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Master Hellcat

Experiencias

Domingo casero

Por primera vez desde hace varias semanas hemos tenido un domingo para nosotros. Entre eso y que el sábado malaika me había picado (evidentemente, con toda la intención), decidí aprovechar el día.

Al levantarme de la cama, la encontré en la cocina, haciendo faena. Llevaba un vestido rojo de estar por casa y, aprovechando que cuando está por casa no lleva ropa interior, tras darle los buenos días me puse detrás de ella y aprisióne con mis manos sus pechos, masajeándolos con firmeza mientras le besaba el cuello y los hombros. Ella dejó de hacer lo que estaba haciendo y se concentró en mis caricias mientras comenzó a gemir.

Al cabo de unos momentos le bajé el vestido, desnudándola y le dije que se arrodillara. Ya sabía lo que tenía que hacer. Tras gozar de su boca le dije que se pusiera a cuatro patas y, cogiéndola del pelo tiré de ella hasta el salón. Alli la deje sin más. Yo me senté en el sofá y, tras haberme acomodado le ordené que fuera a buscar el collar y se lo pusiera. Al volver, ya con el collar en su cuello, le ordené que se arrodillara. la dejé así durante unos segundos, tras los cuales le dije que fuera a buscar la caña. Cuando hizo ademán de levantarse le ordené que fuera a cuatro patas. Al volver se puso de nuevo de rodillas, pero sujetaba la caña con una mano. Le dije que la sujetara con los dientes y así lo hizo. La dejé así durante un rato más hasta que decidí levantarme y, tomando la caña de entre sus dientes, comencé a azotarla. Sin prisas, deleitándome con sus quejidos. Por supuesto, no perdí la oportunidad de volver a gozar de la lengua y los labios de malaika mientras seguía azotándola en las nalgas con la caña. Después, le ordené que se pusiera a cuatro patas en la cama y me esperara allí. Fui a buscar la pala de madera (mango largo y cabeza aplanada), comprada hace ya un tiempo en un puesto ambulante que vendía utensilios de cocina de madera. Al ir a la habitación, malaika ya estaba en posición. Dejé la pala sobre la cama, delante de ella, para que pudiera ver con qué objeto iba a ser azotada a continuación y fuera consciente de cuánto le iba a doler. Por los sonidos que hizo, entendí que mi acto había hecho su efecto. A continuación cogí la pala y comencé a azotarla en las nalgas. De vez en cuando volvía a la caña y aprovechaba para azotar sus pezones, extremadamente sensibles, con lo que su sufrimiento se multiplicaba. Cuando me cansé de azotarla, la penetré y la poseí. Mientras lo hacía le anuncié mi decisión: ella no tendría orgasmo. Y así fue. Cuando tuve el mío le dije que quizá por la tarde le permitiría tener uno. Y nos quedamos un rato abrazados mientras le daba unos mimitos bien ganados ^^. Sin embargo, tenerla allí desnuda, piel con piel, hizo que me dieran ganas de poseerla de nuevo, y así lo hice. Por supuesto manteniendo la promesa de que no tendría un orgasmo en ese momento.

Durante la comida y a primera hora de la tarde malaika llevó su collar en todo momento. De vez en cuando, con el objetivo de mantener alta su líbido, yo le masejaba los pechos y los pezones sin previo aviso, con el resultado que podéis imaginar. A media tarde ambos estábamos en el sofá sentados. De pronto ella dejó su ordenador sobre la mesa y se acomodó en el sofá. Le pregunté si iba a dormir y me dijo que lo intentaría. Le dije que no podría ser y que ya podía ir a buscar cuatro cuerdas y el Magic Wand. Cuando volvió le dije que se desnudara, que despejara la mesa y que se tumbara de espaldas sobre ella (ya he escrito en este blog sobre la mesa, incluso podéis ver una foto). Até sus muñecas y sus rodillas para mantener su piernas separadas y me dediqué durante un buen rato a alternar periodos de masturbación con el vibrador Magic Wand (si no sabéis lo que es, no sabéis lo que os perdéis) con períodos en los que la dejaba relajarse. La tensión física y emocional a la que la tenía sometida era grande, pues ponía el vibrador a la máxima velocidad. Ella acababa deciendo con la voz entrecortada y medio gritando que si seguía así acabaria teniendo un orgasmo. Yo insistía durante unos segundos más y, cuando detectaba que su excitación era máxima y que efectivamente estaba a punto de llegar al clímax, retiraba el vibrador, con la consiguiente frustración de malaika, que no podía aliviar su tensión. Y así la tuve durante un rato hasta que me apiadé de ella, la desaté y la envié a la cama de nuevo, otra vez a cuatro patas. Mientras la penetraba le dije que ahora sí podía tener su orgasmo. Después de haber estado excitada todo el día y la tortura a la que la había sometido durante la tarde, ya os podéis hacer una idea de cómo fueron sus orgasmos, pues tuvo dos ;).

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La sumisa desaparecida

Como ya sabéis, tanto a malaika como a mí nos gusta compartir nuestros juegos. Por eso empleo parte de mi tiempo en contactar con mujeres sumisas o switch que deseen unirse a nosotros. No somos especialmente quisquillosos. No nos importa ni la experiencia ni el físico, y mi abanico de búsqueda es bastante amplio, entre 18 y 45 años, aunque ni siquiera esta normal es inamovible. Aun así, soy consciente de que no es una tarea fácil. De hecho, en el 99% de las ocasiones mis mensajes no obtienen respuesta. Sin embargo, el restante 1% sí cae en tierra fértil y es posible entablar una conversación. A veces no conseguimos llegar a un acuerdo -ya sea por una incompatibilidad absoluta en los horarios o por diferencias en lo que cada cual busca y necesita-, pero de vez en cuando -fijaos que ya estamos hablando de un porcentaje inferior al 1%-, la vida nos depara una agradable sorpresa y encontramos a una chica con la que es posible mantener un diálogo fluido, sin tabúes, con sentido del humor. Normalmente a lo largo de nuestras conversaciones me pregunta dudas sobre la naturaleza del BDSM -qué es, qué no es-, sobre las relaciones entre Amo y sumisa, sobre los juegos, el placer, el dolor, sobre videos que ha visto en internet –qué es real y qué es una fantasía-, etc. Si nunca ha estado con otra mujer, aunque siente curiosidad sobre ello, también me pregunta cómo haré para incluir dos sumisas en un mismo juego. Yo intento responder lo mejor que sé, en función de mi forma de entender el BDSM, y le pregunto qué espera de mí y qué necesita para que la experiencia real de someterse a mí sea totalmente satisfactoria. Poco a poco la confianza va creciendo y llega un momento en el que los temas propios del BDSM se mezclan con información más personal – nuestros nombres reales, aspecto físico, de dónde somos, en qué trabajamos, si ella está casada, cómo nos conocimos malaika y yo, anécdotas de nuestras vidas, etc. Lo cierto es que esta información no es en absoluto superflua. Creo que es imprescindible alcanzar un grado de conocimiento mutuo que vaya más allá del BDSM por dos razones. La primera es de carácter práctico. Por ejemplo, si está casada o vive en pareja, si tiene un horario laboral estricto o trabaja los fines de semana, son situaciones en las que será más difícil encontrar el momento para poder jugar. Si vive en una zona alejada de Barcelona, también hay que tenerlo en cuenta. Lo mismo si tiene algún tipo de carga familiar. Etcétera. La segunda razón está más relacionada con los juegos. A mayor conocimiento mutuo mayor empatía y, a mayor empatía, más satisfactorios serán los juegos para ambas partes. De hecho, ciertos juegos sólo pueden llevarse a cabo si hay empatía entre las sumisas.

Pues bien, hace varias semanas contactamos con una chica con la que empatizamos casi desde el principio. Simpática, divertida, sin experiencia en el BDSM, pero con muchas ganas de aprender y experimentar. Nos enviamos de 3 a 4 extensos correos –nunca escatimo tiempo ni recursos cuando escribo un correo a una sumisa- por semana durante unas tres semanas en los que todos pusimos de nuestra parte para conocerlos lo mejor posible con la intención –declarada de forma explícita por ambas partes- de quedar lo antes posible para charlar cara a cara y, si todo iba como esperábamos –no había razón para pensar lo contrario-, acabar jugando los tres en otra ocasión. Ella vivía en pareja así que si bien éramos conscientes de que no iba a ser fácil encontrar el momento, creo que todos estábamos seguros de que llegaría tarde o temprano.

Al cabo de esas tres semanas ella enmudeció, pero no nos preocupó. Ya habíamos comentado que si en algún momento alguna de las partes no era capaz de mantener la regularidad en los correos debido al trabajo o a otras circunstancias, no sería un problema. Efectivamente, recibimos un correo al cabo de una semana en el que se disculpaba por no haber podido escribir. Nos comentaba que no había escrito hasta ese momento porque estaba muy atareada y no quería escribir el correo deprisa y corriendo, pero que al ver que el exceso de trabajo se iba a prolongar durante los próximos días nos escribía ese correo para dar señales de vida y que no pensáramos que había perdido es interés. Todo lo contrario, reiteraba su intención de seguir manteniendo la relación e ir más allá. Le contesté que no pasaba nada y continué hablando de BDSM y también de temas particulares tal y como veníamos haciendo de forma habitual.

Han pasado tres semanas desde entonces y no hemos vuelto a saber nada más de ella. Ayer le escribí lo siguiente: "Hace mucho que no sabemos de ti. Esperamos que todo vaya bien y que sólo sea debido a trabajo y a nada más". Me sorprendió que me rebotara el correo. No se especificaba a qué era debido, así que volví a probar con el mismo resultado. Entonces se me ocurrió introducir su dirección de correo en una de esas páginas web que permiten comprobar su validez y… la dirección de correo ya no existe!!!

¿Lo he soñado? Va ser que no. Ahí están sus correos, en mi bandeja de entrada, como prueba de que existió. ¿Fue una broma pesada? Es posible, pero tengo una muy, muy, muy dilatada experiencia en internet y si hubiera sido el caso, tarde o temprano lo hubiera descubierto –tal como hago casi cada día en el chat. ¿Se arrepintió? También es posible, aunque nada indicaba que pudiera pasar. ¿Su pareja la descubrió y le obligó a cortar la comunicación e incluso a borrar la dirección de correo? No podemos descartarlo. ¿Fue abducida por extraterrestres? Quién sabe.

No voy a decir que todo esto fue una pérdida de tiempo porque no lo creo. Esas tres semanas de correos fueron muy estimulantes y nos permitió conocer a una persona que podría haber sido especial para nosotros. Además, dar respuesta a sus preguntas me permitió ahondar en mis pensamientos y mi forma de entender el BDSM. Lástima que todo acabó antes de haber podido llegar más lejos. En todo caso, seguiremos buscando.

¿Qué pensáis vosotros de todo esto?

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Conspiraciones IV

En realidad no sé por qué lo sigo titulando “Conspiraciones”, ya que a estas alturas los cuatro sabemos qué puede ocurrir.

En esta ocasión (el fin de semana pasado) reservamos un bungalow en un camping situado en Andorra. Durante la noche del viernes al sábado, jugamos al Uno. Pero con unas cuantas reglas adicionales marca de la casa:

1º. Si W o yo ganábamos, tanto malaika como evangelin debían quitarse una prenda.

2º. Si ganaba una de ellas, la otra debía quitarse una prenda.

3º. Si cualquiera de las dos decía las palabras “sí”, “no” o “dos”, recibiría un azote por cada palabra prohibida que dijera.

Con malaika y evangelin ya completamente desnudas, y habiendo recibido unos cuantos azotes durante la velada, decidimos seguir jugando. Cada vez que perdieran (o la que perdiera de las dos), debería pasar una prueba. La primera prueba que establecimos fue que, si W o yo ganábamos, ellas serían sobadas, magreadas, acariciadas (llamadlo como queráis) por el Amo de la otra. Si ganaba una de ellas, la humillación debería sufrirla la otra en solitario. Se dio el primer caso, por lo que, según lo establecido entre los Amos, tocaba que yo me dedicara al cuerpo de evangelin mientras W se dedicaba al cuerpo de malaika. Sin embargo, evangelin se negó a entrar en el juego, por lo que cambiamos ligeramente los planes. Le ordené a malaika que se levantara, pero ella, viéndose sola ante tal situación, comenzó a dudar. Como la conozco bien, sabía que lo que le hacía falta era un pequeño empujoncito para que entrara en el juego. Así que me levanté, me puse tras ella y comencé a retirarle la silla para obligarla a levantarse. Una vez de pie, recordé lo excitada que se puso la última vez cuando en una situación similar, inmovilicé sus brazos a la espalda. Así que me puse detrás de ella, con mi cuerpo pegado al suyo desnudo y trabé sus brazos con los míos, obligándola a exponerse ante W. No perdiendo la oportunidad, W se dedicó principalmente a sus pechos, acariciándolos, pero también azotándolos. Los gemidos y gritos de malaika no sólo daban fe de su dolor, sino también de su excitación, que aumentaron cuando también su sexo fue incluido. Así fue como los cuatro decidimos retirarnos por aquella noche, aunque no a dormir, claro está ;).

La noche del sábado al domingo, repetimos con el Uno. De nuevo malaika y evangelin acabaron completamente desnudas. Esta vez decidimos aplicar una nueva regla. Cada vez que W o yo ganáramos, malaika y evangelin recibirían 5 azotes cada una. Si la que ganaba era una de ellas, los azotes los recibiría la otra. La peor parte se la llevó malaika, debido a que evangelin ganó varias partidas. Al cabo de un rato decidimos retirarnos, aunque, de nuevo cada cual con su respectiva pareja, los juegos continuaron un rato más. 

El domingo por la mañana W nos despertó preguntándonos si nos apetecía que evangelin jugara con malaika. Asentimos y al cabo de un momento W apareció guiando a su sumisa, que tenía los ojos tapados. Primero fue evangelin quien dio placer son su lengua a malaika mientras W penetraba a su sumisa. Después se intercambiaron los papeles y fue malaika quien debió aplicarse para dar placer a su sumiamiga. El siguiente “asalto” consistió en un 69 entre ambas. Y, finalmente, cada cual se dedicó a disfrutar de su propia sumisa.

Con todo ello, llegó la hora de marchar, con el tiempo justo para recoger los bártulos y dejar el camping.

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Prueba de docilidad

Estos días, malaika se está sometiendo a una prueba. Las reglas son las siguientes:

1. Por la mañana, antes de comer, malaika tiene el derecho a masturbarse y tener un orgasmo. Yo no intervengo.

2. Malaika tiene el derecho a renunciar a su orgasmo matutino, pero ya no podrá tener otro hasta el día siguiente.

3. Me serviré de ella cuando yo desee y de la forma que desee a lo largo del día. Ella no tendrá derecho a orgasmo.

Aunque puedo usarla cuando me plazca, lo hago siempre por la tarde. Si lo hiciera por la mañana, ella podría masturbarse después de haber sido usada, con lo que el punto 3 ya no se cumpliría.

Para ella, masturbarse sin que su Amo intervenga no es un placer completo. Le gusta estar conmigo. Le gusta que participe de sus orgasmos. Y, por supuesto, cuando la uso para mi propio placer, llega un momento en que ella necesita desesperadamente un orgasmo. Pero sabe que en ese momento no lo va a tener. Que tendrá que esperar al día siguiente. Y eso la desespera.

¿Por qué hago esto? Pues porque la tendencia natural de malaika cuando no puede satisfacer sus instintos es la de suplicar que le permita tener un orgasmo. Me lo pide de mil formas distintas, me lo suplica, desesperada, entre gemidos. Por otro lado, cuando estamos cada cual a sus asuntos y de repente le indico que se prepare porque voy a usarla y a ella no le apetece, suelo obtener algún gesto o palabra en el sentido de "jo, ¿ahora?". Nunca son negativas, pero sí protestas. Lo que busco con esta prueba es que acepte sin reservas su entrega física. No hay mérito en entregarse físicamente cuando está excitada, sino en hacerlo cuando no lo está. Simplemente sabiendo que así debe ser porque su misión es servirme cuando yo quiera y como yo quiera. Los primeros días han sido más difíciles, pero parece que poco a poco empieza a entender cómo funciona esto. Veremos qué ocurre.

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Conspiraciones III

Este fin de semana W, evangelin, malaika y yo nos fuimos a una casita rural situada en un pequeño pueblo medieval totalmente amurallado en la provincia de LLeida. Para que os hagáis una idea, el pueblo consta de 17 casas, 12 de las cuales están integradas en la muralla y las otras cinco son interiores.

Para comenzar diré que, si bien es cierto que W y yo planeamos lo que queríamos que pasara (y que acabó pasando), tampoco esperábamos que fuera a suceder. Ambos éramos conscientes de que llegaríamos hasta allí donde pudiéramos. Si la última vez que jugamos juntos (podéis leer lo acontecido en el relato “Conspiraciones (II)”) llegamos al primer nivel, esta vez hemos alcanzado el nivel máximo saltándonos todos los intermedios que pudiera haber.

El jueves por la tarde nos reunimos W y yo para comenzar a planificar el finde en cuanto a BDSM se refiere. Por supuesto, todo lo demás (comida, compra, etc.) quedaba al cargo de evangelin y malaika, que para eso están (bueno, para eso y para otras cosas xd). No os contaré ahora todo lo que hablamos para no adelantar acontecimientos.

El viernes por la tarde, W y evangelin pasaron a recogernos en su coche. Salir de casa con la fusta y el látigo de doma en la mano fue toda una experiencia para malaika. Pero no porque los llevara ella, sino precisamente porque los llevaba yo y no me molestaba en ocultarlos. Total, ¿quién va a asociar una fusta y un látigo de doma con el BDSM? Como yo le decía a malaika, quizá nos íbamos un finde a montar a caballo (en realidad íbamos a practicar la doma de yeguas xd) y en todo caso, a nadie le importa.

Al llegar a la casa nos instalamos y, mientras malaika y evangelin preparaban la cena, W y yo dábamos la forma definitiva a los planes. Antes de seguir debo volver a explicar que la relación que nos une es muy estrecha. La relación de amistad entre W, evangelin y malaika se remonta a varios años atrás. Yo entré en el grupo cuando conocí a malaika. La diferencia es que malaika y yo comenzamos nuestra relación como Amo y sumisa, relación que luego derivó en una más profunda que, como ya sabéis acabó en boda (ais… qué bonita historia de amor acabo de contar…). En cambio, W y evangelin, como también he explicado en entradas anteriores, comenzaron su andadura BDSM hace relativamente poco tiempo. La empatía que hay entre todos hace que los juegos tomen un carácter especial. Para comprender el alcance de todo lo que os voy a explicar podéis tratar de imaginar, a lo largo de todo el relato, cuál sería vuestra reacción si os ocurriera algo parecido con alguien al que os une una amistad cercana.

Durante la cena del viernes, malaika y evangelin se sentaron una al lado de la otra, mientras que W se sentaba frente a malaika y yo frente a evangelin. Ellas comenzaron la cena con sus respectivos collares y esposadas (mano izquierda de malaika a mano derecha de evangelin). De vez en cuando les pedíamos que nos pasaran cualquier cosa que estuviera lo suficientemente alejada (el salero, pan, etc.) de forma que tuvieran que coordinarse para poder cumplir la orden. También les fuimos pidiendo que se fueran desabrochando la blusa: un botón ahora, otro luego… y sí, al final se quedaron no solo sin blusa, sino también sin pantalones, con lo que acabaron cenando en ropa interior.

Mientras ellas recogían y fregaban, nosotros bajamos al salón para preparar la velada. Desplegamos el material y preparamos el juego al que jugamos la última vez (ver el relato “Conspiraciones (II)”). Las reglas eran las mismas. Así transcurrió gran parte de la velada, hasta que decidimos hacer un descanso. En un sofá estaban W y evangelin y en otro malaika y yo. El juego había conseguido su propósito y, entre juegos, bromas y carícias, W y yo conseguimos que nuestras respectivas sumisas se quedaran primero en top-less y, más tarde, desnudas. Lógicamente, el proceso no fue ni breve ni sencillo. Nos costó muchas palabras y caricias conseguirlo… y más palabras y más caricias para que empezaran a vencer la vergüenza al saberse desnudas delante de la otra pareja. Pero las caricias llevaron a más y, finalmente, cada uno en su sofá y con su respectiva pareja, acabamos manteniendo relaciones sexuales a plena vista de los otros.

El sábado nos dedicamos a hacer turismo por la zona, aunque no faltaron las oportunidades para comentar lo sucedido la noche anterior, yo con W y, por su lado, malaika y evangelin. Por la noche, de nuevo las sumisas fueron las encargadas de preparar y servir la cena, que transcurrió sin novedad. Después, jugamos al strip-parchís. Las reglas son muy sencillas:

 - Si un Amo come la ficha de una sumisa, la sumisa paga prenda. 

- Si una sumisa come la ficha de una sumisa o de un Amo, la otra sumisa paga prenda.

- Si un Amo lleva una ficha hasta la casilla de meta, ambas sumisas pagan prenda.

- Si una sumisa ya está completamente desnuda y ha de pagar prenda, recibe un castigo.

- En principio, las sumisas están obligadas a comer. Pero una sumisa puede negarse a hacerlo y, a cambio, sufrir un castigo. 

Podéis decir: “pero hombre, entonces en este juego las sumisas siempre pierden y pase lo que pase, acaban desnudas”. Vaya, no me digas. Ni se nos había pasado por la cabeza…

Las prendas que llevaba cada sumisa eran: blusa, pantalón, dos calcetines, dos zapatos, sostén, braguitas y reloj/anillo (una llevaba un reloj de pulsera y la otra un anillo, pero decidimos que contaban como equivalentes). Y no creáis que por haber acabado desnudas el día anterior iban a pasar menos vergüenza este. Al contrario: desnudas como estaban, hacían lo imposible por taparse, lo que hacía el juego más excitante.

Ya desnudas fuimos al salón. Como hacía frío, les permitimos ponerse una chaqueta por encima. Justo antes de entrar les tapamos los ojos. Después las sentamos, cada una en un sofá y les atamos las manos a la espalda. Después les explicamos que nosotros saldríamos un momento para hablar de unas cosas y que ellas se quedarían allí sentadas sin poder hablar. Pusimos la tele, abrimos la puerta, esperamos un par de segundos y la volvimos a cerrar… pero no salimos. Nos quedamos allí, de pie, mirándolas, esperando por si a alguna se le ocurría desobedecer nuestras órdenes mientras el sonido de la tele enmascaraba cualquier otro que nosotros pudiéramos hacer por accidente. Pero ellas no desobedecieron. Permanecieron allí, sentadas y en silencio, sumidas en sus pensamientos. Finalmente, simulamos nuestra entrada y pasamos a la siguiente fase.

La idea era probar una teoría que a W le rondaba la cabeza: que evangelin tiene una vertiente dominante que W deseaba explorar. Para ello, la idea era que, con los ojos vendados, desnudaríamos a evangelin (recordad que ambas llevaban chaquetas), la vestiríamos con un corsé y la sentaríamos en el sofá. Luego desnudaríamos a malaika, la podríamos a 4 patas sobre el sofá con las manos atadas delante y se la ofreceríamos a evangelin. Si embargo los nervios jugaron malas pasadas. Primero malaika se negó a quitarse la chaqueta. Hicieron falta varios minutos de Master Hellcat en estado puro para conseguirlo. Y no me refiero a amenazarla (para eso no hace falta ser Amo), sino a convencerla. ¿Acaso la victoria a través de la convicción y la entrega no es mucho más dulce que la victoria a través del miedo? Siempre. 

Cuando malaika estuvo preparada y, os lo puedo asegurar, muy excitada, le quitamos la venda de los ojos a evangelin y le explicamos lo que queríamos que hiciera. También se negó. Las circunstancias eran las que eran y probablemente W y yo no planteamos el juego del mejor modo (mal Amo es aquel que echa siempre la culpa sobre la sumisa sin analizar si sus propias acciones fueron correctas). Sea como fuere, ella se negó (es su derecho, ya que para nosotros esto es un juego y nada más que eso) y suspendimos momentáneamente la sesión hasta que ambos volvieron al salón tras haber hablado del tema. Ah, pero no creáis que todo acabó ahí, ni mucho menos. De nuevo las palabras y las caricias hicieron mella en la resistencia natural de evangelin y malaika y el día acabó igual que había acabado el anterior. 

Y llegó el domingo. A eso de las 11 de la mañana, recibimos un mensaje: W venía a nuestra habitación y sería conveniente que malaika se pusiera su collar. W llamó a la puerta y me pidió que saliera un momento. Me dijo que evangelin estaba en la habitación, preparada según uno de los juegos que habíamos planificado previamente para la noche del sábado y que podíamos subir cuando quisiéramos. Le comenté que subiríamos enseguida.

Entré en la habitación y le dije a malaika que íbamos a subir. Yo iba vestido con chándal, igual que W. Malaika iba desnuda. Justo antes de llegar a la habitación le vendé los ojos. Cuando entramos, vi que evangelin estaba tumbada sobre la cama, a lo ancho, tapada con el edredón. Los brazos y las piernas quedaban fuera y estaba sujetos por cuerdas (una para los brazos y una para cada tobillo). W destapó a evangelin, que estaba completamente desnuda y también con los ojos vendados. Cuando quitamos la venda a malaika, casi no se lo podía creer. Su primera reacción fue la de echarse atrás, pero yo la conozco y sabía perfectamente que el morbo era mucho más fuerte que la vergüenza. Para acabar de derribar cualquier resistencia hice algo que estaba seguro que la excitaría: ofrecí a W acariciar los pechos de malaika mientras yo sujetaba sus brazos a su espalda de forma que sus hombros quedaran hacia atrás y sus pechos expuestos. Como yo imaginaba (más tarde me lo confirmó ella misma) aquello la excito mucho y, evidentemente, W no perdió la oportunidad de acariciar, por primera vez, los pechos de aquella chica que conoció hace ya tantos años.

Lo que siguió a continuación ya os lo podéis imaginar: W y yo acariciándolas, sexo oral entre ellas (la primera vez para evangelin con una chica) incluyendo un muy excitante 69, sexo oral de ellas a nosotros y, finalmente… intercambio de parejas.

Me consta que malaika disfrutó mucho del señor W… aunque ya en el momento pude constatarlo a juzgar por sus gemidos (pero qué jaleosa es mi zorrilla xd). En cuanto a mí, sólo puedo decir que espero que evangelin disfrutara tanto conmigo como yo disfruté con ella: gracias guapa ;).

Gracias a los tres por un fin de semana genial!!!

Hellcat

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Correctivo

Aunque haga tiempo que no jugamos en el sentido estricto de la expresión, creo haber comentado alguna vez que nuestra condición como Amo y sumisa está siempre presente durante nuestras relaciones sexuales. Es inevitable que cuando mantenemos relaciones salgan a relucir nuestros roles: nuestro lenguaje corporal se ajusta a nuestros roles, ella me habla de usted, etc. Por lo tanto, aunque no juguemos –en el sentido de mantener una sesión- nunca dejamos de ser quienes somos.

Sin embargo cuando estamos un tiempo sin jugar, malaika tiene cierta tendencia a mostrarse impertinente. Tendencia que se agudiza cuanto mayor es el tiempo que ha pasado desde la última sesión. No sé si esto es algo que también os pasa a vosotros, dominantes, con vuestras sumisas/os. Pero desde luego, tengo cada vez más claro que malaika necesita de vez en cuando que la pongan en su sitio.

Ayer, la impertinencia rayó lo inaceptable, tras “recordarme”, mientras realizaba tareas del hogar, que hacía unas horas se había insinuado y yo no le había hecho caso. Su impertinencia fue subiendo de tono hasta que se me agotó la paciencia y decidí aplicarle un correctivo.

Sin salir de la cocina, donde había tenido lugar la conversación, abusé de sus pechos tras desnudar su torso. Después la llevé hasta la habitación donde seguí magreando su cuerpo y acabé de desnudarla. La llevé hasta la cama y la empujé. Ella, erróneamente, entendió que quería que se pusiera a cuatro patas y, antes de poder sacarla de su error, aún tuvo oportunidad de seguir en su línea rebelde “claro, ahora hacemos uno rápido a cuatro patas y ya está, ¿no?”. Lógicamente, este último comentario, hecho a la ligera, fue la gota que colmó el vaso. ¡Qué atrevimiento! ¿Acaso pretendía saber qué era lo que yo estaba pensando? ¿Qué era aquello? ¿El mundo al revés?

No recuerdo exactamente cuáles fueron mis palabras, pero recuerdo que incluyeron la palabra “puta” y le dije que quería que se tumbara boca abajo. Ella obedeció mientras yo salía de la habitación para buscar el material que necesitaba: tres cuerdas, las esposas, nuestra última adquisición. Para que os hagáis una idea, imaginad un pedazo de cinturón de piel de unos treinta centímetro de longitud. Aunque el objeto en cuestión no ha sido obtenido de ningún cinturón, sino que fue manufacturado ya directamente tal y como es. Por cierto, fue idea de malaika el adquirirlo… y además lo consiguió en el último sitio que os podríais imaginar.

Tras ponerle las esposas usé una cuerda para atar sus codos. Con las otras dos cuerdas, trabé sus tobillos y sus rodillas. Después me apliqué durante un buen rato a azotar sus nalgas con el cinturón alternando golpes más fuertes con pequeñas azotainas que, al estar sus nalgas ya rojas y doloridas, arrancaban de malaika gritos, lágrimas y súplicas. No me ablandé ante su sufrimiento. Todo lo contrario: necesitaba una severa lección y eso es lo que obtuvo.

Después de desatarla y quitarle las esposas, le separé las piernas y, estando ella aún boca abajo, la penetré. No me sorprendió notar que estaba muy mojada y, evidentemente, no perdí la oportunidad de comentárselo, asegurándome que mis palabras fueran lo más humillantes posible. No estuve mucho tiempo así. Al cabo de poco rato le ordené que se diera la vuelta y que separara las piernas y continué poseyéndola mientras le recordaba lo puta que era por permitir que me la follara de esa forma después de haberla azotado como lo había hecho.

Pero sabía que aún podía humillarla más y a ello me apliqué: le expliqué que a continuación usaría su boca para darme placer y que después ella se pondría arriba clavándose en mi miembro. Su reacción fue tal y como la imaginaba: chuparme era humillante, pero tenía un pase, pero ponerse ella arriba… eso ya era otra cosa. Llegados a este punto creo que el asunto merece una explicación. Cuando conocí a malaika, me dijo que nunca había mantenido relaciones situándose ella encima. Tenía miedo a quedarse bloqueada por no saber qué hacer o cómo moverse. Esta actitud, que no dejaba de ser consecuente con su forma de ser pasiva-sumisa, me sirvió para demostrarle que, como mujer y como sumisa, ella sería capaz de hacer cualquier cosa que se propusiera. Con paciencia conseguí que no sólo fuera perdiendo el miedo a ponerse ella encima, sino que además, es una de las posturas que más disfruta.

Sin embargo, en las circunstancias que nos ocupan, con malaika azotada y humillada, su respuesta cuando le anuncié que ella acabaría situándose arriba fue “No”. Evidentemente, me encargué de que se arrepintiera de esa respuesta. Así, entre lágrimas obedeció y tras el sexo oral –durante el que tampoco perdí oportunidad de humillarla con mis palabras-, adoptó la postura requerida encima de mí y comenzó a moverse. El instinto le hacía cerrar los ojos para sentir más el placer. Pero yo sabía que tarde o temprano los abriría para mirarme y, cuando lo hiciera, se cruzarían con los míos. Y así fue en varias ocasiones, en las que malaika apartaba rápidamente su mirada mientras su rostro se enrojecía –aún más- y su expresión facial ponía de manifiesto la profunda vergüenza que estaba sintiendo al mirarla estando ella en esa situación.

Finalmente le ordené que se pusiera a cuatro patas y le ordené que se masturbara mientras yo la penetraba desde atrás. Y así fue como acabó la sesión.

 

Hellcat

 

P.D.: más tarde malaika me comento que la había puesto en sus sitio, que le había encantado y que a ver si se repetía… ais, esta malaika que zorrilla es, jaja.

Conspiraciones II

Hace unos días escribí un post titulado "Conspiraciones". En él explicaba que W y yo habíamos ido de compras, que estábamos haciendo planes para divertirnos y que, de momento no os podía explicar nada más. Pues bien, ha llegado el momento de explicar aquel post... y todo lo que pasó como resultado de nuestras conspiraciones.

Lo que aquel día compramos fue ni más ni menos que dos huevos vibradores con sus respectivos mandos a distancia. Nuestro plan original era quedar a cenar los cuatro, ellas con el huevo puesto y que W y yo nos intercambiariamos los mandos a distancia sin que ellas se dieran cuenta. Él se sentaría en la mesa ante malaika y yo me sentaría ante evangelin. Y cada uno accionaria a voluntad el huevo de la sumisa del otro.

Sin embargo, ya en la tienda, tuvimos que renunciar a parte del plan cuando nos informaron de que la frecuencia que usan todos los huevos es la misma. Es decir, que con cualquier mando se activan todos los huevos que estén a su alcance. A mi entender, este es un grave fallo del fabricante. Ya que sirve su producto en varios colores, por ejemplo cada color podría tener su propia frecuencia de transmisión y entonces... bueno, perdonad, que ya me estoy yendo por los cerros de Úbeda. El caso es que, forzados por las circunstancias, decidimos que activaríamos a la vez ambos huevos.

Llegados a este punto, os explico que el día antes de la quedada, se me ocurrió una idea para hacer la velada más picante. Mi sumisa malaika no sabía de qué se trataba, aunque sí sabía que algo estaba tramando. Evidentemente, tardó poco en contactar con su sumi-amiga para hacerle partícipe de que algo se estaba cociendo y comentar la jugada. Si es que a veces no hay ni que trabajar para ponerlas nerviosas... ellas solas se ponen!!! xd.

Cuando W y evangelin llegaron a casa, les pusimos sus respectivos collares, que ya no se quitarían en toda la velada. Y, por supuesto, cada una llevaba ya su huevo. De esta forma, durante la preparación (durante la preparación de la cena para explicarle a W la idea que había tenido para amenizar la velada) y degustación de la cena, W y yo fuimos poniendo y parando los vibradores. Y aunque ellas se esforzaban una y otra vez en disimular su efecto (con bastante éxito, eso hay que concedérselo), no siempre lo conseguían y, de vez en cuando, al poner el huevo en marcha, podíamos atisbar alguna que otra mueca que seguro que no era de sufrimiento.

Acabada la cena, y aprovechando que ambas habían salido un momento, desplegamos algo de material sobre la mesa, a saber: látigo corto de látex, caña, pala de madera, pinzas y pesos, dos pinwhhels, esposas y varias cuerdas. Cuando regresaron, W y yo procedimos a explicar a malaika y evangelin en qué consistiría el juego. Usaríamos un juego de mesa, del cual no diré el nombre (en realidad el juego es lo de menos, cualquiera puede servir si inventáis las reglas adecuadas), y jugaríamos por parejas, es decir: W y evangelin por un lado y malaika y yo por el otro. Las reglas habituales del juego indican que para ganar una partida hay que conseguir dos veces el objetivo del juego. Cada vez que una pareja consiguiera el objetivo, la sumisa de la pareja ganadora debería elegir uno de los objetos de la mesa (excepto las cuerdas) y el Amo de la pareja perdedora debería usar ese objeto en su sumisa según su criterio. Dicho de otra forma, usaríamos la empatía que hay entre malaika y evangelin (se conocen desde hace muchos años) en su contra, ya que la que eligiera el objeto sabría de antemano que sería usado en su sumi-amiga. Para finalizar, el Amo de la pareja que perdiera una partida (es decir, que la otra pareja ha conseguido dos veces alcanzar el objetivo del juego) usaría cuerdas para practicar un bondage en su sumisa, que debería llevarlo hasta que de nuevo alguna pareja ganase una partida. Por supuesto, esta regla sería acumulativa. Es decir, que si una pareja pierde dos partidas seguidas, los cuerdas se irían acumulando en su cuerpo. 

Por si os ha resultado una explicación muy farragosa trataré de resumirla: en este juego, de una forma u otra, las sumisas siempre pierden y los Amos siempre ganan xd.

Con este planteamiento os podréis imaginar que pasamos una velada genial. Sobre todo, nos reímos mucho. Seguro que repetiremos!!!

Hellcat

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Un fin de año diferente

La idea se me ocurrió aquel mismo día. La fui madurando poco a poco, mientras malaika preparaba la cena, imaginando las diferentes situaciones, sus posibles reacciones y la mejor forma de aprovecharme de ellas. El juego constaría de tres fases, coincidiendo cada una de ellas con cada plato: primero, segundo y postre.

 

Con la mesa ya preparada, cogí el collar y me dirigí a la cocina, donde malaika perfilaba los últimos detalles, vestida para la ocasión con unos pantalones vaqueros, camiseta negra y, sobre ella, camiseta negra semitransparente.

Primera fase: durante el primer plato malaika estaría en la mesa con el collar puesto.

Soy consciente que de cualquiera no avezado en los juegos BDSM puede pensar que esta situación es trivial y que malaika lleve o no un collar al cuello mientras cena no es nada del otro mundo. Y tiene toda la razón. Pero precisamente la tarea del Amo es convertir esta situación trivial en una experiencia excitante para la sumisa, que al mismo tiempo la avergüence y le deje con ganas de ir a más.

Ciertamente conseguí el objetivo. Como siempre, mis comentarios, miradas y tono de voz consiguieron llevarla al estado mental deseado.

En algún momento, durante el primer plato, malaika contactó con sumi-amiga evangelin para hacerle partícipe de su situación y de que en el segundo plato y postres parecía que la situación se pondría más “difícil”. Desde luego, el hecho de que yo hubiera puesto la calefacción era un indicio a tener en cuenta.

 

El primer plato dio paso al segundo. Segunda fase: malaika se quedaría únicamente con la camiseta semitransparente, sin la camiseta negra y, por supuesto, sin sostén. Durante toda esta fase, el color rojo pasión que su cara había mostrado durante la fase anterior se transformó en un granate intenso que se mantuvo hasta la siguiente.

Llegados a este punto, se me ocurrió que ya que por iniciativa propia había sido ella la que había contactado con evangelin, no estaba de más que le comentara su situación actual.

Tuve una agradable sorpresa cuando malaika, aún más granate, me mostró su móvil, donde pude leer que evangelin le había mostrado a su Amo el mensaje en el que malaika describía su situación. El comentario de malaika fue: “si W me envía algún mensaje me muero de la vergüenza”. ¡Estaba claro que no podía desaprovechar la ocasión! Así que en un momento en el que malaika fue a la cocina, le envié un mensaje a W pidiéndole que escribiera algún comentario sobre lo que había leído.

El mensaje llegó al cabo de unos minutos. Cuando  malaika vio el remitente, se puso aún más nerviosa y su primer impulso fue no querer leer el mensaje. Le ordené que lo hiciera y el tono granate intenso de sus mejillas se tornó en lila cianótico. Entonces, para rematar la faena, le mostré el mensaje que yo le había enviado a W.

 

Mientras malaika preparaba el postre en la cocina, yo cogí dos pinzas y dos pesos (creo que son de 80 gramos) y me volví a sentar a la mesa. Tercera fase: malaika en topless con una pinza y un peso en cada pezón.

Cuando malaika sirvió el postre, le dije que se acercara a mí y que se levantara la camiseta para descubrir sus pechos. No sospechó, ya que se lo había ordenado un par de veces durante el segundo plato. Así que, cuando me saqué del bolsillo las pinzas y los pesos, dio un paso atrás y negó con la cabeza mientras me pedía que no lo pusiera en práctica. Claro… como si en algún momento hubiera contemplado hacerle caso, xd.

Ya con las pinzas y los pesos en su sitio me deleité con sus esfuerzos para volver a sentarse sin que el movimiento de los pesos lastimara en demasía sus pezones. Esta situación se mantuvo durante todo el postre, ya que el menor movimiento de su cuerpo, manos incluidas, provocaba un ligero vaivén en los pesos que ella notaba amplificado en sus pezones.

 

Terminada la cena, le concedí quitarse las pinzas, con el consiguiente dolor al retornar el flujo sanguíneo. Le ordené ponerse a 4 patas bajo la mesa para que me diera placer oral y, cuando quise más de ella, le ordené que fuera a la habitación, donde la penetré. Sin embargo ese no fue el final pues, aunque yo sí llegué al orgasmo, le prohibí que ella tuviera uno, de forma que ella seguía excitada, desnuda y con su collar cuando llegó el momento de tomar las uvas.

Tras esta forma diferente de entrar en el nuevo año, le ordené de nuevo que fuera a la habitación y, esta vez sí, malaika tuvo su tan deseado orgasmo.

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