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Master Hellcat

El otro día... al límite

Mi Amo aún está durmiendo y a mí las sábanas no me han podido retener más en la cama.

Hace un día parcialmente nublado dándole al cielo el toque que daría un pintor en sus lienzos y el viento hace bailar las hojas de los árboles.

Viendo este espectáculo desde la ventana de mi casa con unas bonitas vistas de Barcelona, me he acordado del otro día.

Siempre que tengo una sesión con mi Amo le digo que me tiene que llevar más al límite, que quiero que me dé más de un estímulo a la vez que al final me haga no pensar, que sea más duro conmigo...  y el otro día entendí por qué habitualmente no lo hace y pude comprobar también que Él me conoce mucho mejor a mí que yo a mí misma.

El otro día hizo lo que le había pedido tantas veces. Me pilló de sorpresa como en tantas otras ocasiones, y sabe que ésto a mí me pone a mil por hora. Encendidos los motores ya estábamos inmersos en nuestros roles. Un montón de estímulos me llegaban a la vez y sin parar hasta que llegó un momento en que no podía procesar nada: estímulos dolorosos en varias zonas de mi cuerpo a la vez y más intensos que en otras ocasiones, humillaciones físicas y verbales constantes, una dureza que no decaía ante mi llanto y mis súplicas.... y llegué a mi límite. Me colapsé. No podía pensar. Perdí el protocolo tuteándole siendo incapaz de llamarle de usted y era incapaz de seguir cumpliendo sus órdenes.

Tenemos un código de colores para nuestros juegos: amarillo implica que se tiene que bajar un poco la intensidad de los juegos y rojo que se tienen que parar. Nunca lo he tenido que utilizar con mi Amo y el otro día.... tampoco. Él mejor que yo supo que en ese momento teníamos que parar el juego, aunque yo quería continuar, para que no se convirtiera en una situación demasiado comprometida para mí. Al no haber cumplido todas sus órdenes me castigó dándome una tarea que tenía que cumplir cuando mi nariz estuviera destapada, ya que de tanto llanto la tenía totalmente llena de mocos y de esta manera me daba tiempo también a recomponerme.

Me sentí muy triste y avergonzada por no haber complacido al 100% a mi Amo y ésto, en el momento, aún me hizo llorar más. Pero ahí estaba Él tan dulce y comprensivo dándome mimos y diciéndome que estaba orgulloso de mí y que no me tenía que avergonzarme ni entristecerme (aunque a la vez me recordaba que tenía un castigo pendiente). Después me sentí feliz de saber que tengo a alguien a mi lado que me conoce tan y tan bien y que me hace crecer no sólo en el mundo BDSM sino en el mundo en general.

Y por supuesto que antes de irnos a dormir ese día cumplí mi castigo dejándole relajado y complacido.

GRACIAS de nuevo y siempre estaré a sus pies dispuesta a todo lo que me pida.

malaika

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