|
Temas
Archivos
Enlaces
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2004.
14/01/2004
Este es el weblog bdsm de Master Hellcat. Poco a poco iré escribiendo comentarios y artículos, añadiendo enlaces y, ¿quién sabe? Quizá hasta os presente mis sumisas ;). Si quieres conocerme un poco más no dudes en pinchar en "autor/a", en la parte superior de la página.
16/01/2004
Tina estaba confusa. Normalmente Él era muy hablador y bromista, pero desde que habían salido de casa, hacía algo más de media hora, apenas si había cruzado unas palabras con ella. Durante el trayecto en autobús sólo había conseguido arrancarle unos pocos monosílabos. Respuestas mecánicas que en modo alguno se correspondían con Su carácter abierto y dicharachero. Cansada de su actitud, optó por dejarle sumido en sus pensamientos el resto del trayecto. Tras bajar del autobús, Él rodeó su cintura con el brazo, tal y como solía hacer siempre, aunque ella comprendió, por la forma de llevarla, que lo había hecho de forma instintiva. Sin embargo, Tina le correspondió haciendo lo mismo. Mientras caminaban hacia la boca de los Ferrocarriles de la Generalitat, ella se llevó la mano libre a su cabello, atusándolo levemente, dando a entender que la suave brisa que soplaba le había descolocado el flequillo. Tan sólo era una excusa para poder girar la cabeza hacia Él y verle la cara. Desilusionada, vio que la expresión de Su rostro no había cambiado. Parecía tan ausente que, por un instante, temió que no estuviera allí realmente. Inconscientemente, Tina puso su mano sobre la de Él, apretándola contra su cintura para reafirmar su presencia. Él dio un pequeño respingo como si despertara de un sueño y giró la cabeza. Ella sonrió, y Él le devolvió la sonrisa. Por un instante, pensó que había vuelto, y se sintió feliz de volver a ser el centro de Su atención. Pero cuando llegaron a la boca de los Ferrocarriles, ambos tuvieron que volver la mirada hacia la escalera, para evitar tropezar, y la ilusión se desvaneció. Mientras descendían, Tina maldijo en silencio todos y cada uno de los escalones que pisaba. Ya en el vagón, mientras el tren recorría las entrañas de la ciudad, Él volvió a mostrarse distante. Con un suspiro de resignación, Tina apoyó su cabeza en la ventana y cerró los ojos, recordando la conversación que habían mantenido aquella misma mañana. El misterio había comenzado cuando, tras consultar el correo electrónico, Él le había propuesto ir al club aquella noche. Tina no pudo evitar sorprenderse, pues siempre era ella la que le pedía que la acompañara al club. Tras aceptar la propuesta, Él le había dado instrucciones precisas sobre cómo habría de vestirse. Aquello sorprendió a Tina aún más. Hasta ese día, lo más que Él había llegado a exigir respecto a su indumentaria, cuando acudían al club, era que se pusiera su collar de sumisa. Nunca la había obligado a vestir de una forma determinada. Tina pensaba que era porque a Él le siempre le gustaban los vestidos que ella escogía. Sin embargo, en esa ocasión, le había dado instrucciones muy concretas al respecto: un corpiño negro muy ceñido, como a ella le gustaba; una minifalda blanca, que llegaba a la altura de los muslos; unas medias de rejilla negras; zapatos de tacón y, por supuesto, su collar rojo de sumisa, que a ella le gustaba usar habitualmente como complemento, haciendo gala de su sumisión de forma descarada, aprovechando que la mayoría de la gente no conocía su significado. ¿Por qué, de repente, era tan importante que se vistiera de una forma determinada? Por último, cuando salieron de casa, ella observó que Él portaba una bolsa en la mano. Él no le dijo de qué se trataba y ella no se atrevió a preguntarlo. Tina se revolvió en su asiento. El tacto de la tela de la falda sobre su piel le recordó que no llevaba ropa interior. Se excitó levemente. Sonrió. Siempre le ocurría igual. Aunque estaba más que acostumbrada a no llevar ropa interior, sobre todo cuando salía con Él, nunca podía evitar una cierta excitación al pensar que, debajo de su ropa, estaba completamente desnuda. Pensó que, observando al resto de pasajeros del vagón, se distraería y se olvidaría de ello. Alzó la mirada. Cerca de ella, un hombre de unos treinta y cinco o cuarenta años leía un libro. Tina no alcanzaba a leer el título, pero se le veía realmente interesado en la lectura. De pronto, se imaginó a sí misma levantándose del asiento y caminando hacia él lentamente. Le quitaría el libro de las manos y lo dejaría caer ruidosamente al suelo para captar su atención y la del resto de los pasajeros del vagón. Se situaría justo delante de él y, apoyando las manos en los lados de la falda, comenzaría a alzarla lentamente. Entonces le miraría lascivamente y... sintió que el tren frenaba. Llegaban a la estación en la que debían bajar. Su excitación, lejos de disminuir, se había acrecentado. Al levantarse y juntar las piernas, notó que estaba mojada. Pensó que quizá habría manchado la falda. Su primer impulso fue decírselo a Él, pero cuando ya estaba a punto de hacerlo, tuvo la extraña sensación de que quizá no le gustaría que ella se hubiera excitado. En realidad, era una idea absurda. Ni siquiera sabía cómo había llegado a esa conclusión. Él siempre disfrutaba viendo cómo provocaba a la gente con sus contoneos, insinuándose a todo hombre o mujer que se cruzara en su camino. Y ella se excitaba sabiendo que Él seguía atentamente con la mirada cada uno de sus movimientos. Pero a pesar de ello, la sensación persistía. Decidió callar. Se limitó a palpar la tela de la falda mientras simulaba que la alisaba. Para su alivio, no notó humedad. Ya en la calle, ella se decidió a romper aquella situación absurda que mantenían desde hacía una hora. -¿Te pasa algo?. Apenas me has hablado desde que salimos de casa. A Él le costó reaccionar. La miró como el padre que mira al hijo que acaba de pronunciar su primera palabra. Cuando habló, lo hizo de forma atropellada. -No... es... no me pasa nada. -Estás muy raro. Él sonrió. Esta vez, su voz sonó más segura. -De verdad, no te preocupes. Todo está bien -Tina apoyó la cabeza en Su hombro y Él besó su cabello. Por fin llegaron ante la puerta del club. Tanto la puerta como la fachada estaban recubiertas de madera. No había ningún cartel o símbolo que indicase el uso que se le daba al local. Él separó su mano de la cintura de Tina, abrió la bolsa, y sacó dos muñequeras de cuero negro. Tina se mostró sorprendida, ya que nunca las había visto. Él captó su pensamiento. -Las compré la semana pasada. Las reservaba para hoy. Se miraron durante unos segundos. Ella intuía que iba a ocurrir algo. -¿Confías en mí? -Ya sabes que sí. Él sonrió y la besó en los labios. -Las manos. Ella alargó las manos hacia Él. Mientras le ponía las muñequeras, ella atisbó por encima de Sus hombros, temiendo y, al mismo tiempo, deseando que algún transeúnte les viera. -Pon las manos a la espalda. Tina obedeció. Él uso un mosquetón para unir las dos muñequeras. -¿Vamos a entrar así en el club? -su tono sonaba asustado. Sin embargo, ambos sabían que, en realidad, ese tono era indicativo de que ella había comenzado a jugar. Desde ese mismo instante ya no eran dos iguales, sino Amo y sumisa. -Aún no he acabado -dijo Él. Sacó una larga cadena de metal, rematada por una correa de cuero en un extremo y por un mosquetón en el otro. La unió a su collar y la tensó con la mano, acercando la cara de Tina a la suya. -Te aseguro que no olvidarás esta noche fácilmente -el tono agresivo empleado por Él, le provocó un escalofrío de placer. Manteniendo la cadena tensa, tiró del cabello de Tina hacia atrás y lamió su cuello. Ella gimió. Él llamó al timbre. Al cabo de unos segundos, la puerta se abrió y en el umbral apareció el dueño del club, que sonrió y le saludó. Ella esperó que él también la saludara, tal y como ocurría siempre desde que habían comenzado a frecuentar el local. Pero eso no ocurrió. Inexplicablemente, el dueño se limitó a mirarla y sonreír. Fue una sonrisa pícara, del estilo: "yo sé algo que tú no sabes". En ese momento, Su Amo tiró de la cadena y ella no tuvo más remedio que seguirle. El dueño esperó a que acabaran de pasar y cerró la puerta tras ella. Al traspasar el cortinaje que separaba la zona de recepción, de la zona de bar del local, Tina se dio cuenta de que el club estaba atestado de gente. Todos, sin excepción, se giraron para verla. De nuevo, su Amo comenzó a repartir saludos y gestos amistosos con los presentes. Pero absolutamente nadie se dirigió a ella. Tan sólo vio miradas escrutadoras y alcanzó a oír algún que otro murmullo. ¿Por qué nadie le decía nada? Distinguió muchas caras conocidas. Habituales del club, como ella, con los que había departido en muchas ocasiones. Pero ahora la trataban como a una extraña. Sintió que perdía el control de la situación. Comenzó a asustarse. Para tratar de olvidarlo, se fijó en su Amo, que seguía saludando a los asistentes. Lo vio seguro de si mismo. Tina se tranquilizó un poco. Mientras Él tuviera el control, todo iría bien. Su Amo giró la cabeza y se dirigió a alguien situado tras ella. -Subimos. Sin duda se trataba del dueño del club que, tras cerrar la puerta, los había seguido al interior del local. Tina no oyó la respuesta de éste. Supuso que habría respondido mediante un gesto. Su Amo tiró de la cadena y ella le siguió, escaleras arriba. Por un momento pensó que la llevaba a la mazmorra. Se humedeció al instante sólo de pensarlo. Nunca habían llevado a cabo una sesión allí. Su decepción fue mayúscula cuando, al llegar al final de las escaleras, su Amo la condujo hacia la salita reservada exclusivamente para los socios del club. Siguió tirando de la cadena hasta llegar ante una mesa de mármol, baja, pero amplia. -Sube y arrodíllate. Tina obedeció. Le costó un poco, ya que aún llevaba las manos inmovilizadas a la espalda. Pero con la ayuda de su Amo, pronto estuvo situada tal y como sabía que a Él le gustaba: con las piernas separadas, las nalgas apoyadas en los talones de los pies y la mirada fija en algún punto del suelo. Tina se dio cuenta enseguida de que la mesa había sido situada de forma que ocupara el menor espacio posible en la sala. Pero, al mismo tiempo, podía ser vista desde cualquier punto de la misma. Su Amo soltó la cadena, que quedó colgando entre los pechos de Tina y descansando sobre el mármol, entre sus rodillas. -Quédate aquí. Ahora vuelvo. -Sí, Amo. Le siguió con la mirada mientras desaparecía escaleras abajo. Estaba sola. Oía voces que provenían del piso inferior, pero era incapaz de entender lo que decían. Su mente volaba de pensamiento en pensamiento. ¿Qué le iba a ocurrir esa noche? Su Amo nunca la había puesto en una situación semejante. Bueno, alguna vez habían hecho juegos de exhibicionismo por la calle: ella se vestía de forma provocativa y paseaba con Él, exhibiendo descaradamente sus curvas ante la mirada sorprendida de la gente. Tina sabía bien lo que había tras esas miradas: ellos deseaban su cuerpo, ellas envidiaban su desinhibición. Además, la gente con la que se cruzaban no pertenecía al ámbito del bdsm, lo que le permitía a ella controlar la situación completamente. Sin embargo, ahora se encontraba en un plano de inferioridad. Intuía que, a esas alturas, ella era la única que aún no sabía lo que iba a ocurrir. Pensó que quizá se estaba poniendo nerviosa sin razón. En realidad, su Amo ya la había exhibido mientras atravesaban el bar del local. Probablemente subiría dentro de un momento y la llevaría a la mazmorra, donde ambos se divertirían durante un buen rato. Seguramente en la bolsa que había traído de casa llevaba el material que usaban habitualmente en sus sesiones. Él atormentaría su cuerpo con el látigo y las pinzas, quizá incluso con cera caliente, la provocaría diciéndole cosas, acariciaría su piel hasta inflamarla de deseo y, finalmente, acabaría poseyéndola. Y después volverían a casa. Sí, sin duda eso es lo que iba a ocurrir... y, sin embargo, ella sabía que no iba a ser así. Había algo más. Algo nuevo. Y no saber de qué se trataba, era la peor de las torturas. Las luces se apagaron. Casi al mismo tiempo, Tina oyó pasos en las escaleras. En la semioscuridad distinguió una figura que se acercaba a ella. No la reconoció hasta que estuvo prácticamente a su lado: era Él. Respiró, aliviada. De repente, dos haces de luz rasgaron la oscuridad. Al entrar en la salita, Tina no había visto los dos focos que ahora proyectaban su luz sobre ella. La luz hería sus ojos, de forma que le era totalmente imposible ver lo que había más allá del borde de la mesa. Tan sólo manteniendo humillada la mirada podía evitar la luz. Oyó Su voz. -¿Tienes miedo? -No, Amo -mintió. Claro que tenía miedo. Miedo a lo desconocido. Miedo a una situación que no controlaba. ¿Por qué no lo admitía? Necesitaba el consuelo de su Amo. Habría deseado gritar que estaba asustada, que necesitaba que la abrazase fuerte, que quería que la llevara lejos de allí... Pero, ¿realmente quería irse? Le bastó una fracción de segundo averiguar la respuesta: no. Se dio cuenta de que el sentimiento de entrega hacia su Amo, la necesidad de hacerlo feliz y la excitación que le producía una situación nunca antes experimentada, era más importante para ella que sus propios miedos. Su Amo la usaría a su antojo, y ella se sentiría feliz en su entrega. Se prometió a sí misma que no volvería a dudar de esa forma. -Aún no sabes a qué has venido, ¿verdad? -No, Amo -se moría de ganas de averiguarlo, pero no quería que Él se diera cuenta. -Vas a ser subastada. Por un momento, Tina alzó el rostro para mirar a su Amo con los ojos desorbitados por la excitación, pero volvió a bajarlo, recordando las órdenes recibidas. ¡Subastada!. Iba a ser vendida al mejor postor. Sería exhibida, alguien pujaría por ella y luego... ¿qué? ¿Sería cedida? Era una posibilidad muy real. ¿Con qué fin, si no, había organizado su Amo la subasta? Sería la primera vez que otro hombre, dentro del ámbito del bdsm, la tocaba. Sintió una punzada de dolor. Sabía que no había razón para ello, pero no pudo dejar de pensar, por un instante, que, en cierto modo, era como si su Amo se deshiciera de Su sumisa y, de paso, buscara un beneficio con ello. ¿Sería así si un día Él se cansaba de ella? Nunca había pensado en ello. La idea de que llegase el día en que su Amo la abandonase le repugnó. Entonces lo vio claro: la subasta... ¡El día había llegado! ¡Su Amo intentaba deshacerse de ella! Tina se sintió desfallecer. ¿Qué había hecho mal? ¿Qué más debía hacer que ya no hubiera hecho? Si ella era feliz a su lado, ¿por qué Él no? En su desesperación, Tina alzó la mirada buscando los ojos de su Amo. No pudo evitar dar un respingo cuando se cruzó con ellos, pues temió ver en su interior una respuesta a sus preguntas que no deseaba conocer. Sin embargo, observó que aquellos ojos le sonreían. Y pudo ver en ellos el amor que todo Amo siente por su sumisa. El corazón de Tina saltó de gozo en su pecho. Pero también vio algo más. Algo que la turbó, puesto que nunca antes lo había visto. Su mirada estaba empañada por un tenue velo de sufrimiento. Aunque sabía que la idea de subastarla y cederla excitaba a su Amo, le conocía lo suficiente como para saber que, en lo más profundo de su ser, también le mortificaba. Ahora comprendía por qué se había mostrado tan parco en palabras durante el trayecto hacia el club. Tina se dio cuenta de que, una vez más, había dudado sin motivo. Y se dijo que lo amaba. Lo amaba con todas sus fuerzas. -Amo... -Dime. -Pase lo que pase, soy suya. Sintió la mano de Él, acariciándole el cabello y bajando por su nuca hasta su cuello. Tina cerró los ojos, concentrándose en la caricia de su Amo. Y entonces oyó los pasos en la escalera. La gente comenzaba a subir. Su Amo le anunció: -Es la hora. Tina vio cómo la sala comenzaba a llenarse de gente. Siluetas sin rostro de hombres y mujeres que pujarían por su cuerpo. Dentro de unos minutos, uno de ellos dispondría de él para hacer todo aquello que se le antojase. Cuando todos se hubieron acomodado, apareció el dueño del local. Situándose junto a ella y su Amo, comenzó a hablar. -Lo primero es daros la bienvenida todos a esta velada tan especial. El Amo de Tina os ha elegido a vosotros, entre todos los socios del club, para que tengáis la oportunidad de pujar por su sumisa. Ya conocéis las reglas que se han establecido para ello. Además, aquel Amo o Ama que consiga hacerse con la sumisa podrá llevar a cabo una pequeña sesión en la mazmorra. Creo que su Amo ya os ha informado de los límites de la sumisa. En fin, eso es todo. Que empiece la subasta. El Amo de Tina le dio las gracias y el dueño del local se perdió en la penumbra de la sala. -Bueno, a estas alturas todos conocéis a mi sumisa. Dejadme que os diga que se trata de una perrita muy apasionada y, aunque ahora la veáis arrodillada y con la mirada humillada, también puede mostrarse rebelde e indisciplinada. De todos modos, ¿desde cuándo eso es un problema, verdad? -se oyeron risas-. Bien, empezaremos por cincuenta euros... gracias. Ya tenemos al primer candidato. Había empezado. Estaba siendo subastada. Tina se lo repitió varias veces: "Estoy siendo subastada. Mi Amo me está subastando". Se estaba excitando de nuevo. -... ¿Cien euros? De acuerdo: cien euros por allí... Vamos, vamos, miradla bien. Sabéis perfectamente que vale mucho más... Unas manos se apoyaron en los hombros de Tina. Acariciaron sus hombros y bajaron por su espalda. Las manos de Su Amo la tranquilizaban. Él estaba allí, con ella, protegiéndola... De pronto, Tina sintió que el corpiño cedía y se separaba de su cuerpo. Su Amo lo apartó lo suficiente como para que sus pechos quedaran perfectamente expuestos. Tina no había pensado en ningún momento que pasaría aquello. Creyó que la subasta se limitaría a la puja. Pero ahora su Amo comenzaba a desnudarla delante de todos los asistentes. ¿Podría volver a mirar a la gente del club a la cara? No pudo dejar de pensar que, de ahora en adelante, cada vez que hablara con alguno de ellos, en su mente se formarían las mismas preguntas: ¿estuvo en la subasta? ¿Pujó por mí? ¿Qué pensó cuando me vio desnuda?. No importaba. Si su Amo quería exponerla desnuda delante de todos, ella acataría Sus deseos. -Echa los hombros hacia atrás, perrita, y ofrécenos tus pechos. Quiero que todo el mundo pueda verlos bien -oyó que decía en voz un poco más baja, para volver, a continuación, a recuperar el tono normal- Fijaos qué pechos. ¡Y qué pezones! No me digáis que no tenéis ganas de pellizcarlos con fuerza. Vamos, ¿quién da doscientos euros?... ¿doscientos?... Tenemos doscientos euros, gracias. ¿Vamos por los trescientos? A ver, quién da trescientos euros... ¿o queréis que la siga desnudando? -se oyeron risas y voces- Bien, parece que por allí han ofrecido trescientos euros. ¿Alguien da cuatrocientos?... ¿cuatrocientos?... ¿nadie?... Pasaron algunos segundos sin que nadie pujara. Llegaba el momento de la verdad. Su Amo cerraría la puja y la entregaría al comprador. Entonces Tina sintió de nuevo las manos de Él, esta vez en sus caderas. Las manos comenzaron a subir, arrastrando con ellas la falda. Tina acomodó su cuerpo para facilitarle la labor. Finalmente, su sexo perfectamente depilado quedó al descubierto. -Separa más las piernas -Tina obedeció. -Fijaos en su sexo. Está realmente mojada. Vamos, ¿qué hay de esos cuatrocientos euros? ¿Quién será el afortunado o afortunada que disponga de esta perra en celo? Tina se sentía terriblemente humillada. Pero era precisamente la humillación de verse exhibida como un objeto sexual, lo que la excitaba cada vez más. -Han ofrecido cuatrocientos... ¿oigo quinientos?... ¿quinientos euros?... Vamos, ¿acaso no la estáis viendo? -pellizcó los pezones de Tina hasta que se endurecieron- ¿quién de vosotros tendrá la oportunidad de pinzar estos bonitos pezones?... ¡Quinientos euros!... Muy bien... ¿Alguien da más?... De acuerdo, hagamos una cosa: si alguno de vosotros me ofrece seiscientos euros, cerraré la puja en el acto... Se alzaron murmullos. Aunque, en su condición de sumisa, Tina no tenía derecho a sentirse halagada, no podía evitarlo. Pensó que seiscientos euros era mucho dinero. Sin embargo, dudó de que alguien pudiera ofrecer semejante cantidad. Ya les había costado ofrecer cuatrocientos. La verdad es que la cifra actual, de quinientos, ya era más que satisfactoria. De pronto, los murmullos arreciaron. Oyó a su Amo. -¡Seiscientos euros! La puja está cerrada. A Tina le dio un vuelco el corazón. Ya estaba hecho. El trato había sido cerrado. Alguien iba a pagar seiscientos euros por ella y su Amo la entregaría a esa persona para que la usara a su antojo. Intentó formarse una imagen mental de cómo podría ser: ¿bajo y calvo? ¿Alto y musculoso? ¿O sería una mujer? Pero era inútil seguir por ese camino. Lo averiguaría dentro de poco. Su Amo la ayudó a ponerse de pie sobre la mesa y liberó sus muñecas. -Baja de la mesa y quítate la ropa. Tina dudó por unos instantes, pero comprendió que su pudor no tenía razón de ser. El quitarse la ropa no era más que un mero formulismo. Durante la subasta todos habían visto ya su cuerpo expuesto. Se desnudó despacio, pero sin titubeos. Seguía sin poder ver a la gente a causa de los focos de luz, pero sabía que estaban mirándola. Contemplaban lo que habían perdido mientras pensaban en lo que habrían hecho con su cuerpo si hubieran pujado lo suficiente. Sin embargo, entre ellos estaba el ganador, pensando no en lo que le podría haber hecho, sino en lo que le iba a hacer. Sintió un escalofrío. Se dijo que no permitiría que nadie viera su nerviosismo. Y menos su Amo. Ella haría que Él se sintiera orgulloso de ella. Cuando estuvo completamente desnuda, su Amo volvió a sujetar sus manos a la espalda. A continuación, vio como cogía la bolsa donde había traído el material y sacó un antifaz. Tina no había pensado en ello. Le iban a vendar los ojos. Eso significaba que, posiblemente, nunca sabría a quién había sido entregada. Se hizo la oscuridad. Sintió unos labios sobre los suyos. -Estaré aquí cuando acabes -oyó que le murmuraba su Amo para, a continuación, añadir en voz alta, para que le oyeran todos- Ya está lista. Tina sintió que la cadena se tensaba y comenzó a andar. Unas manos la condujeron a través de escalones, hasta que oyó cerrarse una puerta. Reconoció el sonido: era la puerta de la mazmorra. Por los pasos, Tina descubrió que sólo había otra persona en la habitación. Los pasos se acercaron. La persona que la había comprado debía estar detrás de ella. Notó unas manos en sus caderas, que se deslizaron hasta su vientre, para luego ir subiendo hasta llegar a sus pechos, que acariciaron con fruición antes de que sus pezones fueran pellizcados con fuerza. Tina apretó los dientes para no gemir. Al cabo de unos segundos sus pezones fueron liberados y las manos comenzaron a forcejear con sus muñequeras hasta que Tina notó que podía separar sus brazos. Se sintió contenta de recuperar, al menos, una parte de su cuerpo. Sin embargo, esa sensación duró poco, ya que su comprador la obligó a situar los brazos por delante de ella y sus muñecas fueron unidas mediante cuerdas. La suave sensación de las fibras de algodón inmovilizando sus manos contribuyeron aún más a su excitación y a la necesidad de satisfacción sexual que la acuciaba desde hacía ya un rato. Tina notó que sus brazos eran alzados por encima de su cabeza y sujetados, con toda probabilidad, de alguna de las cadenas que pendían del techo de la mazmorra. Después oyó ruido de engranajes moviéndose y sus brazos fueron alzados aún más, hasta que estuvieron completamente estirados. En ningún momento, durante todo el proceso, su comprador le habló o hizo el menor comentario. El primer azote la cogió desprevenida. Gritó más por la sorpresa que por el dolor, que no fue demasiado intenso. El látigo -supuso que era un látigo- se enrolló alrededor de su torso justo debajo de sus pechos y sintió la punta golpeando en su costado derecho. Los golpes comenzaron a sucederse a intervalos regulares aunque la zona golpeada variaba desde las caderas hasta el pecho. Tina gemía con cada azote. Privada de la vista, desnuda y en un estado total de indefensión, tan solo le restaba disfrutar de la situación. Ya no le importaba quién la estuviera azotando. Guapo o feo, hombre o mujer, lo único que ocupaba su mente en esos momentos era aquella deliciosa mezcla de miedo, dolor y placer que tan bien conocía. Se preguntó si, dadas las circunstancias, podría tener un orgasmo siendo azotada. Sabía que era muy difícil, pero conocía a gente a la que le había ocurrido y, por otro lado, ella se sentía tan excitada que creyó que, si seguía siendo azotada de esa forma, no tardaría en llegar a él. Hacía ya rato que había perdido la noción del tiempo. Quizá llevase tan solo unos segundos siendo azotada, pero también podría ser que llevase una hora o más. Era imposible saberlo. Algunos golpes dolían más que otros, sobre todo cuando la punta del látigo la golpeaba en los pechos o en los costados. Entonces apretaba los dientes y aguantaba el dolor hasta que menguaba, recreándose en su entrega. Por el contrario, los azotes en la espalda, en las nalgas o en el vientre, eran más soportables y le proporcionaban un placer indecible. Sin embargo, no habría cambiado ni uno solo de los azotes, incluyendo los más dolorosos, por nada del mundo, pues era el conjunto lo que la estaba llevando al éxtasis absoluto. Tina dejó de sentir el látigo en su cuerpo. De nuevo oyó ruido de engranajes y sus brazos fueron bajados. Hasta ese momento no había notado el dolor, pero ahora se dio cuenta de que le dolían bastante, supuso que a causa de haber cargado en ellos el peso de su cuerpo. Su comprador la descolgó y le desató las muñecas. Luego la condujo, usando la cadena, hasta otra zona de la mazmorra no muy alejada -Tina contó unos cuatro o cinco pasos de distancia-, donde la obligó a arrodillarse sobre algo acolchado, con las piernas separadas. Debía de tratarse de uno de los muebles con los que contaba la mazmorra para llevar a cabo las sesiones. Con sus manos, el comprador le indicó que debía doblar la cintura hasta apoyar el pecho en una superficie horizontal, también acolchada. Su cuerpo fue asegurado mediante correas con hebillas para evitar cualquier movimiento. ¿Seguiría azotándola en esta postura? ¿O iba a hacer algo nuevo? Sus preguntas fueron contestadas cuando sintió una mano acariciando su sexo. La mano apartó sus labios y rozó su clítoris. Gimió. Los dedos recorrieron su intimidad hasta llegar a la entrada de su vagina. Tina deseó con todas sus fuerzas ser penetrada. Y así fue como ocurrió. Dos dedos entraron en ella. Tina se revolvió, poniendo a prueba la resistencia de las ataduras, al tiempo que emitía un prolongado gemido. Estaba tan mojada que casi no sintió cómo se retiraban pero, al volver a llenarla, pudo percibir que ya no eran dos, sino tres, los dedos que la penetraban. El comprador estuvo penetrándola de esta forma durante unos segundos, hasta que los dedos se retiraron para no volver a entrar. Entonces Tina oyó el sonido característico de unos pantalones al ser desabrochados. No estaba segura de si debía dejar que aquel desconocido la penetrara, pero sabía que su Amo ya habría pensado en ello y lo tendría todo bajo control. Además, estaba lo suficientemente caliente como para necesitar ser penetrada de verdad, no sólo con los dedos. No tardó en sentir a su comprador entrando en su intimidad. Ávida de sexo, Tina movió sus caderas para facilitar la penetración. Su comprador comenzó a poseerla con movimientos suaves al principio, para ir poco a poco aumentando el ritmo y la fuerza de las embestidas. Instintivamente, Tina deseaba retardar el momento del orgasmo para poder disfrutar más. Sin embargo, cuando sintió lo que pareció un dedo penetrando en su ano, Tina no pudo aguantar más y se abandonó al clímax. Su comprador tan solo tardó unos segundos más que ella en llegar al orgasmo, derrumbándose, a continuación, sobre su espalda lo que comprimió aún más sus pechos contra la superficie del mueble. Al cabo de unos segundos, el comprador se levantó y abandonó la mazmorra, dejándola atada al mueble. Después oyó que alguien entraba y la liberaba de sus ataduras. La ayudó a levantarse y le quitó el antifaz, devolviéndole la vista. A causa del exceso de luz, al abrir los ojos, Tina sólo pudo ver una figura borrosa ante ella. Pero, al cabo de unos instantes, descubrió de quién se trataba. Su Amo estaba ante ella, sonriéndole. Tina se abrazó a él con desesperación, buscando su protección. Él le acarició el cabello y las marcas que el látigo había dejado en su cuerpo. -Estoy orgulloso de ti, perrita. Era todo lo que Tina necesitaba oír. Se abrazó a Él con más fuerza. Tras ayudarla a vestirse, ambos salieron de la mazmorra. La gente que había asistido a la subasta aún continuaba allí. Comenzaron a aplaudir. Tina se sonrojó. Los focos ya habían sido apagados, así que pudo ver sus caras sonrientes. Eran sonrisas cálidas, de complicidad. Aún estuvieron un rato más en el club, hablando con la gente y recibiendo plácemes y felicitaciones. Cuando abandonaron el local era ya muy tarde. Cogieron un taxi para volver a casa. Ninguno de los dos habló durante el trayecto. No hacía falta.
EPÍLOGO
Ya en el taxi, respiré tranquilo. No había tráfico, así que no tardaríamos en llegar a casa. La verdad es que organizar la subasta había sido un trabajo agotador: hablar con el dueño del local, elegir el día, la gente, explicarles la situación... Al final, todo había salido bien. Miré a Tina. Su cabeza descansaba sobre mi hombro. No estaba dormida, pero tenía los ojos cerrados. Sentí la irresistible tentación de contárselo en ese momento, pero me contuve. No habría sido acertado. Algún día, quizá, le contaría la verdad: que el misterioso comprador que había ofrecido seiscientos euros por ella... era yo.
Hellcat Barcelona 29 de agosto de 2003 Revisado: 25 de noviembre de 2003 Revisado: 15 de enero de 2004 No es nada fácil explicar qué es o en qué consiste el bdsm. Lo primero que debéis hacer para poder comprender lo que os voy a explicar a continuación es olvidaros de la mayoría de cosas que habéis visto u oido. La gran mayoría de reportajes que he visto o leído sobre bdsm han sido realizados por gente ajena a este mundo, por lo que sus trabajos proporcionaban una visión totalmente distorsionada y sesgada del bdsm. Generalmente se tiene una imagen del bdsm de cadenas, cuero y violencia. No es tan simple. Ni es tan crudo. El mundo bdsm es muy vasto. Vayamos por parte.
Las siglas "bdsm" significan: bondage (ataduras), dominación, sumisión, sadomasoquismo.
Generalmente, en una relación bdsm, una persona adopta el papel de dominante y otra el papel de sumiso/a. Sin embargo, se da mucho el caso de gente a la que le gustan ambos roles. A esta tendencia se le llama "switch". Para simplificar, a partir de ahora me referiré a una relación bdsm entre un Amo y una sumisa, aunque queda entendido que cualquier combinación es posible.
¿Hay reglas en el bdsm?: En efecto, las hay. Las tres reglas básicas del bdsm son: Sano, Seguro y Consensuado (SSC). Si en una relación bdsm no se cumple alguna de estas reglas, entonces ya no es bdsm. Además, a estas reglas yo siempre añado otras dos: respeto y diálogo. El respeto hacia el otro es fundamental. Yo siempre digo que, por encima de Amos y sumisas, todos somos personas y como tal hemos de tratarnos. El bdsm es como la representación de un sentimiento y, mediante las sesiones y juegos, podemos expresar esos sentimientos. Yo puedo hacer muchas cosas y decir muchas otras a una sumisa mientras jugamos, pero siempre tengo presente que, por encima de todo, es una persona. Hay gente que, por el hecho de ser Amo/a piensa que es superior a la sumisa y que ésta es un objeto que ha venido al mundo para servirle y complacerle. No son Amos de verdad. Lo que necesitan es un psicólogo que les trate su complejo de inferioridad. En una relación bdsm el diálogo es fundamental. Más, si cabe, que en una relación tradicional. ¿Cómo sé lo que una sumisa espera de mí? ¿Qué debo hacer para complacerla? ¿Qué deben hacer ellas para complacerme a mí? A veces leo en foros a gente que pregunta si existe alguna especie de manual para Amos o sumisas. No existe. Y si existe, no lo leería. Cada persona es un mundo, por lo tanto no puedo tratar a una sumisa como trataría a otra, puesto que ambas tienen diferentes personalidades, diferentes gustos y se comportan de forma distinta. Sólo hay una forma de ser un buen Amo o una buena sumisa: hablando y conociendo a la otra parte.
¿El bdsm es peligroso?: No. O al menos no más que cruzar la calle o bajar por unas escaleras. Del mismo modo que cuando cambiamos de acera miramos a lado y lado de la calle, en el bdsm basta con usar unas mínimas precauciones y tener un poco de sentido común. La sumisa jamás estará en peligro a menos que el Amo sea un incompetente, lo cual no tiene nada que ver con el bdsm. Un incompetente lo será siempre, con o sin bdsm.
¿La sumisa puede elegir?: Por supuesto que sí. La sumisa es quien pone los límites. Qué desea hacer y qué no. Dentro de esos límites el Amo tiene libertad absoluta, usando siempre el sentido común, claro está. Podrá, incluso, acercarse a esos límites. Pero nunca traspasarlos sin el consentimiento expreso de la sumisa. En el bdsm, el Amo es un guía en el camino que la sumisa recorre en su sumisión y entrega. Éste no puede forzar las cosas, pero puede ayudar a la sumisa a vencer sus propios miedos y barreras. Como ya he dicho antes, en realidad es la sumisa la que va avanzando y la que va diciendo qué quiere hacer.
¿Es necesario el dolor en el bdsm?: En absoluto. El dolor tan sólo es una pequeña parte del bdsm. Fetichismo, bondage, dominación, humillación, etc, forman parte del bdsm. Cada persona tiene sus preferencias, y deben ser respetadas. Por lo tanto, el hecho de que a una persona le guste o practique unos determinados juegos, o no, no lo convertirá en mejor o peor Amo o sumisa.
¿Qué aporta el bdsm a la sumisa?: Aparte de placer físico y psíquico, tras hablar con varias sumisas, he constatado que las sesiones y/o relaciones bdsm tienen dos efectos importantes sobre ellas: 1) una sesión bdsm es uno de los mejores desestresantes que conocen; 2) El bdsm les ayuda a conocerse a sí mismas como mujeres y personas.
¿Los practicantes de bdsm somos "raros"?: No más que cualquier otra persona. No llevamos un cartel en la frente que ponga "me gusta el bdsm". Cualquier amigo, vecino o familiar tuyo podría estar practicando el bdsm de forma habitual sin que tú lo sepas. Piensa en ello. De hecho, muchísimas parejas que no se consideran bdsm lo han practicado alguna vez sin saberlo. Usar unas esposas, pasar un cubito de hielo por el cuerpo, salir a la calle con poca ropa disfrutando de las miradas de la gente,...
¿El bdsm es una perversión?: ¿Perversión? ¿Y qué es una perversión? ¿Quién o qué decide lo que es una perversión? ¿Acaso bombardear un país para conseguir el petroleo de su subsuelo no es una perversión? Importantes profesionales no consideran el bdsm una perversión, sino un juego o alternativa sexual. El bdsm sólo se convierte en perversión cuando deja de cumplir alguna de las reglas SSC o se convierte en una obsesión enfermiza.
Por supuesto, todo lo que he escrito no es más que mi opinión personal, tan válida como la de cualquier otro. Quedan muchas, muchísimas cosas por explicar sobre el bdsm. No dudes en contactar conmigo si precisas de alguna aclaración o si deseas preguntarme algo.
17/01/2004
Satin es mi nueva perrita. La he conocido hace poco. Su sumisión se ha mantenido latente durante muchos años hasta que, tras conocerme a mí, al fin ese sentimiento ha aflorado y se ha manifestado en todo su esplendor. Me gusta haber sido su descubridor y me gustará guiarla y educarla en su sumisión y entrega. Tengo curiosidad por saber hasta dónde le llevará su nueva vida como sumisa. Estaba cansada, aburrida,... decidí leer los relatos eróticos que un amigo publica en una web. Me encantan sus relatos. Pero hoy, además, tenía ganas de hacer algo diferente, así que al ver un recuadro en la parte superior de la pantalla, donde ponía "Encuentra sexo real, relaciones sin compromiso, amistad, amores,..." pues se me encendió la lucecita y decidí arriesgarme. Me registré y construí mi perfil con una frase bien sugerente: "me gusta dar y recibir placer". Además puse que era una viciosita, jeje. La verdad es que no me planteé en ningún momento las consecuencias. Y tampoco esperaba lo que me iba a suceder. Ese mismo día recibí unos 50 mails, me llegaron 50 mensajes al buzón de la página donde puse mi perfil y me agregaron más de 100 chicos al msn. La verdad es que fue estresante. No me podia creer aquel bombardeo. Pero sin pensármelo dos veces me puse manos a la obra y comencé a filtrar a los chicos, tarea bastante complicada debido a la cantidad y al constante bombardeo de mensajes. Acabé cansándome y borré todos los que me habían agregado en el messenger y no agregué a nadie más... por el momento. Llegué a la conclusión de que lo mejor que podía hacer era dedicarme a leer los mails e intentar sacar provecho de ahí, ya que con ellos ya podía saber cosas de la persona y decidir si me interesaba a primera vista. Y así lo hice. Empecé a leer los mails, borrando los que no me atraían, y los que me gustaban los dejaba y lo agregaba al msn. Cuando estaba en la bandeja de entrada observé que en la carpeta de mensajes de correo no deseado había un mail y decidí comprobar de quién era, por si era importante. Me impresionó bastante porque este mail no era como los otros. ¿Cuál era la diferencia? Pues que me hablaba de un tema totalmente desconocido para mí: hablaba de bdsm. Me produjo curiosidad este tema. Aunque al principio me acobardé un poco, decidí preguntarle más a este chico. Tal vez fue la sutileza con la que introdujo el tema o su forma de escribir. No lo sé. Sólo sé que me llamó la atención. Además, en el mail decía que buscaba amistad abierta a otras posibilidades y eso me gustó, ya que no buscaba sexo directamente (o al menos eso parecía, jeje). Por consiguiente le escribí un mail preguntando sobre el bdsm. Al día siguiente recibí su respuesta. Aunque era bastante extensa, me quedaron muchas preguntas, muchas dudas que rondaban en mi cabeza. Pero podía encontrar respuestas en él, porque en este mail incluía su dirección de hotmail. Por lo tanto se lo podía preguntar todo por el msn. Así lo hice. Me gustó aprender más sobre el mundo del bdsm, y fue entonces cuando empezó a calar en mí tanto él (este chico), como el bdsm. ¡Hoy ha sido un día muy importante! He empezado a jugar con mi Amo, aunque en la distancia, por medio de internet. Pero los juegos son infinitamente excitantes. El que ahora es mi Amo (me encanta como suena eso, jeje) me ha estado informando de muchos elementos que puedo encontrar en el bdsm. Y me parecen increíbles, pues he descubierto que desde pequeña ya llevaba dentro esta pasión. Pasión por la sumisión, las ataduras, la humillación,... Ya sé que parece raro, pero es una sensación indescriptible. Conforme iba explicándome cosas, a mí me venían a la memoria situaciones o cosas, que había hecho, relacionadas con el bdsm. Por ejemplo, de pequeña me gustaba que me ataran. No sé, es una sensación..., estaba a gusto así. Otra de las cosas que me gustaba era ser humillada y comer en el suelo como un perro. O que me encerraran y sentirme presa... Es muy raro que después de tanto tiempo alguien me diga que todo eso está relacionado con el bdsm, pero así es. La persona que me lo ha descubierto ha sido mi Amo. Estoy agradecida, pues me ha abierto las puertas a un mundo nuevo de sensaciones. Y, aunque por el momento sea en la distancia, espero que muy pronto sea un cuerpo contra cuerpo, jeje. De momento estoy aprendiendo a hablarle como Amo, ya que debo mostrarle mi condición de sumisa con mis palabras, ahora sé que cuando hable con él, una de sus condiciones es que vaya sin ropa interior y me ha pedido que compre un collar para ponermelo, ya que es una señal de sumisión. Pero no todo han sido palabras. Bueno las palabras han tenido mucho que ver, pero esta vez han llevado a hechos. He empezado a sentir en mi cuerpo los placeres del bdsm, aunque haya sido sola, con la pantalla del monitor delante y mi Amo ordenando. La verdad es que hay cosas que me dan miedo. Bueno, que al principio me han impactado, pero que finalmente voy asimilando. En primer lugar, estando ya desnuda, mi Amo me ha pedido que me pusiera unas pinzas en los pechos, uno en cada pecho, y me lo ha explicado de tal manera que me las pusiera sin que me produjeran mucho daño, pellizcando el centro del pecho pero sin pinzar el pezón. Después de tenerlas puestas me ha ordenado que me masturbara con la mano, pero además ha añadido que lo debía hacer delante de un espejo durante dos minutos. Así lo he hecho y me ha resultado violento, pues no me sentía a gusto viéndome así. Pero he obedecido. Después he vuelto y me ha pedido que acabara de masturbarme hasta que tuviera un orgasmo. Ha sido la mejor orden (jeje, cómo soy...). Bueno, también me ha dicho que cuando me dolieran mucho las pinzas se lo dijera, y así me ordenaría quitármelas. Cuando las he llevado un rato han empezado a dolerme con más intensidad, y le he pedido a mi Amo permiso para quitármelas. Me lo ha dado y, al quitármelas, he sentido un dolor punzante muy intenso, debido a que la circulación sanguínea volvía a esa zona. Me ha dolido mucho, pero ha sido un dolor... ¿cómo diría? Creo que placentero. Y yo misma me extraño de ello, pero lo cierto es que este juego me ha gustado. Y quiero seguir. Quiero seguir sometiéndome a mi Amo y quiero ser su mejor sumisa. Haré lo que sea para serlo... (mail enviado tras cumplir una serie de instrucciones)
Amo, espero haberle complacido. He hecho lo que me ha mandado. En primer lugar me he puesto la ropa, excluyendo la camiseta, y me he dejado puesto el collar. Como el cuello del abrigo es alto, sólo se podía ver parte del mismo. Así he salido a la calle y me he dirijido hacia mi casa. Por el camino he sentido varias sensaciones. Primero el tacto del abrigo en mis pechos, rozando constantemente, con lo cual mis pezones se han mantenido bien duritos. Además, sentía la vela dentro de mi vagina, que me empezaba a molestar por la deformidad que había adquirido debido a las altas temperaturas (jeje). La sensación con el collar ha sido diferente. Me sentía un poco desprotejida o, mejor dicho, vulnerable. Me parecía que la gente que pasaba cerca de mí me miraba constantemente. Pero no era así... Mi reacción ante las miradas prococaba en mí la necesidad de bajar la mirada para no desvelar mi condicion. Aunque, mejor dicho, ese acto reflejo demostraba claramente mi condición de sumisa, y no me desagradaba la idea. Al llegar ante la puerta de mi casa no he podido evitar sentirme nerviosa, con miedo ante la posible reacción de mi familia, pero ni siquiera se iban a dar cuenta de mi condición de sumisa. Con un breve saludo me he dirigido al cuarto de baño, donde he podido comprobar ante el espejo claramente mi condicion, aunque estuviera debajo de ese abrigo. Mi rostro no ha podido evitar mostrar una sonrisa picara y de complicidad por haber realizado esas cosas. Sin más preambulo, he cojido una jeringuilla (¡sin aguja, por supuesto!, jeje) y la he llenado de agua bien caliente (la jeringuilla era de unos 50 ml, por lo que el tamaño era perfecto para lo que me disponía a hacer). Me he dirijido a mi habitación y he cerrado el pestillo. Despues de hablar con Usted, mi Amo, me he dispuesto a desnudarme y tumbarme en la cama con las piernas bien abiertas, como ha ordenado. Me he sacado la vela (totalmente deformada) y me he dispuesto a introducir la jerinquilla en mi vagina. Ha sido una sensación maravillosa sentir la jeringuilla dentro de mí, tan caliente. Con una mano me he masturbando sacando y metiendo la jeringuilla. La otra mano la he estirado encima de mi cabeza para simular que estaba presa y que era mi Amo quien me poseia. Me he masturbado con rapidez y con una sola idea en mi cabeza: que mi Amo me estaba poseyendo. Que yo era completamente suya. Y decía en voz baja, entre suspiros: "sí Amo... soy suya... soy suya... sí Amo... me duele, pero me gusta... soy suya...". Y entonces mi cuerpo se ha abandonado al placer y he sentido el mejor orgasmo de mi vida, quedándome desnuda con las piernas abiertas y bien empapada (por el agua que había ido introduciendo en mi vagina como si se tratara de la eyaculación de mi Amo). He quedado agotada, pero plenamente satisfecha y relajada. Espero que esto le complazca, pues ha sido todo obra suya. Aunque no estuviera presente, lo estaba en mi mente y, haciendo lo que Usted me había ordenado, de nuevo le doy las gracias a mi Amo. SOY SU SUMISA Y ME ENORGULLEZCO DE ELLO. Hoy he tenido un día ajetreado. He empezado el día muy bien, pues he hablado con mi Amo. He podido aprender más cosas sobre él y él ha aprendido más cosas sobre mí. Cada día que pasa es una aventura, pues aprendo muchas cosas nuevas sobre el bdsm, y todo gracias a mi Amo, que me ha enseñado tantas cosas... Me ha abierto los ojos a un mundo totalmente desconocido para mí, pero inmensamente interesante, y del que estoy dispuesta a aprender más... Por la tarde, cuando he llegado de trabajar, no he podido evitar sentirme tentada al pensar en mi Amo y no he podido evitar rendirme a la lujuria. He cogido mi jerinquilla, con la cual me estoy encariñando, pues me produce un placer incomparable. La he llenado de agua caliente y, cuando ya estaba desnuda y con el collar de sumisa puesto, se ha conectado mi Amo. Se me ha sobrecogido el corazón. Como siempre que hablo con él, produce en mí una cantidad de sensaciones indescriptibles. Le he explicado lo que me disponía a hacer y lo ha aprobado, dándome más instrucciones para mi adiestramiento como sumisa. Después de hablar con él he seguido con mis calientes planes. Me he tumbado sobre la cama con las piernas bien separadas, dejando ver todo mi sexo ya mojado por la excitación del momento, y por pensar en mi Amo. He procedido a introducir la jeringuilla en mi vagina, con lo cual, a la primera embestida, todo mi cuerpo se ha estremecido, y una sola palabra ha salido de mi boca como un gemido: " Amo,..". He seguido penetrándome, y con cada embestida repetía "Amo, Amo,...", pues eso me excita mucho más. He seguido penetrandome con violencia, incluso, pues me gusta sentir un leve dolor placentero y decir gimiendo " Amo, Amo,.. me duele, me hace daño... aaahh...pero me gusta, Amo, Amo, me hace dañooo... ahhh". Con cada palabra mi cuerpo se estremecía hasta que el placer se ha apoderado de mi vientre y de mi cuerpo, y me he quedado rendida, agotada y cerrando los ojos he dicho "GRACIAS AMO". Hoy no he dejado de pensar en mi Amo. Ahora que tenemos una fecha para nuestro encuentro, tiemblo de nervios. Pero al mismo tiempo estoy ansiosa. Ansiosa de tenerlo a mi lado. De que se me acerque y haga realidad todo lo que hemos hablado. Podremos trasladar cada una de las palabras a la realidad. Sólo de imaginarlo me recorre un escalofrío por todo el cuerpo. El cuerpo que él va a poseer. Voy a ser suya. Ya no habrá ningun ordenador por medio. Sólo nuestros cuerpos y nuestros juegos. Cómo lo deseo... Aunque he tenido algunos problemas con internet en mi casa, he podido hablar un poco con él, mi Amo, y me ha indicado de qué manera nos conoceremos. Me ha dado instrucciones. Debo esperarle en la salida de tren, pero con una postura en concreto: debo apoyar mis manos en la barandilla, separar las piernas y los brazos y esperarle así, dándole la espalda. Emtonces vendrá por detrás y acercará su boca a mi oido diciendome: "hola perrita". ¿Qué pasará despues? Obviamente, me desmayaré... Ufffff, sólo de pensarlo, me... me... no sé... me recorre una sensación muy rara por todo el cuerpo. Hoy no hemos jugado, pero me ha ordenado algunas cosas y, hasta que no las he realizado, no me ha permitido masturbarme. Y hablando con él ya estaba muy caliente, por lo tanto, ¡¡se me ha hecho una tortura!! Pero después del esfuerzo ha resultado más placentero, jeje. Me he masturbado con una vela, como tengo por costumbre, y cuando me penetraba sólo podia pensar en él, en mi deseado y anhelado Amo. Lo llamaba en la oscuridad y gemía con cada pensamiento suyo. Cada orgasmo que tengo pensando en él es espectacular. Tiemblo sólo de imaginar en lo placentero que debe ser en persona. ¡Cómo espero el día de nuestro encuentro! Será un día para entregarse al juego, a la pasión, al placer y realizar todas nuestras fantasias, jeje. Será espectacular... No hay día en el que no piense en mi Amo y, por lo tanto, no pasa día sin que recuerde mi condición de sumisa. Cada vez soy más consciente de lo que me está pasando, de en lo que me estoy convirtiendo. Bueno, en realidad no es una conversión, sino que lo llevaba desde hace mucho tiempo dentro de mí y por fin ha salido a la luz. Llevo el carácter de sumisa dentro de mí y ahora sólo deseo llevarlo a la realidad, y pronto así será. De momento voy obedeciendo las ordenes de mi Amo mediante internet. El otro día me ordenó que me masturbara de una manera en concreto. Bueno, me pidió que utilizara mi método habitual, que es con una jeringuilla llena de agua caliente. Pero esta vez quería que lo hiciera con dos jeringuillas. Que me pusiera de cuatro patas en la cama y me penetrara con una de ellas y que con la otra realizara una felación. Pues hoy he llevado a cabo esta orden y ha sido maravilloso. Notar la caliente jeringuilla dentro de mí mientras chupaba con ansias la otra, imaginando que era el miembro de mi Amo, y como siempre intentando complacerle lo máximo posible, besándole, lamiéndole, chupándole con todas mis ganas, deseando que se corriera dentro de mí, en mi boca caliente y húmeda. Ha sido delicioso notar una eyaculacion con la jeringuilla dentro de mi vagina y al mismo tiempo poder saborear en mi boca caliente la eyaculación de mi Amo. Y aunque él no haya estado aquí conmigo, sólo he pensado en él, pues era su orden y quería que la disfrutara tanto como yo. De nuevo estoy convencida de que quiero ser sumisa, pero no sólo por internet. Lo que más deseo ahora es realizarlo todo en carne y hueso. Mmmm... cómo le deseo. LE DESEO AMO!
18/01/2004
Demoke fue la primera sumisa con la que jugué y con la que comencé mi aprendizaje como Amo. Por muchas sumisas con las que pueda jugar en un futuro, demoke siempre será demoke. Nuestra amistad traspasa el ámbito del bdsm, más si tenemos en cuenta que ha sido la única sumisa con la que he mantenido una relación bdsm duradera. Por todo ello, considero a demoke una amiga muy especial.
20/01/2004
Nunca antes me había atrevido a contar cómo me convertí en sumisa de mi Amo. No porque me avergüence de ello, pues soy totalmente libre para elegir, sino porque soy muy celosa de mi intimidad y consideraba que esta historia era mía y de nadie más. Sin embargo, ahora, con el paso de los años, me he dado cuenta de que, del mismo modo que me ocurrió a mí, puede que haya muchas chicas jóvenes que estén en una situación análoga a la que yo viví y se sientan confusas y desorientadas. Sirva este texto para intentar ayudarlas y que se comprendan y acepten a sí mismas tal como son. Por aquel entonces –no entraré en detalles sobre la fecha exacta- yo tenía diecinueve años. Vivía con mis padres y mi hermana pequeña en un piso situado en un barrio céntrico de Barcelona. Mi vida era muy sencilla: la familia, la universidad, los fines de semana, el cine, los amigos, mi novio… Mi novio… Jaime era un buen chico. Educado, buen estudiante, cariñoso,... Yo quería a Jaime. Bueno, o al menos eso pensaba por aquel entonces. Ahora ya no lo sé. Sin duda nos habríamos casado en cuanto hubiéramos acabado los estudios y encontrado un trabajo más o menos estable. Los niños habrían llegado poco después. A estas alturas, mi vida sería como la de cualquier mujer de mi edad. Sé que me porté muy mal con él, pero si no lo hubiera dejado yo no habría sido feliz... y habría acabado haciéndole daño. Una amiga común con la que me encontré en un restaurante hace unos dos o tres años me contó que se había casado y tenía un hijo. Me alegro por él de corazón. Pero me estoy desviando de la historia que me ocupa y me arriesgo a que mi Amo me castigue por ello, así que retomo el hilo allí donde lo dejé. Pido disculpas al lector. El piso contiguo al nuestro llevaba varias semanas deshabitado. Sus antiguos inquilinos, un matrimonio de avanzada edad, se habían ido a vivir con los hijos y habían puesto el piso en alquiler. Un día, mi hermana entró en casa muy excitada, contando que unos señores estaban entrando unas cajas en el piso de al lado. Íbamos a tener nuevos vecinos. Recuerdo que mi madre hizo un comentario sobre los problemas que traería a la comunidad el hecho de tener unos vecinos raros o ruidosos. Por mi parte, no presté mayor atención al asunto. Dos días después, por la tarde, sonó el timbre de la puerta. Fue mi padre el que abrió. Al cabo de unos segundos reapareció en el salón acompañado de dos personas. Entonces lo vi a Él. En aquel momento no habría sabido explicar por qué me impactó tanto. A simple vista no tenía ninguna cualidad especial. Aparentaba unos treinta y cinco años, más o menos. No era ni muy alto ni tampoco lo que se dice guapo. “Del montón” era la expresión que mejor Le definía. Y, sin embargo, en Su actitud había algo… ni siquiera ahora sé cómo definirlo. Me limitaré a decir que Su presencia “llenaba”. Él estaba allí, y todos los demás parecíamos empequeñecidos a Su lado. Me quedé embobada mirándolo, sin saber qué hacer cuando mi padre me Lo presentó como “Pablo, nuestro nuevo vecino”. A duras penas pude levantarme del sofá y estrecharle la mano. Me sonrió y yo sentí que las piernas me temblaban. Me obligué a mí misma a girar la cabeza para fijarme en Su acompañante y escapar así del hechizo que parecía haberse apoderado de mí. Ella era una chica muy bonita, unos diez años menor que Él. Tenía una espesa melena de color castaño claro que le caía sobre los hombros como una cascada y unos preciosos ojos almendrados. Su cuerpo, por lo que podía adivinarse bajo la ropa, era esbelto y bien formado. Se llamaba Sonia. Se me antoja necesario, llegados a este punto, hacer un inciso para explicar al lector que, antes de conocer a mi Amo, nunca había dormido desnuda, excepto cuando me acostaba con Jaime, claro. Siempre usaba un pijama. Cuando sentía la necesidad de masturbarme, me levantaba la camiseta del pijama para poder acariciarme los pechos con una mano mientras introducía la otra dentro de los pantalones. Siempre lo hacía tapada por las sábanas. Nunca me había masturbado en otro sitio que no fuera la cama. Ni siquiera en la ducha. No sé… en aquella época me daba reparo verme haciendo según qué cosas. Sin embargo, aquella noche, ya en mi habitación, no me podía quitar Su imagen de mi cabeza. Mientras me desvestía para ponerme el pijama, me sentí acuciada por un ardor hasta entonces desconocido para mí y que no podía comprender. De repente, mi desnudez se me reveló como algo excitante. Me tumbé en la cama desnuda y comencé a masturbarme como nunca antes lo había hecho, mientras pensaba en Él. Fue el mejor orgasmo de mi vida, sin duda alguna. Aquella noche me obligué a mí misma a dormir desnuda bajo las sábanas. Ya por la mañana, un sentimiento de culpa se apoderó de mí. ¿Qué me había pasado? No conocía a ese hombre de nada. Ni siquiera me parecía guapo. Además, Él ya tenía pareja. Y muy guapa, por cierto. Además, estaba Jaime, al que yo quería… Pero Él seguía dentro de mi cabeza. Volví a verlo unos tres o cuatro días después. Era de madrugada y yo volvía a casa tras haber salido con Jaime. Caminaba por la acera de casa cuando los vi doblando la otra esquina, frente a mí. Mi primera reacción fue la de intentar evitar el encuentro. Me enfadé conmigo misma por pensar como una cría. Cuando llegamos al portal, abrí la puerta con las llaves y esperé durante unos segundos hasta que ellos llegaron. Él me sonrió y me dio las gracias. Ya en el ascensor, en medio de un incómodo silencio, le miré a la cara disimuladamente. Me sobresalté al darme cuenta de que Él me estaba mirando a mí. Su mirada era muy intensa. Hasta el punto que no pude sostenerla y me vi obligada a apartar la mía. Fue entonces cuando vi el anillo. Era ancho y plateado, con una especie de argolla en la parte superior. Lo llevaba colocado en el dedo pulgar de la mano derecha. Inmediatamente busqué en las manos de ella, por si llevaba uno igual. Efectivamente. Lo llevaba en el dedo anular de su mano izquierda. Era un anillo idéntico al de Él, pero más pequeño, adaptado a la medida de su dedo. Sabía que Él me seguía mirando. No podía verlo, pero de alguna manera lo sabía. Mis piernas comenzaron a temblar de nuevo. Ahora, recordando aquellos momentos mientras los estoy transcribiendo, me sorprende darme cuenta de que en ningún momento me sentí incómoda. Turbada por Su presencia, sí. Pero no incómoda. Cuando el ascensor llegó a nuestra planta, salí rápidamente de él murmurando un apresurado “hasta luego”, abrí la puerta de casa, entré lo más rápidamente que pude, y la volví a cerrar a mi espalda con un alivio indecible. ¡Me había ocurrido otra vez! ¿Por qué aquel hombre producía ese efecto en mí? ¿Por qué me mostraba tan débil ante Él? No lo podía explicar. Al llegar a este punto de mi relato, miro mi propio anillo y no puedo dejar de sonreír al recordar todo lo ocurrido. Pero debo proseguir con el relato... El verdadero impacto lo recibí al día siguiente. Mi madre me envió a casa de Él a pedir algo –o fue mi padre... En todo caso, ni siquiera recuerdo ya qué era lo que quería- que necesitaba en ese momento. Recuerdo que abrió la puerta Él y que, tras pedirle lo que necesitaba, me quedé esperando mientras se dirigía a buscarlo. Fue entonces cuando vi la escena que cambió mi vida para siempre. En una habitación lateral, a través de la puerta entreabierta, puede ver el cuerpo desnudo de Sonia de espaldas a mí. Sus muñecas, unidas mediante una cuerda, pendían de lo que parecía una especie de gancho sujeto al techo. Sus piernas estaban muy separadas debido a que sus tobillos estaban atados, también con cuerdas, a una barra de madera que impedía que los pudiera juntar. Y sus nalgas firmes y lisas, levemente enrojecidas, se me mostraban magníficas en su desnudez. Su cuerpo estaba cubierto de sudor y su respiración era jadeante. Es sorprendente cómo puedo recordar tantos detalles, dado el tiempo que ha transcurrido desde entonces, habiéndola visto tan sólo durante unos segundos. Nunca he sabido si mi Amo dejó la puerta entreabierta adrede o fue una casualidad. Sólo sé que aquella imagen me impactó hasta lo más profundo de mi ser. Por extraño que parezca, no me asusté al ver a Sonia así. Ni en ningún momento se me pasó por la cabeza irme de allí. Más bien todo lo contrario. De repente me sentí muy excitada. Cuando Él volvió, pareció no darse cuenta de mi azoramiento. O, si se dio cuenta, no dio muestras de ello. Volví a mi casa caminando lentamente, sin poder dejar de pensar que, en esos precisos instantes, Sonia se hallaba allí, atada, y que Él estaría con ella, haciéndole... lo que le hubiera estado haciendo antes de que yo llamara al timbre. Tras darle a mi madre –o mi padre- lo que fui a buscar, me encerré en mi habitación, me tumbé en la cama y seguí dándole vueltas a la cabeza. Y, de repente, tuve una revelación. No fue un pensamiento producto de una concatenación de razonamientos. Simplemente, el pensamiento apareció allí: deseé ser Sonia. Quise estar allí, desnuda y atada, a Su merced. Durante los días siguientes llegué casi a obsesionarme con la idea. Dejé de salir con Jaime. Utilizaba la primera excusa que se me ocurría para no quedar con él. Sé que me porté muy mal. Afortunadamente pudimos hablar de ello algún tiempo después. Le conté lo que me había ocurrido y le hable de Él. Por supuesto, no lo entendió. Le hice daño... y eso es de lo único que me arrepiento. Pero como ya he explicado, es mejor así. Vuelvo a desviarme del tema. Ruego al lector que me disculpe de nuevo. Continúo... Al final tomé una determinación: debía hablar con Él. Aquel día sí lo recuerdo con toda claridad. Era un sábado por la tarde. Llamé al timbre y de nuevo me abrió Él la puerta. Le pregunté si podíamos hablar y me invitó a pasar. Me llevó hasta el salón. Sonia parecía no estar en casa. Mejor. No quería que ella escuchara lo que iba a decirle. Él se sentó en un sofá. Yo me dispuse a hacer lo propio, pero me dijo que no lo hiciera. Debía permanecer de pie. No empleó un tono brusco o severo para decírmelo. No sé qué fue, pero me vi obligada a obedecerle. Simplemente, su forma de decirlo no daba lugar a otras opciones. “Bueno, tú dirás”, dijo. Yo no sabía por donde comenzar. ¿Qué podía decirle? ¿Cómo podía abordar la cuestión? Oí pasos. Giré la cabeza y vi a Sonia entrando en el salón. Iba completamente desnuda, excepto por un collar con una argolla que rodeaba su cuello. Era realmente preciosa. Comencé a ponerme realmente nerviosa. Sonia pasó por delante de mí sin mirarme y se arrodilló a Su lado, acurrucándose contra Sus piernas. Al volver a mirarlo a Él, vi que sonreía. Era la misma sonrisa que había visto en el ascensor, días atrás. Y volví a bajar la mirada. “Dime”, le oí decir, “el otro día, cuando viniste a casa, ¿viste a Sonia?”. “Sí”, contesté con un hilo de voz. “Eso me parecía”, dijo Él. “¿Y qué piensas al respecto?”, preguntó. “Me gustó”, respondí, sintiendo el calor del rubor en mis mejillas. “Arrodíllate”, ordenó. Alcé la mirada instintivamente, para asegurarme de que no había oído mal. Él seguía allí, sonriendo, mientras acariciaba el cabello de Sonia, cuya cabeza descansaba en Su regazo, como si fuera una perrita. Me arrodillé ante Él. Era la primera vez que me arrodillaba ante alguien. Sin embargo, sentí una especie de alivio, de liberación, al hacerlo. “Has venido a decirme algo”, no era una pregunta. “Sí...”. “Dilo”, apremió. “Yo... yo... quiero...”. “Qué quieres”. “Quiero... quiero... ser como ella”, dije, señalando con el dedo a Sonia. “Lo serás”, sentenció Él. A partir de ese momento, al admitir lo que deseaba, me sentí distinta. Supe que Él me protegería y consolaría. Que sería mi mentor, mi amigo y mi amante. Me sentí... suya. Ellos se mudaron de piso un año después y, al acabar mis estudios, me fui a vivir con ellos. Ya han pasado varios años desde entonces. Comparto su felicidad y ellos comparten la mía. Sí, puedo decirlo: soy feliz. Ahora debo dejar al lector con sus propios pensamientos, pues mi Amo desea jugar conmigo y con Sonia. Siento que mis piernas vuelven a temblar ante la perspectiva de verme de nuevo ante Su presencia. ¡Qué dulces son sus caricias! ¡Cuánto amor hay en sus castigos!... Pero no puedo entretenerme más. Les dejo. Hasta siempre.
Hellcat Barcelona 20 de enero de 2004 Revisado: 21 de enero de 2004
21/01/2004
Debo prepararme físicamente y mentalmente para lo que me espera, para lo que espero... Espero ser el lienzo virgen puesto a disposición de mi Amo, para que lo moldee, dibuje sobre él, para que escenifique sus deseos, sus fantasías. Durante todo el día me he sorprendido innumerables veces pensando en mi Amo. ¿Qué pienso? No lo sé. Pienso en él, en las palabras que he memorizado, sus palabras, sus ordenes. Las necesito a diario, cada hora, cada minuto, cada segundo. Esta tarde he preparado una pequeña maleta con el material que me ordenó preparar para nuestra sesión del próximo sábado, mi primera sesión bdsm. Puede que sea un poco pronto para prepararlo todo, pero quiero estar preparada para lo que viene. No quiero dejarme nada. Quiero que todo esté preparado para que, cuando llegue el momento, lo pueda disfrutar. Que mi Amo pueda disfrutar de mí. Cuerpo y mente están dispuestos para la entrega y sumisión a mi Amo. De tantas veces que he pensado hoy en él, muchas he pensado en el deseo de complacerme sexualmente, con la masturbación. Pero esta vez es diferente. Mi Amo no me ha ordenado masturbarme, sino que me ha ordenado lo contrario: que no me masturbe. La orden empezó a tener efecto desde ayer domingo 18 a las 12 de la noche. ¿Hasta cuándo? Hasta el momento de nuestro encuentro. Ya lo espero con ansia, pero conforme vayan pasando los dias más sedienta de él estaré. Mi cuerpo pedirá a gritos que me domine, me ate, me azote, me humille, me posea. Ya lo pido a gritos ahora y lo deseo ansiosamente, así que no quiero ni imaginarme lo que se habrá intensificado en 5 días, jeje.
22/01/2004
No es difícil encontrar, en foros y chats, Amos y sumisos que se quejan amargamente de que, tras buscar durante largo tiempo, siguen sin encontrar alguna Ama o sumisa con la que jugar. En algunos casos esta situación lleva prolongándose durante meses e incluso años, con la consiguiente desesperación y desesperanza del individuo en cuestión. No es tema que pueda tomarse a broma. Es muy cierto que la demanda de mujeres en el mundo bdsm es grande debido al exceso de Amos y sumisos o a la falta de Amas y sumisas –tanto monta, monta tanto- en el mercado. No es ningún misterio para nadie que, cuando un Ama o sumisa anuncia públicamente, a través de un chat o un foro, que busca un Amo o un sumiso –según corresponda-, a las pocas horas el buzón de correo de las demandantes rebosa de mensajes de aspirantes. ¿Por qué hay tan pocas mujeres en el bdsm? ¿Será que a los hombres nos gusta más el bdsm que a las mujeres? Definitivamente no. Me niego a creerlo. Hombres y mujeres no somos diferentes en esto. Entonces, ¿cuál es la causa? Según mi opinión, creo que son principalmente dos. La primera causa es sencilla de entender: no hay muchas mujeres que estén dispuestas a quedarse a solas con un hombre para hacer juegos bdsm. Lógicamente, esta cuestión afecta más a las sumisas que a las Amas. Pues si bien, desde el punto de vista de las Amas, “nunca se sabe quién te puede tocar”, desde el de las sumisas, ¿quién, en su sano juicio, se dejaría atar –por poner un ejemplo ilustrativo- por un desconocido? En muchos casos, el hacerse esta pregunta provoca el resquemor de la sumisa a entrar en el mundo del bdsm. Contra este argumento… ¿qué puede decirse? La verdad es que yo, en su lugar, pensaría como ellas. De hecho, cuando hablo con sumisas, a menudo les comunico mi admiración por tener el valor para dejarse atar y ponerse en manos de otra persona. Cuando trabo amistad con alguna sumisa principiante, si llega un momento en que nos planteamos hacer juegos bdsm, suelo hacer hincapié en que una cosa es hablar de dichos juegos por msn, mientras ella está tranquilamente en su casa, y otra muy distinta será estar ante mí cuando le diga que la voy a atar. A partir de ese momento las palabras y las declaraciones de intenciones estarán de más. Será real. Ella estará atada y a mi completa merced. Si les cuento esto no es para asustarlas o ponerlas nerviosas, sino, precisamente, para que sean plenamente conscientes de lo que va a ocurrir. No me importa esperar el tiempo que haga falta hasta que estén preparadas. Lo que sí considero importante es que lo estén de verdad y que cuando así lo decidan, lo hagan porque confían en mí lo suficiente como para dar ese paso. La segunda causa es de carácter histórico. El hombre ha demonizado la sexualidad de la mujer durante miles de años. La fuerte represión sexual a que se han visto sometidas las mujeres –y a la que son sometidas actualmente en algunos casos-, no contribuye precisamente a que puedan expresar libremente su sexualidad. Es cierto que en estas últimas décadas hemos asistido a un progresivo despertar social de la mujer, cosa impensable hace tan solo treinta o cuarenta años, cuando la mujer estaba irremediablemente supeditada a la autoridad del hombre. Este cambio de actitud y mentalidad ha provocado que ya no nos resulte extraño que, en las relaciones sexuales y de pareja, sea la mujer la que tome la iniciativa en muchas ocasiones. Y esto es algo que los hombres deberíamos apreciar en lo que vale, que no es poco. Sin embargo, no debemos engañarnos: por mucho que haya avanzado la mujer en estos aspectos, el muro levantado durante milenios de represión no puede ser derribado tan fácilmente. Añádase a todo esto el hecho de que estamos hablando de bdsm. Es decir, que al sentimiento inconsciente de culpabilidad y de estar haciendo “algo malo” por expresar su sexualidad libremente, hemos de añadir que esa sexualidad se revela desde el punto de vista de la necesidad de dominar o ser dominada. Llueve sobre mojado. No es difícil imaginarse a una mujer a la que le atrae el bdsm preguntándose qué pensarán los demás de ella. Si la persona que ha de responder esa pregunta pertenece al ámbito bdsm, la respuesta es muy simple: nada. Si eres mujer y estás leyendo este artículo, da el paso. Habla con nosotros. Te escucharemos, te aconsejaremos y te enseñaremos el camino para que puedas disfrutar plenamente del bdsm SSC*. Porque nosotros somos como tú. Nosotros te entendemos. Sabemos por lo que estás pasando: tienes miedo, estás desorientada y te sientes confusa. Nosotros no te juzgamos. Te ayudaremos a aceptarte tal como eres. No eres rara. No estás enferma. Simplemente vives tu sexualidad de un modo distinto.
Hellcat Barcelona 22 de enero de 2004
*ver: “¿Qué es el bdsm?: Sobre el bdsm”
23/01/2004
Hoy un sentimiento nuevo ha invadido mi cuerpo: el miedo se ha apoderado de mí. No es que le tenga miedo a mi Amo. Bueno, además en las relaciones bdsm uno de los factores claves es el miedo. Pero no es eso, no es esa clase de miedo, simplemente me estoy dando cuenta de que me enfrento a una situación nueva, una situación para la que nunca me han preparado. Y es ineludible. No puedo faltar a ese encuentro que va a cambiar mi vida. Eso es lo que me da miedo: el giro, el rumbo que tomaré a partir de ahora. Ya he tomado ese rumbo, pero el sábado se hará evidente que no hay marcha atrás, y sé que me gustará, no lo dudo. Quizá me he expresado mal y no es miedo lo que siento, ni nerviosismo. No hay ninguna palabra que lo defina, pero seguro que cualquier sumisa lo ha experimentado en algun momento de su aprendizaje. No voy a rechazar esa sensación, porque al fin y al cabo me gusta y se ha hecho parte de mí, de lo que soy y de lo que quiero ser, de la sumisa que quiero llegar a ser y que por ese motivo estoy dispuesta a adentrarme en este mundo hasta que se haga necesario en mi vida. Y una persona va a ayudarme en ese camino, va a apoyarme, va a protejerme, va a enseñarme... Pero sobretodo, y lo que más deseo, esa persona, mi Amo, va a dominarme... ¿Por qué no puedo dormir? La noche se me hace eterna, igual que los días. Pero la noche es más cruel cuando estás sola. Doy vueltas y vueltas en la cama. Noto las sábanas sobre mi piel desnuda. Cierro los ojos, pero no puedo dormir. Me asaltan pensamientos de los que no puedo escapar, y entonces empiezo a soñar, a soñar despierta. Sueño con mi Amo. Lo tengo en mi cabeza. Tengo su imagen grabada con fuego en mi mente y corazón. Espero que esa imagen pronto cobre movimiento, y eso será pronto. El sábado se acabará la simplicidad y la intimidad que proporcionan las pantallas del ordenador. Ya no estarán entre nosotros. No habrá nada que separe nuestras pieles, nada que me separe de sus deseos, nada que me libre de sus ataduras. Quizá por eso no puedo dormir, porque siento miedo, pero no sé a qué o a quién. Tal vez tengo miedo de mí misma, de mis pensamientos, de mis actos. Es posible que sienta miedo porque pronto seré consciente de lo que soy capaz de hacer, de lo que estoy dispuesta a que me hagan y, al mismo tiempo que me aterroriza, lo anhelo con todo el alma. Anhelo ser liberada y disfrutar de lo que me gusta. Suena raro decir que quiero ser liberada cuando esta liberación comporta ser atada, ser dominada... Pero así es, quiero que la liberación llegue de manos de mi Amo, las manos que me atarán, que me harán sufrir que me harán gozar... las manos que liberarán mi espíritu sumiso.
26/01/2004
Ayer fue mi primer encuentro bdsm. ¿Cómo definirlo? Indescriptible. Cuando broten de mi mente las palabras que ahora no tengo, describiré todo ese cúmulo se sensaciones que se apoderaron de mí, todo lo que sentí...
27/01/2004
Al crear esta página nunca se me ocurrió, ni por un momento, que las opiniones que vierto en ella deban ser tomadas al pie de la letra. Nunca me cansaré de repetirlo: tan sólo es mi opinión, tan válida como la de cualquier otra persona. Sin embargo, hay cosas por las que no paso y me niego rotundamente a admitirlas. Me refiero a cierto tipo de gente que cree que las sumisas son objetos que han venido al mundo para servir de criadas. Gente que piensa que el respeto de una sumisa hacia su Amo no se gana, sino que se impone a base de castigos. Elementos que "usan" –en el sentido más rastrero de la palabra- a la sumisa y se olvidan de ella una vez que sus ansias enfermizas de dominación se han visto satisfechas. Individuos que se niegan a besar a su sumisa –pobrecilla- porque creen que eso es un signo de debilidad. Supuestos “Amos” que no entienden que “no”, significa siempre “no”. Y cuando lo reciben de una sumisa, intentan coaccionarla mediante amenazas para que acceda a sus deseos. Se trata de gente, en definitiva, para la que los conceptos de amor, entrega, respeto y diálogo no tienen ningún significado. Sé que parece increíble, pero hay gente por ahí que piensa de esta forma. Uno intenta otorgarles el beneficio de la duda y procede a explicarles pacientemente que una sumisa no es un objeto, sino una persona con sentimientos. Se le dice que la entrega de una sumisa es el mayor regalo que un Amo puede recibir. Se le explica que el amor de una sumisa se gana mediante el diálogo y el respeto. Se le anima a abrazar y mimar a la sumisa diciéndole que eso no es un signo de debilidad, sino todo lo contrario. En definitiva, se le explica con todo lujo de detalles lo que, afortunadamente, para una gran mayoría de Amos es algo normal y dan por hecho. Pero no lo entienden. Lo rechazan y, lo que es más, pretenden que nosotros entendamos que su postura es la correcta y que no tenemos ni idea de qué es el bdsm. Pues no, no y no. Por ahí no paso. Sumisas del mundo: ¡huid de esta chusma! La verdad es que este tipo de gente es muy peligrosa, pues, por increíble que parezca, ellos realmente creen que están practicando bdsm, cuando es manifiesto que no es así. La coacción, el chantaje, las amenazas, el desprecio y los malos tratos –físicos o psíquicos- no entran dentro del bdsm. Por desgracia, gente de este tipo es la que nos da mal nombre. Pero si habiéndoles explicado en qué consiste el código SSC* continúan en sus trece, nosotros ya no podemos hacer nada al respecto, excepto intentar aislarlos de la comunidad bdsm para evitar que haya sumisas que caigan en sus garras y se vean envueltas en graves problemas. Y creedme cuando os digo que sé de qué estoy hablando. Sé que yo sólo soy uno, pero la unión hace la fuerza. Es necesario que, entre todos, demostremos a esta gente que no tiene cabida dentro de la comunidad bdsm.
Hellcat Barcelona 27 de enero de 2004
*ver: “¿Qué es el bdsm?: Sobre el bdsm”
29/01/2004
El instrumento que veis en la foto es un pinwheel. Su uso es muy simple: basta con hacerlo rodar sobre el cuerpo de la sumisa. Pese a su aspecto intimidatorio, os aseguro que el pinwheel no es un instrumento peligroso. Es virtualmente imposible que los pinchos se lleguen a clavar, ya que al haber siempre varios de ellos en contacto con la piel, la presión ejercida por el conjunto es lo suficientemente pequeña como para evitarlo. La sensación que se consigue con el pinwheel varía en función de la presión ejercida por el Amo, la zona de aplicación y la velocidad con la que se haga rodar por el cuerpo. Este instrumento tiene mucha aceptación entre las sumisas. Para aquéllas que disfrutan con las sensaciones físicas o que les guste un poco de dolor, el pinwheel será un gran descubrimiento. Sin embargo, también puede usarse de forma suave para proporcionar un placentero masaje. En resumen, os garantizo que con el pinwheel descubriréis un mundo de nuevas sensaciones.
Hellcat Barcelona 29 de enero de 2004
30/01/2004
Puedo decir con total seguridad y convencimiento que la noche del sábado fue la mejor noche de mi vida, aunque espero que se repitan muchas más (jeje ;p) con mi querido Amo. Pero esta noche no se me olvidará en la vida. Fue mi primera sesión bdsm. Gracias a esta sesión tengo muy claro que el bdsm va a formar parte de mi vida. ¿Cómo puedo explicar lo que sentí? Como ya dije el otro día es indescriptible, pero aún así voy a intentar aunque sea mostrar una pequeña parte de lo que supuso para mí. Simplemente el encuentro, el primer contacto, fue especial. Cómo me ordenó mi Amo, esperé dando la espalda a la dirección por la cual él iba a llegar y con una posición en concreto esperé su llegada. Con mi cuerpo apoderado por los nervios fui sorprendida por sus brazos rodeando mi cintura, mientras una voz me decía al oído "Hola perrita..." Me dio un vuelco el corazón, pero permanecimos así un momento, con sus brazos rodeándome y, sí, consiguió tranquilizarme, aunque solo fuera por un momento, jeje. Seguidamente nos encaminamos a una cafetería para empezar a jugar (y para calmarme también, porque me tomé una tila, jiji). Cruzamos miradas, cruzamos palabras y comenzó el juego... Pero por supuesto lo más divertido no fue lo que ocurrió en la cafeteria (y debo decir que de allí salí desnuda bajo el abrigo, jeje), sino lo que aconteció despues en la habitación. Se me pone la piel de gallina tan solo con recordarlo. Me quité lo poco que llevaba y allí me quedé, desnuda delante de mi Amo, como una perra, como su perrita, con el collar como único atuendo. El collar era lo único que me protegía, pero al mismo tiempo era lo que me condenaba, porque es el símbolo de mi sumisión. Por eso estaba allí, esperando lo que con tantas fuerzas había deseado, quedar a manos de mi Amo, complacerle, recibir sus torturas, sus regalos, sus caricias,... Me tranquilizaba con el contacto de sus manos sobre mi piel, pero me estremecía de miedo con sus palabras. Esperaba algo de lo que nunca había podido disfrutar: ser atada, manipulada a su antojo, moldeada cual figura de arcilla. Mis ojos vendados, mis manos atadas a la espalda, mis pies atados a la cama, todo se juntaba para agudizar cada uno de mis sentidos. Podía escuchar con atención sin llegar a descubrir lo que mi Amo tramaba, y eso me enloquecía. Sólo lograba saber de qué se trataba su maquinación cuando ya la llevaba a cabo sobre mi cuerpo, "acariciándome" con el pinwheel cada centímetro de mi piel. Incluso haciéndome cosquillas en determinadas zonas (menuda tortura, jeje. Bueno al menos para mí ;P). También me martirizó con pinzas en los pezones... y más zonas que no voy a nombrar, jeje. Doy paso a la imaginación). Después les llegó el turno a mis nalgas, que fueron torturadas por azotes con sus manos (y algún que otro artilugio), pero exquisitamente combinados con caricias que lograban hacer que sintiera un placer inexplicable por todo mi cuerpo. Podría explicar más, pero lo divertido no es leerlo, sino probarlo, jeje. Un besazo Amo, gracias por esa noche tan especial y placentera. La noche de mi iniciación en el Bdsm.
|