lo que las guerras de siglas me parecen innecesarias y pueden hacernos perder de vista su común significado: divertirse sin peligro.

Llega el momento de hacer balance de todo lo que hemos hablado en este capítulo y resumirlo. Para ello, me he permitido la libertad de crear una regla, a la que he llamado I.R.P.P. Sus siglas corresponden, en inglés, a la expresión Inclusive Rule for the Protection of the Players, que podemos traducir como, Regla Incluyente para la Protección de los Jugadores.

Los aspectos englobados en esta regla son los siguientes: 

1. Regla incluyente. La regla I.R.P.P. no está destinada a sustituir las reglas S.S.C./R.A.C.K. o cualquier otra que aparezca en el futuro, sino a englobarlas y complementarlas. Cualquier regla o precepto que fomente la protección de las partes involucradas en los juegos siempre debe ser bienvenido.

2. Protección de los jugadores. Más allá de las siglas y las palabras, no perdamos de vista el verdadero objetivo: la protección, física y psicológica, de todas las partes involucradas en un juego.

3. Respeto, Diálogo y Sentido común. Los tres pilares básicos de cualquier relación BDSM, dentro y fuera de los juegos, son el respeto mutuo, el conocimiento mutuo a través del Diálogo y el uso del sentido común. Sin éstos, nunca será posible aplicar las reglas S.S.C./R.A.C.K. con éxito.

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La psicología de la sumisa (II)

Sirva como ejemplo el episodio que os describo a continuación. Hace unos días malaika y yo caminábamos por la calle en dirección al coche. Yo iba con una maleta con ruedas. Pesaba bastante, pero no me exigía mucho esfuerzo, ya que la llevaba rodando. Ella llevaba una especie de cesta/bolsa que, si bien pesaba bastante menos que la maleta, debía transportar a pulso, por lo que el esfuerzo requerido era equivalente al que hacía yo. Naturalmente, en esa situación no estábamos jugando ni en nuestros respectivos roles de Amo y sumisa. Tan solo éramos una pareja más transportando su equipaje.

Al cabo de un rato malaika hizo un comentario en broma sobre el hecho de que yo podía usar las ruedas de la maleta, mientras que a ella no le quedaba más remedio que sostener la bolsa a pulso. Yo me ofrecí a llevar la bolsa, ya que sabía que no me supondría un esfuerzo excesivo cargar con los dos bultos. Ella se negó y yo insistí. Al final ella me cedió la bolsa y así continuamos andando durante unos segundos hasta que malaika comentó, medio riéndose, que así parecía yo el sumiso y que era mejor que le devolviera la bolsa.

Yo me negué y le expliqué que las cosas nunca son lo que pueden parecer a simple vista y que quizá para el ojo poco entrenado podría parecer que, efectivamente, yo era el sumiso y ella la Ama. Sin embargo –continué con mi explicación-, conociéndola como yo la conocía, sabía que ella estaba “sufriendo” al verme cargado con ambos bultos mientras ella caminaba con las manos libres. Y que esa era la realidad de la situación: ella “sufría”, como sumisa que era, y yo, que estaba llevando el equipaje de ambos sin que me representara demasiado esfuerzo, estaba disfrutando de la situación al ver el suyo.

Mi teoría se vio confirmada varias veces durante el corto trayecto hasta llegar al coche. Malaika me pedía una y otra vez que le devolviera su cesta con gesto de súplica. Por supuesto, me negué todas y cada una de las veces, añadiendo de vez en cuando, comentarios destinados a aumentar su “sufrimiento”: “seguro que esa persona con la que nos acabamos de cruzar habrá pensado que cómo es posible que te puedas aprovechar de tu pareja de esa forma permitiendo que yo lo lleve todo”, etc.

Así que ya sabéis, queridos lectores: sed abiertos de mente porque las apariencias engañan. Tendemos a deformar la realidad –casi siempre de forma inconsciente- para que se adapte a nuestras ideas y conceptos preconcebidos, pero el mundo que os rodea obedece a sus propias leyes, que son independientes del observador. Y el BDSM no es una excepción.

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Sumisos/as de "alto nivel"

Creo que ya os he hablado alguna vez del concepto de “buena sumisa” o “mala sumisa”. Para no repetirme, resumo: para mí una “buena sumisa” es aquélla que intenta cubrir las necesidades de su Amo, del mismo modo que un “buen Amo” es aquél que intenta cubrir las necesidades de su sumisa. Que lo consigan o no puede depender de más variables, no sólo de ellos mismos. Creo recordar que también he dicho en alguna ocasión que no todo el mundo es compatible, ya que las necesidades de un Amo y una sumisa pueden ir por diferentes derroteros. En fin, os he mencionado una relación sumisa/Amo, pero ya sabéis que tanto da sumisa, sumiso, Amo o Ama. Lo importante es el concepto, que puede ser aplicado en cualquier caso.

 Pues bien, dicho esto, añadiré que hay cosas que, simplemente, no entiendo. No hace mucho leí -no diré dónde- que una Ama buscaba sumisos “de alto nivel”. Y yo me pregunto: ¿qué es un sumiso de “alto nivel”? O, mejor dicho, ¿qué entiende esa Ama con “alto nivel? ¿Que el sumiso debe dejarse hacer cualquier cosa? ¿O quizá que el sumiso debe soportar un alto grado de dolor? Vale, quizá soy un malpensado y no se refería a nada de esto. Puede que tan sólo estuviera buscando -previa negociación para comprobar su afinidad y la existencia de objetivos comunes- un sumiso dócil y obediente, que aceptara sus enseñanzas y castigos de buena gana, deseoso de agradar y servir a su Dueña. Sí, quizá se refería a eso con “alto nivel”…  pero mi instinto y mi experiencia me dicen que seguramente no es así.

 Lo más acertado para evitar este tipo de confusiones y elucubraciones habría sido que la Ama hubiera explicado de forma clara qué es lo que busca. No olvidemos que lo que para ella es “alto nivel”, para el sumiso podría ser algo trivial. Y, naturalmente, también podría darse el caso contrario: lo que para el sumiso puede ser “alto nivel”, quizá para la Ama no lo es. En cualquier caso, creo que la expresión “alto nivel” no debe emplearse a la ligera, pues nadie está en disposición de afirmar qué significa “alto nivel”. O, mejor dicho, sí podrá explicar qué significado tiene para él, pero desde luego no podrá hablar por los demás.

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La gran pregunta: "¿Cómo puedo ser Amo?"

Desde que empecé a practicar el BDSM, y a escribir este blog, no son pocas las personas que me han pedido –a veces, incluso rayando la súplica- que les enseñe a ser Amo. La verdad es que este tipo de peticiones siempre me causa cierta confusión, pues a mí nadie me enseñó nada, ni sentí la necesidad de pedirle a alguien que lo hiciera. Así que no acabo de entender muy bien dicha necesidad. ¿Será que soy más listo que los demás y nací ya enseñado? Evidentemente no, así que, tentado por el reto, he dedicado un poco de tiempo a pensar en este asunto para tratar de aclararlo.

Basándome tanto en mi experiencia como en las charlas que he mantenido a lo largo de estos años, he llegado a la conclusión de que hay  gente que confunde “tener la actitud propia de un Amo” con “jugar”. Así, cuando alguien me pide que le enseñe a “ser Amo”, nunca me queda claro si se está refiriendo a la primera cuestión o a la segunda. Aprender a “jugar” no es difícil. El aprendizaje de las técnicas básicas para el uso de pinzas, cuerdas, azotes, etcétera, no requiere un gran esfuerzo. En otros casos, por el contrario, es necesario extremar las precauciones y realizar los ensayos necesarios para adquirir destreza en el manejo del material. Sin embargo, no hay nada que no pueda aprenderse con ganas, tiempo y un poco de habilidad. Pero no es esto lo que yo entiendo por “ser Amo”. Para mí, “ser Amo” es tener la actitud propia de este rol. Y eso –a pesar de que alguien pueda decepcionarse leyendo esto-, no puede enseñarse, sino que es algo que llevamos dentro de nosotros. Como un fuego que nos arde por dentro. “¿Pero acaso esto del BDSM no va de adoptar un rol? ¿De actuar? ¿De hacer ver que somos algo que realmente no somos?”, se nos puede preguntar. Sí, es correcto. “Entonces, ¿por qué no fingir? Podría simular que soy Amo”. Me temo que no es suficiente. Las sumisas perciben cuándo un Amo realmente no se siente como tal. Como ya he dicho antes, cualquiera puede aprender a dar azotes o poner unas pinzas. Pero nadie puede fingir eternamente ser lo que no es. Si el Amo no es capaz de transmitir su actitud dominante hacia la sumisa, ésta no se sentirá sometida ni entregada y, probablemente, se acabará aburriendo.

Es cierto que a los Dominantes nos gusta revestir nuestros juegos con una pátina de realidad que nos permita tocar lo intocable. Percibir más de cerca lo que sentimos, alimentar nuestro fuego interno hasta convertirlo en un incendio desbocado cuando contemplamos cómo la sumisa se entrega a nosotros. ¿Acaso los azotes no duelen? ¿La cera no quema? ¿Las cuerdas no aprietan? Todo esto es tangible, físico, real. Y, como ya he dicho antes, puede aprenderse. Pero sólo es la punta del iceberg. Detrás está nuestro fuego interno, la realidad de lo que somos.

¿Miedo escénico? ¿Pánico a quedarse en blanco? ¿A que la sumisa se dé cuenta de que se os han acabado las ideas? Me temo que tampoco puedo hacer nada al respecto. Nunca uso un guión predefinido. En cuanto el juego diera un giro inesperado no previsto en el plan, el guión no serviría de nada. Yo avanzo en función del conocimiento que tengo de la sumisa –cuanto más la conozco, más me puedo arriesgar; si la conozco menos, soy más prudente- y de sus reacciones a mis estímulos físicos o psicológicos. Cuando se cierra una puerta, abro otra. Si veo que me acerco a un callejón sin salida, creo nuevas opciones.

Otro aspecto importante es que, si yo os dijera qué debéis hacer y decir durante una sesión –“cuando entre por la puerta dile esto, luego haz aquello, después llévala hasta el salón, etc.”- y vosotros os limitarais a ser unas manos que ponen en práctica mis instrucciones, la sumisa no os estaría percibiendo a vosotros, sino a mí a través de vosotros. Serían mis juegos, y no los vuestros. Mi forma de entender el BDSM, no la vuestra. En definitiva, yo, y no vosotros. Y estoy completamente seguro de que esto no es lo que desea cualquiera que se autodefina como Amo. Desde luego yo no lo querría. ¿Acaso cuando queréis jugar un partido de fútbol con los amigos le preguntáis a otra persona qué debéis hacer? –“pues mira, al empezar el partido avanza por la banda, esperas que te pasen el balón, corres hasta llegar al área, luego centras y…”-. No, simplemente vais con vuestras ganas de jugar el partido y de pasarlo y hacerlo pasar bien. Cada partido es distinto y cada experiencia, enriquecedora por sí misma. No sería lo mismo si todo esto dependiera de lo que os diga una tercera persona. En este sentido, no hay ninguna diferencia con el BDSM. Las ganas y la necesidad de ser el creador de tus propios juegos es la misma.

Yo no necesito que nadie me diga qué debo hacer. Invento, improviso, creo, disfruto. Soy Master Hellcat.

Hellcat                                                                                                                                                                                                                                                                            Barcelona                                                                                                                                                                                                                                                                                                   16 de agosto de 2010

La psicología de la sumisa

Sin duda este es uno de los aspectos que más me atrae del mundo del BDSM, tanto por lo que me aporta como Amo, como por su complejidad.

Como ya he mencionado anteriormente, encuentro gran placer en proporcionar estímulos que provoquen en la sumisa diversas respuestas. Ahora bien, para saber cuál es el estímulo adecuado para conseguir una determinada reacción, es necesario tener un conocimiento lo más amplio y profundo posible de la sumisa. ¿Cómo funciona su mente? ¿Cómo saber lo que está pensando? ¿Qué esquemas mentales la llevan a pensar tal o cual cosa en cada momento? ¿Cómo puedo intervenir en dichos mecanismos mentales para llevar sus pensamientos por el camino que más me interesa? Son preguntas que me he hecho muchas veces y a las que siempre he intentado dar respuesta.

Cada sumisa reacciona de forma distinta ante un mismo estímulo. Por lo tanto, una vez más, hay que hacer hincapié en que el Diálogo es imprescindible para conocerla. Hay que tener en cuenta que su respuesta emocional no vendrá dada sólo por su personalidad como sumisa, sino también por su forma de ser como persona y mujer. Es necesario, por lo tanto, que el Amo la conozca en sus tres vertientes: sumisa, persona y mujer. Este proceso permitirá al Amo, no sólo aprender cómo funciona la mente de la sumisa -de esa sumisa en concreto, lo que permitirá dar respuesta a la primera pregunta que planteé en el párrafo anterior-, sino también conocer sus esquemas mentales. Con este conocimiento, el Amo podrá predecir qué va a pensar la sumisa o qué está pensando en ese momento. Siempre es un aliciente observar su cara de sorpresa cuando, por mis palabras o hechos, le doy a entender que sé lo que estaba pensando. Es un truco muy efectista y que suele conseguir interesantes reacciones. Naturalmente, en realidad no sé lo que está pensando y puedo equivocarme. Pero el conocimiento que tengo de ella me permite aventurarme con una razonable posibilidad de éxito cuando detecto una situación -normalmente durante una conversación que tiene  lugar mientras estamos realizando una actividad cualquiera, ya sea BDSM o no- propicia.

Más interesante aún es poder intervenir en los pensamientos de la sumisa. Lógicamente, no puedo ordenarle a la sumisa que piense en cada momento lo que yo desee. En primer lugar la idea me resulta, simplemente, absurda. Y en segundo lugar, aunque le ordenara qué ha de pensar en cada momento, no sería lógico pretender que la sumisa pueda hacerlo. Y no por falta de obediencia o ganas, sino porque no es fácil controlar nuestros propios pensamientos, a menos que se tenga una férrea disciplina y se haya practicado dicho control -tema, por otra parte, muy interesante, pero que no abordaremos ahora debido a su complejidad.

Ahora bien, aunque no pueda decirle a la sumisa qué ha de pensar en cada momento, sí puedo manipular su mente para que sea ella la que haga suyos mis pensamientos como si hubieran sido generados por su propia mente de forma espontánea. Una vez que se conoce la forma de pensar de la sumisa, es relativamente fácil implantar en su mente la semilla de lo que sé que tarde o temprano se convertirá en un pensamiento que trabajará en mi favor -poniéndola nerviosa, excitándola, etc. Aquí es donde sale a relucir la personalidad de la sumisa, no sólo como tal, sino también como persona y mujer. Unas pensaran en el asunto y serán capaces de descartarlo hasta que, al cabo del rato vuelvan a pensar en ello, otras se pasarán el día dándole vueltas constantemente… hay tantas posibilidades como sumisas.

Pero en la práctica, ¿cómo implantar esa semilla de la que hablaba antes en la mente de la sumisa? Uso dos métodos:

 

1. Método directo. Explico a la sumisa mi visión sobre un tema, o lo que espero de ella en una determinada situación, o algún juego que se me ha ocurrido y que pondré en práctica en alguna ocasión… Sea lo que sea, lo hago de forma explícita y directa, sin guardarme información.

 

2. Método sutil. Doy explicaciones incompletas, dejando que su imaginación trabaje llenando los huecos y, a menudo, haciendo una montaña de lo que sólo es un grano de arena. Recordad que no es lo mismo no contar toda la verdad, que mentir. No se puede mentir bajo ni ningún concepto, pues ninguna sumisa podría confiar en un Amo mentiroso.

 

Por otro lado, no hay que olvidar que en el mundo del BDSM todo está interrelacionado. Así, el concepto de psicología de la sumisa es mucho más amplio y rico de lo que pueda parecer a simple vista, pues existen multitud de acciones que pueden provocar respuestas emocionales por su parte. Un ejemplo de ello puede ser lo que he explicado anteriormente refiriéndome a las posturas, la primera sesión, su inspección… como ya he dicho, todo está encaminado a provocar una respuesta de la sumisa. Por lo tanto el Amo no debe auto limitarse -con la excepción de las limitaciones incluidas dentro del concepto de Límite-, sino explorar las posibilidades que su sumisa ofrece. Y fijaos que no he dicho “la sumisa”, sino “su sumisa”. Porque, como ya he dicho en este mismo apartado, cada sumisa es distinta y lo que para una puede funcionar, para otra puede no ser efectivo. Evidentemente, lo mismo puede decirse de los dominantes, de forma que, dada una misma sumisa, un Amo puede hacer aflorar en ella aspectos que quizá otro no pudo o no supo hacer aflorar.

Como ya habréis deducido a estas alturas, el BDSM no es, en absoluto, una ciencia exacta. Por lo tanto, también en este caso, por muchos ejemplos que os pueda poner, estoy seguro de que siempre encontraríais nuevas situaciones. Una vez más se hace evidente, por lo tanto, que la única forma de estar preparado para aprovechar las posibilidades que el juego nos ofrece, es conocer a la otra parte tanto como podamos. Hay tantas posibilidades como personas y cada una de ellas es, a su vez, depositaria de un universo infinito de sensaciones, emociones y reacciones que podréis explorar, ya seáis Amos o sumisas.

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Artículos sobre bdsm: Naturaleza y roles

De un tiempo a esta parte me ha dado por reflexionar sobre la relación existente entre las prácticas BDSM y la arquitectura corporal de hombres y mujeres. ¿Condiciona de alguna forma la arquitectura de nuestro cuerpo las relaciones BDSM?

Yo creo que sí. Hombres y mujeres estamos construidos de forma diferente. Y este hecho, unido al rol que profese cada uno dentro del BDSM, condiciona nuestras relaciones y forma de actuar. Por ejemplo, al mantener relaciones sexuales, tradicionalmente la mujer debe separar las piernas para permitir la penetración, mientras que el hombre es el que penetra a la mujer. Sin duda esto condiciona la actitud de ambos a la hora de realizar juegos BDSM, tanto en el rol de dominante como en el de sumiso/a.

Vamos a analizar las diferencias físicas y sus connotaciones en el ámbito del BDSM.

La sumisa que separa las piernas se hace vulnerable, se entrega, se expone, no sólo en el sentido físico de la expresión, sino también en el psíquico. Estoy seguro de que todos los Amos han aprovechado esto alguna vez cuando juegan con sus sumisas. Y ahondar en ello les permite humillarlas aún más, aumentando la sensación de entrega y vulnerabilidad por parte de ella, y de propiedad y poder por parte de él.

Complementariamente, el hombre dominante, al penetrar a su sumisa, toma y posee lo que es suyo. El Amo puede usar el sexo como muestra de su poder y como instrumento para someter a la sumisa. Además, los papeles tradicionales del hombre como parte activa y de la mujer como parte pasiva en el sexo favorecen esta concepción de las relaciones BDSM.

Lo que parece que la Naturaleza favorece en el caso de la mujer sumisa, ¿debe ser contrarrestado por la mujer dominante? Me explico: ¿debe una mujer dominante separar las piernas para permitir de forma pasiva que su sumiso la penetre? ¿No contrarresta esto la autoridad de la Ama?

Afortunadamente, nuestros cerebros van más allá de lo que la Naturaleza nos ha dado. La mujer puede, efectivamente, adoptar un papel pasivo ordenando, por ejemplo, al hombre sumiso que “trabaje” para darle placer mientras ella disfruta de su esfuerzo. Esto no menoscaba la autoridad de la Ama en absoluto, sino todo lo contrario. Por otro lado, nada impide a la mujer dominante adoptar una actitud activa en el sexo, mientras que el hombre sumiso puede mostrarse pasivo.

Está claro que el dominante, ya sea hombre o mujer, suele adoptar en los juegos BDSM un papel activo, mientras que la parte sumisa suele adoptar un papel pasivo. Dichos roles suelen ser exportados también a las relaciones sexuales dentro del BDSM. Y si bien, a priori, parece ser que la Naturaleza favorece más el papel del hombre como dominante y el de la mujer como sumisa, nuestra capacidad para cambiar y evolucionar en nuestra forma de pensar ha logrado modificar esto y permitir que cada cual pueda disfrutar del rol que más le agrade.

Una vez más, todo depende de nuestra capacidad para usar la imaginación y entrar en nuestros respectivos roles.

Hellcat
Barcelona
7 de julio de 2006

 

Artículos sobre bdsm: Sobre posturas, gestos, miradas y demás

No es ningún secreto que a los Amos nos gusta que las sumisas guarden en todo momento las formas y el protocolo establecido. ¿A qué Amo no le agrada que su sumisa le reciba adoptando una cierta postura o que demuestre su entrega expresándolo verbalmente con una frase?
Valoro mucho la espontaneidad en una sumisa. Llegados a un cierto punto, considero que ella debe tener la capacidad de demostrar su entrega sin necesidad de que yo le indique cuándo y cómo ha de hacerlo. Que se despida de una conversación en la que en ningún momento hemos hablado de temas bdsm con un “A sus pies, Amo”, que por iniciativa propia se arrodille ante mí en un momento y lugar determinados, que escriba un relato inspirado en la última sesión que llevamos a cabo, etc. constituye, para mí, motivo de alegría.
Posturas, frases y gestos son parte integrante, no ya de las sesiones, sino de la propia relación entre Amo y sumisa. Sin embargo, los Amos debemos ser conscientes de que la memorización de tanto protocolo requiere un cierto esfuerzo por parte de ella. Por esta razón, hemos de llegar a un compromiso que permita establecer una serie de protocolos, pero sin llegar al punto en que la sumisa se agobie. Cuando olvida alguno, el camino fácil implica pensar que ha sido negligencia suya. No obstante, también deberíamos plantearnos si, en vez de suya, la negligencia ha sido nuestra. Una sumisa olvidadiza puede ser castigada, pero primero tenemos que preguntarnos a nosotros mismos si no nos habremos extralimitado. La capacidad de memorización tiene un límite, así que antes de impartir órdenes sobre protocolos, pongamos siempre por delante la premisa de que en este juego han de divertirse ambas partes.

En el tema de las posturas tengo, como todo el mundo, mis preferencias. No os voy a descubrir ninguna postura nueva que desconozcáis. Simplemente, aprovecho la oportunidad que me brinda el blog para dejar constancia de mis gustos. Me gustan especialmente tres posturas.

-    Arrodillada, con las piernas separadas, manos apoyadas sobre éstas por encima de la rodillas con las palmas hacia arriba y los hombros echados hacia atrás, ofreciendo sus pechos. Una clásica postura de espera.

-    Como la anterior, pero con las manos detrás de la cabeza y codos separados, formando entre ellos un ángulo de 180 grados. En general, me agradan todas las posturas en las que los brazos de la sumisa quedan por encima de los hombros debido a que los pechos quedan alzados.

-    Arrodillada, postrada hacia mí con la frente tocando el suelo, los brazos estirados delante de la cabeza y las palmas de las manos apoyadas en el suelo.

Invito a las sumisas a que experimenten ante el espejo -bajo la supervisión de su Amo, si lo tienen, o por cuenta propia, si no es así- realizando diferentes posturas, pues quizá descubran aspectos de su cuerpo que hasta ese momento les habían pasado desapercibidos. No me estoy refiriendo a aspectos únicamente físicos. Mi experiencia personal me dice que estos ejercicios permiten que la sumisa –o la mujer en general, pues no tienen por qué estar limitados sólo a las sumisas- conozca mejor su cuerpo y se sienta más a gusto con él.
En http://www.annasart.com/cart.php?ID=10 podéis ver varias posturas que pueden gustaros o, como mínimo, serviros para crear otras que sean de vuestro agrado. La web está en inglés.

No sólo las posturas sirven para demostrar sumisión y entrega. Un simple gesto también puede tener un significado importante. Algunos incluso pueden ser realizados en público, pues para los profanos pasarán perfectamente desapercibidos. Como ejemplo práctico os puedo poner uno que usamos satin y yo: ella me coge la mano y me besa el dorso. Algo tan sencillo como esto, para nosotros tiene un significado como Amo y sumisa, pues ella me besa la mano como tal. Cuando lo hace, sé que me está diciendo “Estoy a sus pies, Amo”. “Una tontería”, pensarán algunos. Quizá, pero cada gesto tiene la importancia y el significado que cada uno le quiera dar.

Dejamos los gestos y las posturas y pasamos a algo más sutil: las miradas. No es fácil someter a una sumisa sólo con la mirada, pues debe estar predispuesta a ello. Para conseguirlo, ha de respetar al Amo y sentirlo como tal. Partiendo de esta premisa -tema extenso y del que ya he hablado en otros artículos de forma directa o indirecta-, usar la mirada para someter a una sumisa es algo que me proporciona mucha satisfacción. Metafóricamente hablando es como si “lanzara” la mirada para envolverla con ella y hacerla mía. El resultado suele ser que ella acaba apartando sus ojos de los míos e incluso protestando, lo cuál me divierte aún más.

Del mismo modo, también puede usarse el tono de voz como arma para someter. En este caso no se trata tanto de lo que se dice, sino de cómo se dice. Una misma frase, dicha con un tono más aterciopelado y/o más duro, puede obrar efectos importantes en la actitud de una sumisa: excitarla, asustarla, ponerla en guardia… o todo a la vez. Si se acompaña la voz de algún gesto complementario –tirar del pelo hacia atrás, caricias, etc.- adecuado a la situación, el resultado puede ser explosivo.

En cuanto a lo que se dice, hay que tener en cuenta que, por ejemplo, un insulto dicho a destiempo puede dar al traste con una sesión bien llevada hasta ese momento. Sin embargo, dicho en el momento justo y con el tono y/o gestos adecuados, puede tener el efecto deseado sobre la sumisa.

Espero que este artículo, redactado a partir de mi propia experiencia personal, os sirva para desarrollar vuestras propias técnicas de dominación y, en todo caso, para divertiros más y mejor con vuestros juegos bdsm.

Hellcat
Barcelona
12 de abril de 2006

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Artículos sobre BDSM: Fauna

Después de estar algún tiempo en el mundo BDSM, aún me siguen sorprendiendo ciertas actitudes, digamos prepotentes o chulescas, que pretenden pasar por “dominantes”.

La verdad es que el tema que os voy a exponer a continuación no tiene tanto que ver con el BDSM como con el comportamiento y la actitud de la gente, independientemente de a qué se dedique o qué haga con su vida. Sin embargo, me ha parecido interesante plasmarlo en el blog para que, en caso de que os encontréis ante una situación similar, tengáis alguna referencia.

Como bien sabéis, tanto satin como yo nos movemos no sólo por el mundo BDSM, sino también por el mundo Swinger o de intercambio de parejas. Además, existe la posibilidad de que satin pueda ser alquilada. Debido a esto, solemos mantener correspondencia, via e-mail o foros de contactos, con diversas personas que se interesan por satin. Generalmente es ella la que atiende las peticiones, consultándome qué debe contestar. Si todo va bien, después soy yo quien continúa las conversaciones para fijar los términos en los que se producirá el encuentro.

Normalmente el tono de la conversación es correcto y respetuoso, como debe ser. Pero de vez en cuando nos encontramos con cierta fauna que no se atiene a lo que yo considero ciertas normas básicas de caballerosidad y buenas maneras. Y digo caballerosidad porque siempre han sido hombres, nunca mujeres, los que han “dado la nota”.

He aquí varios casos típicos de la fauna a la que me refiero:

 

1) El ginecólogo. Es aquel que en el primer mensaje ya nos hace una descripción pormenorizada de lo que piensa hacer con satin, no obviando ningún detalle, por escatológico o desagradable que sea. Normalmente suele ser gente que acaba de leer el perfil de satin en el foro de contactos (no aparece con este nombre, sino con otro) lo que les ha provocado un repentino aumento de la temperatura corporal que les sofríe los sesos y les impide pensar con claridad.

 

2) El “disimulao”. Aquel que emplea un tono general respetuoso, aunque de vez en cuando se dirige a satin como “perra”, “puta”, etc. o en general se expresa o mantiene una actitud inapropiada hacia ella. Siempre he considerado una gran falta de respeto tratar a una sumisa como si fuera propia, sobre todo sabiendo que ya tiene Dueño. Y está claro que expresiones de ese tipo sólo pueden usarse con sumisas propias, nunca ajenas. Esta gente basa su juego en que no sabemos si es que son así de irrespetuosos siempre o si en ese momento estaban adoptando un rol dominante. De este modo, al llamarles la atención, pueden excusarse diciendo “es que estaba en el rol dominante”. Lo siento, pero no cuela.

 

3) El sorprendido. Es aquel que cree que está escribiendo a una chica tímida, inocente, incapaz de pensar por sí misma y que va a depender totalmente de él. De esta forma, puede sentirse superior. Y claro, se encuentra con satin. Tras la sorpresa inicial, su frase más repetida es del tipo “Por tu forma de contestar, veo que no eres una buena sumisa”. ¿Y quién es él para decidir si mi sumisa es buena o mala? ¿Quién es él para ir repartiendo carnés de buena o mala sumisa? Sobre todo de alguien a quien sólo conoce por un par de comentarios o correos electrónicos. Por esa regla de tres yo puedo decir que él es un mal dominante, ¿no? Total, tampoco le conozco de nada así que el comentario es totalmente gratuito.

 

4) El borde. Se trata de gente que, al referirse a su propia sumisa, lo hace en un tono irrespetuoso. Esto me hace pensar: “si se comporta así con su propia sumisa, ¿cómo se comportará con la mía?”.

 

5) El “Estocolmo”. El que cree, sin conocerte de nada, que te identificas con él o que eres igual que él. Naturalmente, tarde o temprano hay que dejarle claro que no es así.

 

6) El ciego. Es aquel que no ha querido leer en el perfil del foro de contactos que satin ya tiene Dueño (y mira que está bien clarito) o que sí lo ha leído pero piensa que yo soy gilipollas y él es muy listo. Cuando descubre que el gilipollas ha sido él por pensar que algo así iba a colar, sufre una metamorfosis que le suele transformar en un personaje normal y respetuoso (aunque ya se le ha visto el plumero). Sin embargo, no puede descartarse que la transformación desemboque en un personaje del tipo 7. En fin, de todo ha de haber...

 

7) El psicópata. Es aquel sujeto que, perteneciendo a cualquiera de los tipos anteriores, se pone hecho un energúmeno cuando lo descubres. Realmente desagradable.

 

8) El plato combinado. Lógicamente, existen variantes que son mezcla de los anteriores casos. Por ejemplo, el caso 2 hace buenas migas con los casos del 1 al 6 aunque siente predilección por el 3 y el 4. El caso 5 puede combinarse con los casos 1, 2 y 4… En fin, las variantes pueden ser muchas.

 

Si se os ocurre algún caso que conozcáis y que no hayáis visto en este artículo, no dudéis en escribir un comentario. También se admiten combinaciones de casos ;).

 

Hellcat

Barcelona

2 de febrero de 2006
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