Master Hellcat |
Te haré gozar... te haré sufrir... me necesitarás.
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Mi Amo aún está durmiendo y a mí las sábanas no me han podido retener más en la cama. Hace un día parcialmente nublado dándole al cielo el toque que daría un pintor en sus lienzos y el viento hace bailar las hojas de los árboles. Viendo este espectáculo desde la ventana de mi casa con unas bonitas vistas de Barcelona, me he acordado del otro día. Siempre que tengo una sesión con mi Amo le digo que me tiene que llevar más al límite, que quiero que me dé más de un estímulo a la vez que al final me haga no pensar, que sea más duro conmigo... y el otro día entendí por qué habitualmente no lo hace y pude comprobar también que Él me conoce mucho mejor a mí que yo a mí misma. El otro día hizo lo que le había pedido tantas veces. Me pilló de sorpresa como en tantas otras ocasiones, y sabe que ésto a mí me pone a mil por hora. Encendidos los motores ya estábamos inmersos en nuestros roles. Un montón de estímulos me llegaban a la vez y sin parar hasta que llegó un momento en que no podía procesar nada: estímulos dolorosos en varias zonas de mi cuerpo a la vez y más intensos que en otras ocasiones, humillaciones físicas y verbales constantes, una dureza que no decaía ante mi llanto y mis súplicas.... y llegué a mi límite. Me colapsé. No podía pensar. Perdí el protocolo tuteándole siendo incapaz de llamarle de usted y era incapaz de seguir cumpliendo sus órdenes. Tenemos un código de colores para nuestros juegos: amarillo implica que se tiene que bajar un poco la intensidad de los juegos y rojo que se tienen que parar. Nunca lo he tenido que utilizar con mi Amo y el otro día.... tampoco. Él mejor que yo supo que en ese momento teníamos que parar el juego, aunque yo quería continuar, para que no se convirtiera en una situación demasiado comprometida para mí. Al no haber cumplido todas sus órdenes me castigó dándome una tarea que tenía que cumplir cuando mi nariz estuviera destapada, ya que de tanto llanto la tenía totalmente llena de mocos y de esta manera me daba tiempo también a recomponerme. Me sentí muy triste y avergonzada por no haber complacido al 100% a mi Amo y ésto, en el momento, aún me hizo llorar más. Pero ahí estaba Él tan dulce y comprensivo dándome mimos y diciéndome que estaba orgulloso de mí y que no me tenía que avergonzarme ni entristecerme (aunque a la vez me recordaba que tenía un castigo pendiente). Después me sentí feliz de saber que tengo a alguien a mi lado que me conoce tan y tan bien y que me hace crecer no sólo en el mundo BDSM sino en el mundo en general. Y por supuesto que antes de irnos a dormir ese día cumplí mi castigo dejándole relajado y complacido. GRACIAS de nuevo y siempre estaré a sus pies dispuesta a todo lo que me pida. malaika Como ya habréis visto, mi Amo y yo siempre hablamos en este blog de nuestras experiencias BDSM. Pero hoy me quiero tomar la libertad de hablar del contexto "vainilla" de nuestras vidas. Hace más de dos años que compartimos nuestras vidas y hemos crecido juntos a muchos niveles. Por una serie de circunstancias desafortunadas estoy pasando unos días con mucho estrés y ansiedad. Pero tengo suerte de tenerlo a él a mi lado. Es mi amigo, mi pareja, mi amante, mi compañero, mi cómplice, la persona que mejor me escucha, la que mejor me consuela y la que tiene más paciencia cuando me desbordo. Así que por todo ésto sólo puedo decirte GRACIAS. GRACIAS por todo lo que me aportas, GRACIAS por compartir todos los momentos conmigo aunque no sean los más agradables, GRACIAS por mimarme y cuidarme, GRACIAS por hacerme ver el otro lado de las cosas, GRACIAS por hacerme sonreír con tus payasadas cuando más lo necesito, GRACIAS por ser como eres. TE QUIERO y no puedo imaginarme la vida sin ti. GRACIAS malaika Buscamos chicas sumisas o switch para compartir nuestros juegos. Si estás interesada haz click con el ratón sobre el tema "Juega con nosotros" situado a la izquierda. Allí podrás leer los detalles y cómo contactar. Hellcat y malaika Ocurrió hace unos días. Llegamos a casa después de hacer la compra. Galletas al armario, fruta y carne a la nevera... en fin ya sabéis de qué va el tema. Yo sabía que ella no se lo esperaba. Y me gusta hacer estas cosas precisamente cuando menos se lo espera. Se habia sentado en el sofá y yo entraba en el salón. Le hice un comentario sobre algún tema que ahora mismo no recuerdo y añadí que se desnudara y fuera a la habitación. Tardó un segundo en procesar la información. Se mostró sorprendida, pero también muy dispuesta. Me preguntó cómo deseaba que me esperara. Le dije que desnuda y boca abajo en la cama. Se sorprendió aún más. Yo sabía que la estaba descolocando y eso siempre me produce un placer perverso. Obedeció y se tumbó boca abajo. Yo cogí tres cuerdas y entré en la habitación. Le dije que juntara las manos en la espalda. Sin problema. Pero cuando sintió la cuerdas inmovilizándole las manos comenzó, como siempre, a mostrar una creciente ansiedad. Ansiedad por no saber qué iba a hacerle. Ansiedad por verse inmovilizada e indefensa. Ansiedad porque se sentía asustada. Si viera esta situación en una sumisa que sé poco, de la que no conozco sus reacciones, me llevaría inmediatamente a preguntarle si está bien. Pero siendo malaika, sé que su ansiedad va pareja a una creciente excitación. Precisamente por los mismos motivos por los que aparece la ansiedad: indefensión, lo desconocido, un cierto grado de miedo... Después de inmovilizarle las manos procedí a atarle las piernas juntas. Usé una cuerda a la altura de sus rodillas y otra en sus tobillos. Mientras hacía esto, ella no dejaba de preguntarme qué iba a hacerle. Mis contestaciones iban encamindas a aumentar su inseguridad y ansiedad. Le comenté que haríamos algo que le haría pasar una vergüenza terrible y que ya lo habíamos hecho una vez hacía tiempo. Hasta que no cogí el ordenador portátil y lo situé de forma que la cam la enfocara, no cayó en la cuenta de lo que iba a pasar: iba a ser exhibida en un wechat. Comenzó a decirme que no podía hacerlo, que nos podían reconocer a nosotros. No, porque no te verán la cara y yo no saldré. Pues entonces reconocerían la habitación, el edredón... algo. Nadie reconocerá nada. Naturalmente ella no sabía en ningún momento si la cámara estaba en marcha o si nos estaban oyendo. Eso formaba parte del juego. Era divertido oírla susurrar preguntando cada poco rato si nos estaban escuchando, si la estaban viendo, o suplicando que pusiera fin a esa situación. Sobre todo sabiendo que, conociéndola como la conozco, esa situación la estaba excitando mucho. La verdad es que tan sólo puse la cam unas tres veces durante la sesión, y la duración de la exhibición no fue superior a los diez segundos durante cada una de las exposiciones. Pero claro, eso ella no lo sabía. Ni siquiera cuando usé el látido para azotarla en pies, piernas, nalgas y espalda. En cada una de las tres cortas exposiciones, el tiempo fue suficiente como para que nos abrieran varios privados. Nada que no os podáis imaginar. Desde un simple "hola", hasta un "quiero ver como te la follas", pasando por una amplia variedad de comentarios. Me sorprendieron sobre todo aquellos que se dirigían directamente a malaika como si fuera ella la que se estaba exhibiendo y poniendo y quitando la cam. Al final no pude contenerme y, cuando alguien nos abrió un privado dirigiéndose a malaika para pedirle que pusiera la cam, le escribí "¿y cómo se supone que va a poner la cam si está atada?". Él contestó "coño, pues es verdad". En fin, sin comentarios. Cuando me cansé de la cámara, cerré el ordenador y dediqué toda mi atención a malaika. Jugué con el látigo un rato más y después me quité la ropa, me tumbé sobre ella y la penetré, tarea que ella facilitó alzando su culo. Pude comprobar que estaba extremadamente mojada. ¡Vaya con la ansiedad! La verdad es que ningún relato que pudiera escribir aquí podría reflejar lo que fue la sesión a partir de aquel momento. Lo que le hice sentir. El control que tengo sobre mi cuerpo me permitió prolongar su placer/agonía durante mucho rato. También la poseí analmente. La humillé haciendo que se sintiera como una puta. La sometí física y mentalmente. La usé para mi placer. Cada vez que lo recuerda, se pone muy caliente :p. Hellcat Bueno, pues aquí está, tal y como os había prometido en algún post anterior. Ya sé que suena a tópico, pero si esta mesa pudiera hablar podría contar más de una interesante historia. Lo mejor de todo es que ya estaba en el piso cuando lo compré. Seguro que el anterior dueño nunca pensó en lo versátil que podría ser, jaja. Como podéis apreciar en la foto, la clave de su utilidad está en su robustez y en sus cuatro sólidas patas. No es lo suficientemente grande como para que la sumisa pueda tumbarse completamente sobre ella, pero si se sienta en uno de sus bordes más cortos y apoya los pies en el suelo, entonces sí tiene espacio suficiente como para tumbarse y estirar los brazos por encima de su cabeza para que puedan ser atados a las patas. Después basta con atar sus piernas a la altura de las rodillas o tobillo a las otras dos patas. El resto ya depende de la imaginación del Amo ;). Hellcat Ya hace semanas que mi Amo pensaba en adquirir nuevos juguetes para nuestras sesiones :). Tras escribir nuestra versión de los hechos, queríamos saber cómo había vivido ella su primera sesión. Así que le encargamos que escribiera un relato desde su punto de vista. Podéis leerlo a continuación. Hellcat Después de mucho tiempo dando vueltas por distintas comunidades online relacionadas con el bdsm, terminé conociendo a Master Hellcat y a Malaika en una página web... No eran el primer Amo ni la primera sumisa con los que hablaba, pero sí fueron, a pesar de mi renuencia incial justo por ese motivo, la primera pareja con la que entablé algún tipo de relación. Si bien es cierto que mi fantasía ha sido siempre llegar a tener una relación donde entregarme y ser sometida por el hombre al que amo, después de hablar en un par de ocasiones con esta pareja -que tanto representaba lo que yo deseo-, empecé a considerar cada vez más seriamente su invitación... Después del primer juego -el ’pequeño experimento’ de Master Hellcat-, y las sensaciones que hormigueaban en mi cuerpo y en mi cabeza, era algo que ya tenía decidido, ¿como negarme a algo así cuando la posibilidad de ponerme en manos de alguien más me seduce tan irremediablemente...? Quedamos para vernos una tarde de domingo. Como primera ’prueba’, recibí indicaciones para usar un vestuario particular, así que pasé el día anterior buscando entre mi ropa algo que se ajustara, probándome combinaciones ante el espejo y, obviamente, con el sexo palpitando y humedeciéndose con la excitación cada vez que pensaba en lo que estaba a punto de hacer. El día de la cita llegué al lugar un poco antes que ellos, y me disponía a esperar afuera acompañándome por un cigarro para disimular un poco los nervios y la ansiedad, pero ellos llegaron enseguida y -aunque por un instante pasó por mi mente la idea de echar a andar en dirección opuesta- terminamos por encontrarnos y entrar al lugar: un bar tranquilo y apartado donde quiero creer que nadie se imaginaba que fuéramos algo más que un trío de amigos reunidos para charlar. Y precisamente eso fue lo que hicimos, hablar sobre bdsm, en un intento por conocernos mejor, generar cierta confianza, medir un poco el terreno antes de dar el siguiente paso, y -al menos yo- justo tratar de no pensar en ese siguiente paso, con todo y las eventuales bromas y comentarios bien-mal intencionados de ambos, que me hacían continuamente perder la concentración. Pero el tiempo iba pasando y era claro que no podíamos seguir postergando la pregunta inevitable: yo tenía que decidir si iba a aceptar la invitación a ser sumisa de esta pareja... ¡con lo que yo detesto tener que decidir! Por eso agradecí internamente cuando Él me dio la indicación de ir al servicio y quitarme la ropa interior -a veces me hace falta ese tipo de motivación-; y a solas en el lavabo, me miré al espejo, con las medias y mi tanga ya en la mano, me di valor y salí, dispuesta ya a lo que viniera a partir de ese momento. ...y me equivoqué por primera vez... no me había quitado el sostén -pequeño lapsus- y cuando tuve que reconocerlo me sentí fatal... de vuelta en el baño sólo pensaba que no podía estar cometiendo errores tan elementales... vamos, que tenía que asegurarme de hacer las cosas bien o mejor dejar de hacerlas. Así que cuando volví y la siguiente ’sugerencia’ -cortesía de Malaika- fue que me desabrochara algunos botones y me sentara con las piernas separadas, hice mi mejor esfuerzo por cumplir correctamente a pesar de la obvia turbación que eso me causaba -ya sé que nadie se fijaba, pero yo sentía todas las miradas sobre mí-. Finalmente, cuando Master Hellcat hizo la propuesta definitiva de ir con ellos a jugar esa misma noche, todo lo que quería decir era que sí, pero por alguna razón -vergüenza, tal vez...- no podía hacerlo, no encontraba la forma, así que debió parecer que dudaba, pues Él intentó darme algunos argumentos que me convencieran... cuando en realidad lo que hacía falta era solamente que me diera la orden... a pesar de todo, no supe cómo, pero en algún momento logré hacerme decir que aceptaba y finalmente nos pusimos en marcha. Los tres en el auto, yo en el asiento del copiloto, sentada no sobre mi falda sino con mi culo apoyado directamente en el asiento y todos los botones de mi blusa desabrochados, dejando total acceso a mis senos, hicimos el trayecto hasta su casa, lleno de paradas que Hellcat aprovechaba para explorar mi cuerpo, provocándome una excitación que yo intentaba mantener bajo control bromeando con ellos sobre lo largo que me estaba pareciendo el camino. Al llegar al parking, Hellcat me hizo bajar del auto y colocarme con la falda levantada y mostrando los senos recargada a un costado del auto -y aterrada de que alguien más me pudiera ver así-, mientras me tocaba y enseñaba mi cuerpo a Malaika, cuyo rol en ese momento aún me resultaba dificil de integrar, pues en momentos hacía comentarios o daba a su Amo ideas que a mí me hacían poner más nerviosa, y en otros se compadecía y refrenaba alguna de las ocurrencias de Él -creo que me salvó de una ’primera vez’ demasiado extrema, aunque indudablemente le puso su propio toque de ’maldad’ también-, y a mí me costaba más dejarme llevar en el juego por eso... quería jugar también con ella, pero no me resultaba fácil, pues no entraba en el esquema "Amo/sumisa" original para el que siempre he estado preparada. Cuando por fin entramos a la casa, me sentí mucho más tranquila. Ya sin el riesgo de que alguien externo a nuestro juego pudiera percatarse de nada, estaba dispuesta a disfrutar mi primera sesión. Así que estuve encantada de permitirles ver y revisar mi cuerpo con calma en medio del salon y gocé el sentir las manos de Hellcat recorriendome y sus primeros azotes en mis nalgas, mientras Malaika nos veía desde el sofá. Me desnudé frente a ellos, nerviosa, pero demasiado excitada para dudarlo ni por un segundo y me dejé observar así, expuesta y ansiosa de ser usada por ambos, de modo que las primeras pinzas que colocó Hellcat en mis pezones las sentí casi como una caricia ansiada más que una forma de causarme dolor, y mientras me ataban sobre la mesa, lo único que deseaba era quedar completamente inmóvil, indefensa y a su disposición. Con los ojos vendados sentí las puntas de los pinwheels pinchar mi piel en distintos sitios y aunque en mi sexo era casi insoportable hice cuanto pude por no demostrarlo, pues no quería que se detuvieran... Ver la fusta y el látigo me hicieron temblar, pero la mirada de Malaika me tranquilizó y cuando Hellcat los hizo caer sobre mí cuerpo todo lo que sentía me llenaba de placer... que se multiplicaba sin duda por el efecto de las ’caricias’ de ambos, la presión del magic wand sobre mi clítoris y el orgasmo que sabía que no me habían de permtir tener aún. Las cuerdas que me ataban me liberaron... a partir de ese momento ya no estuve nerviosa y sólo me dediqué a disfrutar tratando de hacer bien mi nuevo papel. Así que me dejé llevar en cuatro patas a la habitación por Master Hellcat que tiraba de mi cabello, atenta a que mi sexo y mi culo estuvieran todo el tiempo bien expuestos. Aunque nunca lo había hecho a otra chica, le comí el coño a Malaika para darle placer, sin detenerme cuando sentí las manos de Hellcat en mi sexo, su dedo en mi culo o el terrible magic wand torturándome al borde del orgasmo. Después tuvimos que cambiar de lugar y fue ella la que lamió mi coño empapado, pero aunque eso me daba placer me hacía sentir también incómoda... no sé... definitivamente me gusta más ofrecer que recibir... por suerte poco después Hellcat quiso penetrarme y volvieron a jugar conmigo ambos, hasta que tras un buen rato, mientras yo tenía en mi boca el miembro de él por fin me dieron permiso de correrme -claro, sin dejar de hacer lo mío-, y tuve así tres orgasmos increíblemente potentes, hasta que no pude más, tuve que pedir que me dejaran descansar, y Malaika se apiadó de mí. danielle Normalmente, los martes, miércoles y jueves, malaika sale del trabajo bastante tarde. Sin embargo, ayer, debido a circunstancias que no vienen al caso, tuvo que salir antes. Así, cuando yo llegué a casa, a eso de las cinco y media de la tarde, ella ya estaba allí. Sus zalamerías y jugueteos al recibirme presagiaban que algo más estaba al caer y, efectivamente, al poco rato, sin que yo le dijera nada, se arrodilló en el suelo ante mí y comenzó a hacerme una felación. No sé si fue la excitación del momento o mi mente perversa –probablemente ambas cosas-, pero, mientras disfrutaba de las atenciones de malaika, se me ocurrió que podría ser excitante llevar a cabo un pequeño juego: exhibir por cam, en un webchat, a malaika. Tenía curiosidad por ver cómo reaccionaría la gente ante esa situación. Pero, naturalmente, debía exhibirla de forma anónima. Así que se me ocurrió que podría hacerlo de espaldas, con las manos atadas por encima de la cabeza. Mientras ella continuaba con su labor le comuniqué mi decisión y pude ver en su rostro esa mezcla de miedo y excitación que tanto me gusta provocar en una sumisa. Le ordené que se desnudara mientras preparaba el material: una cuerda que ataría alrededor de sus muñecas y una ventosa –comprada en los chinos, no hace falta más- con asa que, sujetada en un armario a la altura adecuada, haría las veces de argolla para atar el otro extremo de la cuerda. Cuando malaika estuvo en posición, llevé el portátil hasta la habitación y entré en el videochat –de temática sexual- usando un nick bastante explícito –que no voy a poner aquí, del mismo modo que no pondré el nombre ni la página web del videochat. A los pocos segundos de activar la cam, ya nos veían unas quince personas y el canal general de conversación comenzó a llenarse de referencias a lo que estaba ocurriendo: “una chica atada de espaldas”, “está desnuda”, ¿es un video o es real?”, “pobre chica”. Cuando cogí la fusta y comencé a azotar a malaika, el número de personas que nos veían creció hasta llegar aproximadamente a la treintena. Naturalmente, durante todo el proceso no dejábamos de recibir mensajes privados de gente que quería más: “dale más fuerte”, “que se dé la vuelta, que quiero verle las tetas”, “fóllatela ya”, etc. No respondí a casi ninguno de los mensajes, pero, en todo caso, tampoco me resultaban molestos u ofensivos. Si el espectáculo les gustaba, es lógico que pidieran más. Los que realmente me llamaban la atención eran aquéllos sujetos que nos criticaban -en todo caso, tampoco nos importaba lo que dijeran- en el canal general… pero no dejaban de mirar. Es más, estoy seguro que más de uno escribía sólo con una mano XD. A ver, señores, aclárense: o les gusta mirar o no les gusta mirar. “Es que para saber que no me gusta, primero tengo que mirar”. ¿Durante más de media hora?. No, majete, no cuela. Si te da morbo, pues admítelo, hombre, que no pasa nada ni vas a ser peor persona por ello, pero no nos cuentes historias ni nos vengas con hipocresías como si no supiéramos de qué va el tema. ¡Si los primeros en admitir que somos unos morbosos somos nosotros!. En fin, cuando me cansé de tenerla así atada salí del webchat, desaté a malaika y quité la ventosa del armario. Poniéndola en el cabecero de la cama, la usé para inmovilizar de nuevo las manos de malaika antes de poseerla. Resumiendo, una experiencia muy positiva que seguro que volveremos a repetir. Malaika admitió que se había excitado mucho al haber sido exhibida y que desearía hacerlo ante gente en directo. Mmm, hace ya unos cuantos años que no voy al Rosas. Quizá… Hellcat Conocimos a danielle a través de la página web del Rosas. Charlamos durante varios días por msn sobre BDSM. Le explicamos que buscábamos una chica que quisiera unirse a nosotros en nuestros juegos y que su rol sería el de sumisa de ambos, teniendo que obedecer cualquier orden de malaika como si fuera mía. Nuestras formas de entender el BDSM eran coincidentes en casi todos los puntos. Quizá la discrepancia más importante –por otra parte comprensible– era que danielle aspiraba a encontrar una persona con la que mantener, no sólo una relación BDSM, sino también una relación sentimental estable –¿quién no busca eso?. Un día incluso hicimos un pequeño experimento: le puse la tarea –que ella podía aceptar o rechazar– de ponerse desnuda ante un espejo, con las piernas separadas, las manos sobre la cabeza, los codos separados y echando los hombros ligeramente hacia atrás para ofrecer sus pechos. Debía estar así durante cinco minutos, mirándose desnuda. Después, aún desnuda, debía sentarse al ordenador para escribir y enviarnos un correo en el que debía plasmar qué es lo que había hecho y todo aquello que hubiera sentido o pensado en esos momentos. Debo decir que su correo fue realmente interesante y excitante, pues se mostró muy abierta y comunicativa. Como le dije posteriormente mientras lo comentábamos, no buscaba sólo que se desnudara físicamente ante el espejo, sino que también se desnudara emocionalmente al escribir el correo. Y eso es lo que hizo. Sin tabúes y llamando a las cosas por su nombre. Dado que la primera impresión por ambas partes –malaika y yo por un lado y danielle por otro– había sido positiva, decidimos quedar. Pero danielle debía ir vestida de una forma concreta: falda por encima de la rodilla, blusa o similar que pudiera abrirse por delante, zapatos de tacón y, en caso necesario, dependiendo de la temperatura, le concedí que pudiera llevar medias. Otra cosa –le aclaré– es que al salir del local donde íbamos a quedar siguiera llevándolas y, como apuntó malaika tras mi comentario, incluso existía la posibilidad de que saliera del local sin algo más que las medias. El día de la cita danielle iba vestida tal y como habíamos acordado: falda a la altura del muslo, blusa –o camiseta, o… caramba, ¿por qué las prendas femeninas son a veces tan difíciles de definir?– sin mangas con botones que no llegaban hasta abajo pero que una vez desabrochados dejarían algo más que un simple escote, medias y zapatos de tacón. Comenzamos a hablar de temas varios y después pasamos a hablar abiertamente sobre BDSM. Saltaba a la vista que danielle estaba muy nerviosa, aunque intentaba que no se le notara. A veces casi conseguía parecer tranquila, cuando se centraba en la conversación. Sin embargo, en otros momentos era ella misma la que expresaba su estado. Los tres bromeamos sobre el tema a lo largo de la tarde. Cuando de repente le ofrecí hacer otro pequeño experimento, aceptó. Le dije que fuera al baño y que se quitara las medias y la ropa interior. Obedeció y, al volver le ofrecí dos opciones: podía elegir entre que malaika o yo comprobáramos que ya no llevaba sostén. La diferencia podía estar en que quizá no lo comprobáramos de la misma forma. Ella comentó que había entendido que mi orden excluía el sostén y que aún lo llevaba puesto. Le dije que volviera al baño y se lo quitara también, mientras malaika me ponía la mirada de "pobre danielle, se lo estás haciendo pasar mal". Caramba, eso esperaba. De todos modos creo que en ese momento ya le habíamos explicado el concepto de "pasarlo bien-mal". Es decir, que por un lado la sumisa está pasando un mal rato –humillación, azotes, etc.–, pero, al mismo tiempo, lo está disfrutando –las que habéis pasado por ello ya sabéis de qué estoy hablando. Además, fue precisamente malaika la que, tras regresar danielle del baño, propuso que se desabotonara varios botones –concretamente cuatro– y que mantuviera separadas las rodillas. ¿Y el malo soy yo? Jajaja. Llevábamos ya un par de horas en el local y propuse a danielle, sin demasiados rodeos, si quería jugar con nosotros. Lógicamente, no dijo que sí. Era un paso muy importante, ya que sería su primera sesión. Además, había que tener en cuenta que nunca había estado con una chica, por lo que el reto era doble. Creo que el argumento que más peso tuvo fue que tarde o temprano tendría que pasar por el trago de tomar la decisión –¿juego o no juego con esta/s persona/s?. Y que parecía que con nosotros ya había andado parte del camino, pues parecía que habíamos congeniado. Finalmente aceptó. Salimos del local –danielle con algo menos que las medias, tal y como había vaticinado malaika– y subimos al coche. Malaika me comentó que si danielle subía delante, podríamos hacer algún juego dentro del coche. Y así fue como nos distribuimos: danielle en el asiento del copiloto y malaika detrás. Le dije a danielle que no se sentara sobre la falda, sino directamente sobre el asiento, y que se desabrochara todos los botones de la blusa. Ella obedeció. Así obtuve una vista magnífica de sus piernas y de parte de su nalga izquierda y su sexo. En el primer semáforo en el que paramos comencé a acariciar su pierna. Ella aceptó la caricia. El trayecto fue realmente excitante. En cada semáforo en rojo en el que parábamos, yo aprovechaba para acariciar su cuerpo: sus pechos, pezones, piernas e incluso su sexo, que estaba muy mojado –le pregunté desde cuando estaba así y danielle dijo que prácticamente desde que habíamos empezado a hablar. Ella respondía a mis caricias con gestos de placer. También bromeamos sobre la situación. Aparcamos en el parking y, en la penumbra y soledad de ese ambiente no perdí la oportunidad de ordenar a danielle, una vez que hubimos salido del coche, que no se pusiera el abrigo, que apoyara las manos en el coche y que separara las piernas. Le subí la falda hasta descubrir sus nalgas y su sexo y pude ver que en la cadera derecha tenía el tatuaje de un hada. Se lo mostré a malaika, que opinó que era un bonito tatuaje. Después le ordené que se volviera hacia malaika y que adoptara la postura que había mantenido ante el espejo. Empleando el generoso escote que proporcionaban los botones desabrochados de la blusa, descubrí sus pechos y se los mostré también a malaika para pedir su opinión. Tras estar unos minutos acariciando y exhibiendo sus pechos –y a petición de malaika– le dije que ya podía abrocharse la blusa y ponerse el abrigo. Ya en casa, volví a exhibir sus pechos ante malaika –que permanecía sentada en el sofá, frente a danielle– durante un rato antes de ordenarle que doblara la cintura hacia delante y apoyara las manos sobre la mesa. Le subí la falda y descubrí sus nalgas, que comencé a acariciar antes de darles algunos azotes. Pero lo que de verdad quería era oírla gemir, así que no dudé en penetrarla con mis dedos. Y sí, danielle gimió. Y sus gemidos fueron como música en mis oídos. Me senté en el sofá con malaika y le dije que se desnudara. No dudó en hacerlo, aunque estaba claro que se sentía muy avergonzada por la situación, exhibiéndose de aquella forma. Naturalmente, eso es lo que pretendía conseguir. Le ordené de nuevo que adoptara la posición del espejo. Sin duda fue un momento muy excitante poder ver completamente desnuda a danielle por primera vez. Y aún más en aquellas circunstancias. Me levanté del sofá y acaricié su cuerpo: sus suaves nalgas, su cintura estrecha… Pellizqué sus pezones y le pedí a malaika que trajera dos pinzas, que procedí a colocar. Le pregunté a danielle si dolían, a lo que contestó que era aguantable. Le respondí que dejaría de serlo. A continuación le dije a malaika que trajera cuerdas y le ordené a danielle que se tumbara de espaldas en la mesa –creo que no es la primera vez que menciono la mesa, así que un día de estos le haré una foto para que podáis ver cómo es– y procedimos a atar sus piernas y sus muñecas. Su cuerpo quedó inmovilizado en forma de X, pero con las rodillas dobladas y los pies apoyados en el suelo. A partir de ese momento nos dedicamos a proporcionarle una mezcla de sufrimiento y placer. En algún momento le tapábamos los ojos para aumentar la sensibilidad de su cuerpo. Usamos con ella pinwheels, fusta y látigo. Pero también empleamos nuestras manos y el Magic Wand en su sexo, además de lamer sus pezones tras haberlos liberado de las pinzas –me encantó observar su gesto de dolor al retirarlas. Sin embargo, aunque en algún momento estuvo a punto de llegar al orgasmo, lo impedimos. Sus gemidos y su cuerpo retorciéndose de placer eran hipnóticos. Cuanto más nos daba, más queríamos. La desatamos y le ordené a malaika que se desnudara y nos esperara tumbada en la cama. Tras anunciar a danielle que había llegado el momento de que nos sirviera sexualmente, le ordené que se pusiera en el suelo a cuatro patas. Después la cogí del pelo y la hice caminar así, como una perrita, hasta llegar a la habitación. Le ordené que se subiera a la cama y se situara entre las piernas de malaika. Sin que hiciera falta decírselo, danielle mantuvo la postura a cuatro patas sobre la cama, con las piernas separadas y las nalgas en alto, proporcionándome una magnífica visión de su sexo. Malaika comenzó a gemir casi en el mismo instante en que sintió que la húmeda lengua de danielle empezaba a jugar con su intimidad. Aproveché su postura para acariciarle el sexo y penetrarla analmente con un dedo y, más tarde, para masturbarla con el Magic Wand, sin dejar aún que llegara al orgasmo. Al cabo de un rato les dije que cambiaran, de forma que fue malaika la que daba placer a danielle. Entonces yo mismo me quité la ropa y me tumbé en la cama junto a ellas. Ya lo había estado haciendo durante los juegos, y ahora, tumbada junto a ella mientras escuchaba sus gemidos de placer, volví a hablarle en susurros, diciéndole lo puta que era, que imaginase como sería estar todo un fin de semana a nuestras órdenes, y muchas cosas más. Al cabo de un rato decidí que había llegado el momento de penetrar a danielle. Le ordené que se tumbara de espaldas en la cama y comencé a poseerla mientras malaika la masturbaba con su mano. Después me tumbé yo y le dije que me chupara el miembro mientras malaika la masturbaba con el Magic Wand. Y esta vez sí. Está vez dejamos que tuviera su orgasmo. Bueno, de hecho tuvo tres. Y os aseguro que ver cómo se corría fue realmente excitante. Tras su tercer orgasmo quise que ambas me dieran placer oral a mí. Por supuesto, ambas a la vez. Y, si en algún que otro momento sus labios se separaron de mi miembro, fue para besarse con un ardor que no hacía sino excitarme más aún. ¿Quién habría podido quejarse? Después fue danielle quien siguió proporcionándome placer oral mientras malaika se tumbaba a mi lado. Yo la animaba a masturbarse para obtener su propio orgasmo pero le daba bastante vergüenza. Danielle, que escuchaba la conversación, no dudó en alargar su mano para masturbar a malaika mientras seguía chupándome a mí. Con aquel estímulo, malaika perdió toda la vergüenza y cogió el Magic Wand, que empleó en su clítoris mientras los dedos de danielle se perdían en su interior. Tras el orgasmo de malaika danielle continuó atareada conmigo hasta que me hizo saber que ya no podía más –suelo tardar mucho en llegar al orgasmo y, además, tengo cierta capacidad para controlar el momento, lo que para las sumisas puede ser una bendición o una maldición, dependiendo de las circunstancias :p. Entonces le ordené que se pusiera sobre la cama a cuatro patas, me situé detrás y la poseí hasta que yo mismo llegué al orgasmo. Hellcat Es tremendo como el placer se puede girar en contra de una!! malaika está frente a mí, desnuda y atada a la mesa, con el Magic Wand firmemente presionado contra su sexo y una pinza en cada pezón, suplicandome que lo apague, ya que el placer es tan intenso, que casi no puede aguantarlo. Ya os explicaré con más detalle... Hellcat ¿Sueñas con ser dominada? ¿Deseas entregarte a alguien que te adiestre y explore tu sumisión? ¿O quizá deséas someter a malaika? Pues ahora tienes la oportunidad de unirte a Master Hellcat y a malaika en sus juegos BDSM. Buscamos chicas sumisas o switch que quieran jugar con nosotros, entregarse a Hellcat y ser sometidas por Él. Si eres switch, además tendrás la oportunidad de someter a malaika. Tanto si tienes experiencia como si no, aprovecha la oportunidad que te brindamos. Ponte en mis manos. Si has leido este blog sabes que no te arrepentirás. Y si aún no lo has leído, entonces te invito a que lo hagas para saber por qué no debes dejar de pasar esta ocasión. No has llegado hasta aquí por casualidad. Estás leyendo estas líneas porque debías leerlas. Porque todo lo que has hecho hasta ahora, todo lo que has vivido, te ha conducido hasta este momento. ¿Estas indecisa porque no tienes experiencia? ¿Te asusta no dar la talla? ¿No cumplir con nuestras expectativas? Si te haces estas preguntas, definitivamente necesitas leer este blog. Aprenderás que, para mí, el concepto de “dar la talla” no existe. Nadie nace sabiéndolo todo. Todo proceso lleva su tiempo. Tu educación y tu adiestramiento serán platos que degustaremos lentamente, recreándonos en cada detalle y dejando que tú misma marques tu propio camino: el camino de tu entrega. Exploraremos juntos tu personalidad y tu cuerpo. Descubrirás aspectos de ti misma que hasta ahora habían pasado desapercibidos. Llegará un momento en que mirarás hacia atrás y te darás cuenta de que ya no eres la misma persona que comenzó a recorrer ese camino. Te habrás enriquecido, serás más sumisa, más mujer, más persona. Si dejas pasar esta oportunidad, quizá algún día te sorprendas a ti misma preguntándote cómo habría sido tu vida si te hubieras atrevido a dar el paso, si en verdad serías una persona diferente y cómo habrías cambiado. Pero entonces, puede que ya sea demasiado tarde. Hazte el favor de no permitir que eso ocurra. Ahora es el momento. Sé valiente. Ven con nosotros. Déjanos descubrirte. Si eres de Barcelona o alrededores contacta con nosotros en hellcat74@mixmail.com. Hellcat y malaika Sirva como ejemplo el episodio que os describo a continuación. Hace unos días malaika y yo caminábamos por la calle en dirección al coche. Yo iba con una maleta con ruedas. Pesaba bastante, pero no me exigía mucho esfuerzo, ya que la llevaba rodando. Ella llevaba una especie de cesta/bolsa que, si bien pesaba bastante menos que la maleta, debía transportar a pulso, por lo que el esfuerzo requerido era equivalente al que hacía yo. Naturalmente, en esa situación no estábamos jugando ni en nuestros respectivos roles de Amo y sumisa. Tan solo éramos una pareja más transportando su equipaje. Al cabo de un rato malaika hizo un comentario en broma sobre el hecho de que yo podía usar las ruedas de la maleta, mientras que a ella no le quedaba más remedio que sostener la bolsa a pulso. Yo me ofrecí a llevar la bolsa, ya que sabía que no me supondría un esfuerzo excesivo cargar con los dos bultos. Ella se negó y yo insistí. Al final ella me cedió la bolsa y así continuamos andando durante unos segundos hasta que malaika comentó, medio riéndose, que así parecía yo el sumiso y que era mejor que le devolviera la bolsa. Yo me negué y le expliqué que las cosas nunca son lo que pueden parecer a simple vista y que quizá para el ojo poco entrenado podría parecer que, efectivamente, yo era el sumiso y ella la Ama. Sin embargo –continué con mi explicación-, conociéndola como yo la conocía, sabía que ella estaba “sufriendo” al verme cargado con ambos bultos mientras ella caminaba con las manos libres. Y que esa era la realidad de la situación: ella “sufría”, como sumisa que era, y yo, que estaba llevando el equipaje de ambos sin que me representara demasiado esfuerzo, estaba disfrutando de la situación al ver el suyo. Mi teoría se vio confirmada varias veces durante el corto trayecto hasta llegar al coche. Malaika me pedía una y otra vez que le devolviera su cesta con gesto de súplica. Por supuesto, me negué todas y cada una de las veces, añadiendo de vez en cuando, comentarios destinados a aumentar su “sufrimiento”: “seguro que esa persona con la que nos acabamos de cruzar habrá pensado que cómo es posible que te puedas aprovechar de tu pareja de esa forma permitiendo que yo lo lleve todo”, etc. Así que ya sabéis, queridos lectores: sed abiertos de mente porque las apariencias engañan. Tendemos a deformar la realidad –casi siempre de forma inconsciente- para que se adapte a nuestras ideas y conceptos preconcebidos, pero el mundo que os rodea obedece a sus propias leyes, que son independientes del observador. Y el BDSM no es una excepción. Hellcat Ya habéis leido sobre ella en los últimos posts, pero no os la he presentado "oficialmente". Para vosotros es malaika, mi sumisa. Su nick significa "Ángel mío". Nos conocimos en septiembre de 2009. Al principio tan sólo éramos Amo y sumisa. Quédabamos, se sometía a mí, y eso era todo. Pero poco a poco comenzamos a hacer otras cosas juntos. Y esa dinámica, al margen del ámbito del BDSM, fue la que nos fue acercando cada vez más. Ahora somos pareja, además de Amo y sumisa, y vivimos juntos desde el verano pasado. Hellcat |
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