|
Temas
Archivos
Enlaces
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2004.
14/07/2004
Diario bdsm de sumisa satin: Miércoles 14 de julio de 2004Estos días he estado jugando con mi Amo. Hace unos fines de semana me enjauló mientras él preparaba su nueva tortura, con lo cual estar enjaulada sin saber lo que hace resulta bastante incómodo e inquietante. Al cabo de un rato apareció y me llevó hacia el lugar donde se disponía a martirizarme. Una silla en medio de la habitación nos esperaba. Allí se sentó y me hizo estirarme en su regazo, quedando mi culo a su completa disposición para azotarme como si de una reprimenda a un niño se tratara, unos azotes más flojos, otros más fuertes, a intervalos o más seguidos, pero que hicieron que pronto empezara a quejarme y a desear que cesaran. Quedaron mis nalgas bien rojas y doloridas, pues me vi sometida bastante rato, pero después llegó la recompensa: sus mimos y caricias. Hace dos fines de semana me tenía preparada una sorpresa que, por supuesto, como es costumbre, no me iba a gustar demasiado. Me ordenó que me colocara a cuatro patas sobre la cama, y me colocó unas pinzas, cuatro en total, una en cada pezón y una en cada labio vaginal. Pero esa no era la tortura en sí. La complicación vino después cuando unió las pinzas con hilo de lana a mis piernas, de manera que estaban las pinzas en tensión y con cada azote el dolor se hacía más intenso. Pero eso no fue todo, porque después me poseyó en esa misma postura y con el suplicio de cada movimiento,y aunque en parte era placentero, las pinzas no dejaban que me olvidara de mi condición de sumisa y de la situación a la que mi Amo me empujaba uniendo placer y dolor. Y mañana volveré a disfrutar de la mazmorra uoooooo ¿a qué nuevas torturas me veré sometida? :P
19/07/2004
Relatos: Yo, Vampiro (IV)4. El Consejo.
Según me informó Isabelle mientras caminábamos, el Consejo se reunía de forma rutinaria una vez al mes, aunque cualquiera de sus miembros podía convocarlo de forma extraordinaria si se daba alguna circunstancia que así lo requiriera. Esta vez, el Consejo había sido convocado por Isabelle para informar de mi existencia y darme a conocer formalmente a la comunidad vampírica de Constantinopla. Eso significaba que ella no podría formar parte del Consejo en esa ocasión, al crearse un conflicto de intereses por ser mi creadora. Por lo tanto su puesto sería ocupado por otro vampiro, aunque desconocía quién iba a ser. El órgano ejecutivo del Consejo estaba formado por siete inmortales. Los únicos requisitos necesarios para pertenecer a este órgano eran residir en la ciudad correspondiente, en este caso, Constantinopla, o alrededores, y que la edad del vampiro no fuera inferior a un siglo de existencia inmortal. La renovación del mismo se llevaba a cabo cada año, mediante una simple votación de todos los vampiros que acudían al Consejo, sobre las candidaturas presentadas. De vez en cuando, por diversas circunstancias, uno de los puestos quedaba vacante. Entonces el presidente del órgano ejecutivo, elegido por los propios miembros, convocaba un Consejo extraordinario para cubrir el puesto. La mayoría de las veces los candidatos eran pactados entre los vampiros, pues siempre había algún miembro de la comunidad especialmente apreciado o apto para el puesto que era unánimemente aceptado por todos los vampiros de la ciudad. Sin embargo, de vez en cuando se presentaban dos o más candidatos con iguales posibilidades de salir elegidos. En esos casos era de la máxima importancia llegar a algún tipo de acuerdo, ya que, en caso de disputa, ésta podía degenerar en un enfrentamiento abierto entre las distintas facciones que apoyaban a los candidatos. Isabelle me comentó que tan sólo una vez la disputa fue lo suficientemente grave como para dar lugar a una guerra abierta entre vampiros… y que esperaba que nunca más volviera a ocurrir, puesto que fue una época oscura que nadie quería revivir. Cuando le pregunté qué vampiro había sido objeto de la disputa, la respuesta me sorprendió. “Fue Nafir. Se presentó candidato, pero algunos sectores descontentos con él a causa de sus excentricidades temían que su forma de ser perjudicaría las actividades del Consejo. Y se negaron a secundarle. Tuvimos muchas oportunidades de detener la disputa, pero no supimos hacerlo. Nafir, a pesar de mis intentos de que desistiera de presentar su candidatura, continuó adelante obstinadamente. Y se desató la guerra. Por supuesto, yo me puse inmediatamente de su parte, pues era mi creador y le amaba… La guerra fue terrible, Esaú. Muchos murieron defendiendo sus convicciones. Al final logramos vencer. Y cuando todo parecía volver a la normalidad… Nafir desapareció”. “Me habías dicho que él te dejó”. “Sí. Así fue. Después de la guerra, después de toda la sangre vertida… simplemente se fue”. “¿Estás enfadada con él?”. “Al principio lo estuve, y mucho. No entendía por qué había hecho eso. Luchamos por él… y se fue sin decirle nada a nadie. Ni siquiera a mí. Si hubiera hablado conmigo… Yo le habría dejado marchar. Me habría dolido, pero nunca me habría opuesto a sus deseos. Él siempre hacía las cosas por una razón. Le gustaba hacer las cosas a su manera. A veces no lo entendía, pero sabía que nunca tomaba una decisión a la ligera… Bueno, la verdad es que últimamente ya no pienso demasiado en ello. Él se fue y tú estás aquí”, dijo, sonriendo. Cada vez tenía más ganas de conocer a Nafir. Sin duda debió de ser un vampiro realmente poderoso y, al mismo tiempo, controvertido. Por desgracia, si ni la propia Isabelle, su creación, había sido capaz de contactar con él, ¿qué esperanzas podría albergar yo?. Bajamos a la planta inferior del palacio, donde vi que varios vampiros caminaban por uno de los pasillos hacia la puerta situada al fondo del mismo, que se encontraba abierta y por la que podía ver una sala que bullía de actividad. Mientras nos internábamos en el pasillo, oí la puerta de entrada. Sin duda se trataba de nuevos vampiros, que llegaban al edificio para asistir a la reunión. Estaba realmente extasiado y, por qué no decirlo, un poco cohibido por la situación, ya que yo iba a ser el centro de atención del evento. Los inmortales allí reunidos escucharían las explicaciones que Isabelle iba a ofrecerles sobre mi creación al margen del Noviciado. Pero, sin duda, mientras escuchasen a Isabelle, ellos no dejarían de estudiarme, preguntándose qué poderes tendría, por qué había suscitado la atención de un vampiro tan poderoso como Isabelle y, sobre todo, si tenían algo que temer de mí. Este último pensamiento me hizo esbozar una sonrisa incrédula… ¿qué podían temer de mí? Aún debía aprender muchas cosas sobre mí mismo. Mis poderes eran ya notables, eso era cierto. Pero qué duda cabía de que no serían ni remotamente comparables a los de la mayoría de inmortales que me rodearían, algunos de ellos, como la propia Isabelle, con varios siglos de existencia inmortal a sus espaldas. Al fin entramos en la sala. Tenía el mismo tamaño que la mazmorra o sala común que estaba situada en el piso de arriba, sobre ella. Separados por un pasillo central, había varias filas de bancos de madera, algunos ya ocupados por vampiros que hablaban entre sí usando su mente. Mientras caminábamos por el pasillo, algunas miradas curiosas se dirigieron hacia mí. Aún tenía dificultades para captar conversaciones cuyos interlocutores no se dirigieran directamente a mí. Sin embargo, pude captar algunos retazos de las mismas. No me pareció que fueran ofensivas, ni capté la más mínima animadversión hacia mí. Tan sólo una gran curiosidad por saber quién era “el nuevo”. De todos modos, me dije a mí mismo que no debía bajar la guardia en ningún momento, pues, aunque inmortal como ellos, no dejaba de ser un extraño en un lugar extraño. Era la primera vez que estaba entre un grupo tan numeroso de vampiros. Me fascinaba saber que cada uno de ellos contaba con su propia historia: su despertar a la inmortalidad, las enseñanzas que habría recibido de su creador, los lugares que habría visitado, las gentes que habría conocido, los poderes que habría desarrollado… y no pude dejar de pensar que algunos de ellos habrían sido creados después de la implantación de los Noviciados, soportando en ellos las duras pruebas impuestas por sus creadores antes de serles concedido el Don. Isabelle pareció captar mi nerviosismo. “Tranquilo. Conozco a muchos de estos vampiros, y ya has visto que el propio Taiel está de nuestra parte. Todo irá bien”. “Eso espero”. Llegamos hasta una tarima donde un único banco se encontraba situado frente a una tribuna que, supuse, sería ocupada por los miembros del órgano ejecutivo del Consejo. La tribuna, también de madera, estaba finamente tallada mostrando motivos relacionados con los vampiros. Pude distinguir una representación de la ceremonia en la que lo que parecía un mortal, recibía el Don de un vampiro, entre otras cosas. La sala estaba ya casi llena, e Isabel me indicó que me sentara en el banco, mientras ella se sentaba a mi lado. Al cabo de unos segundos los murmullos de las conversaciones mentales decrecieron hasta desaparecer. Me giré para ver qué ocurría y vi que entraban en la sala siete vampiros. No se distinguían de cualquiera de los otros que ocupaban la sala. Sin embargo estaba claro quienes eran: formaban el órgano ejecutivo del Consejo. Con gran alivio, vi entre ellos a Taiel. Al menos sabía que contaba con un apoyo seguro entre el Consejo. Los siete vampiros subieron a la tarima y se sentaron en la tribuna, ante nosotros. Eran cuatro hombres y tres mujeres. De nuevo me resultaba completamente imposible determinar su antigüedad. Sin embargo, dada su relevante posición dentro de la comunidad vampírica, estaba claro que todos debían tener más de un siglo y, estaba seguro que en la mayoría de los casos, varios más. Puesto que iban a ser ellos los que juzgarían si mi creación por parte de Isabelle se ajustaba a las leyes de los vampiros, intenté estudiarlos. Ninguno de ellos parecía superar los cuarenta o cuarenta y cinco años en términos mortales. En ese momento, oí a Isabelle. “Arlén”. Había usado un claro tono de desdén al pronunciar el nombre. Seguí su mirada hasta llegar a una de las mujeres que, precisamente, era la que más edad aparentaba. Llevaba el cabello corto y, con gran incomodidad por mi parte, descubrí que ella también me miraba como si me estuviera estudiando. Tenía el ceño fruncido y parecía sumamente concentrada en sus pensamientos. No intenté averiguar cuáles eran, pues sabía que podría detectar mi intrusión. Desvié la mirada hacia Isabelle y le pregunté quién era aquella mujer. “Su nombre es Arlén... y podría llegar a ser un problema. Digamos que no nos llevamos demasiado bien”. “¿Por qué?”. “Por celos. Estaba enamorada de Nafir y nunca soportó que él me amara. En realidad fue Arlén quien puso a algunos vampiros en contra de Nafir”. Isabelle suspiró. “Y ahora, de alguna forma, se las ha arreglado para ser mi sustituta en el Consejo en la reunión de hoy”. “¿Ella provocó la guerra?”, pregunté sorprendido. “Sí. Y temo que quiera hacer lo mismo ahora. Ha pasado de amar a Nafir a odiar todo lo que tenga algo que ver con él. Y tú has sido creado por su discípula...”. “Me dijiste que todo iría bien”. “Sólo es un pequeño contratiempo”. “¿Llamas “contratiempo” a tener como enemiga a alguien capaz de provocar una guerra entre vampiros? Francamente, me parece que es algo más que un simple “contratiempo””. “Veremos qué ocurre...”. Para tranquilizarme, seguí estudiando al resto de los ocupantes de la tribuna. Las otras dos mujeres eran más jóvenes, aunque una de ellas parecía haber superado la treintena cuando le fue dado el Don. Ambas parecían distraídas mirando al público que estaba acabando de ocupar los últimos asientos libres que quedaban en la sala. En ningún momento parecieron prestarme atención. El vampiro que estaba situado en el centro de los demás –el presidente del órgano ejecutivo, supuse- era un hombre delgado. Tras enviar una breve mirada a Isabelle pareció dedicarse a esperar pacientemente a que todo estuviera en orden para poder comenzar la reunión. Otro de los hombres era el propio Taiel, que me sonrió cuando nuestras miradas se cruzaron. Agradecí ese gesto suyo y le devolví la sonrisa. La verdad es que, aunque sabía que Isabelle se desenvolvería perfectamente, tras conocer a Arlén, necesitaba que me tranquilizaran un poco. Me acerqué lo más disimuladamente que pude a ella en el banco y cogí su mano con la mía. Ella dio un respingo al sentirla, y se giró para mirarme. Entonces sonrió y me apretó ligeramente la mano. Los otros dos vampiros que formaban el órgano ejecutivo del Consejo parecían estar conversando entre sí y tampoco nos prestaban atención ni a Isabelle ni a mí. Uno de ellos era realmente corpulento y mediría unos dos metros de altura, lo que, para la época, era una altura desmedida. El otro, por el cotnrario, era extremadamente delgado. La vista de ambos personajes hubiera sido cómica de no haber sabido que ambos eran vampiros, por lo que el aspecto físico nunca dejaba traslucir el poder real. Cuando al fin la sala estuvo al completo, el presidente cerró las puertas mediante un simple gesto de la mano. Pude detectar la corriente de energía que emanaba de él y actuaba sobre las puertas como algo casi tangible. Me quedé fascinado por aquella posibilidad de la que yo carecía, pues mis poderes eran una copia exacta de los de mi creadora y, al no tener ella ese poder, yo tampoco podía tenerlo. Me consolé pensando que seguramente yo tenía algún poder del que él carecía, aunque, lógicamente, no podía estar completamente seguro de ello… La reunión dio comienzo. El presidente explicó la razón de que se hubiera convocado el Consejo, así como quién era la convocante, y cedió la palabra a Isabelle. Ésta se levantó y dio unos pasos hasta situarse en la tarima de forma que fuera bien visible. Quizá fuera casualidad o tan sólo una coincidencia, pero lo cierto es que Isabelle se había situado justo delante del puesto que ocupaba Arlén en la tribuna, dándole la espalda completamente, pues estaba situada de cara al público asistente. Vi como ésta fruncía el ceño de forma imperceptible. Sin duda también se había percatado del detalle. Isabelle volvió a captar mi atención. Allí, de pie, vestida con aquellos lujosos ropajes que tanto le gustaban, y con la actitud de quien sabe que despierta expectación y admiración entre aquellos que la contemplan, aparecía revestida de una aura de digna distinción ¡Qué bella estaba!. Empezó a hablar. Explicó que se había visto obligada a concederme el Don a causa de ciertas circunstancias que seguidamente pasó a explicar. Contó cómo me había estado estudiando durante un tiempo, cómo siguió mis aventuras durante la Cruzada, cómo fui herido y, finalmente, cómo, ante la disyuntiva de si debía dejarme morir o concederme el Don, eligió esto último. Apeló, después, a su derecho, como miembro del Consejo, a conceder libremente el Don a quien ella desease, puesto que, tal y como explicó, un puesto en un Consejo avalaba a un vampiro como poseedor de la destreza, el poder y la sabiduría suficientes como para otorgar el Don y controlar, después, al vampiro novel hasta que aprendiera a controlar sus poderes y sentidos y no representase un peligro para sí mismo y para el resto de la comunidad vampírica. Terminado su alegato, Isabelle volvió a sentarse a mi lado y me sonrió. Yo le devolví la sonrisa. Sin duda había sido un buen discurso. Inteligente y sin fisuras que pudieran ser aprovechadas para atacarnos. A continuación, el presidente dio la palabra a los miembros de la tribuna que desearan realizar alguna pregunta. Arlén pidió la palabra. “Nuestra querida Isabelle”, comenzó Arlén, “ha hecho un magnífico discurso. Y sin duda ninguno de nosotros puede discutir el buen juicio que la ha acompañado durante todos estos años. Sin embargo...” Arlén adoptó una afectada pose de duda “...hay algo que me preocupa. Desde el punto de vista de Isabelle, quizá tenga totalmente claro que puede controlar a su discípulo. Pero, ¿y nosotros? ¿Quién de nosotros puede estar seguro de que podrá ser controlado? Yo conozco a Isabelle... y puedo confiar en ella. Pero no lo conozco a él y, por lo tanto, no puedo estar seguro de sus actos”. Arlén nos miró fijamente. “Yo digo que no podemos arriesgarnos a cometer un solo error, pues no tenemos margen de maniobra. ¿Qué ocurriría si los mortales descubrieran nuestra existencia? Hata ahora sólo somos para ellos cuentos y leyendas. Pero eso podría cambiar si entre nosotros hubiera algún elemento incontrolado… como él”, dijo, señalandome. “¿Y qué sugieres que se haga al respecto?”, preguntó el presidente. “Lo único que puede hacerse: destruirlo”. Al oir aquello, me giré hacia Isabelle, mientras el pánico comenzaba a apoderarse de mí. ¿Destruirme?. Aquello no iba bien. Nada, nada bien. “Tranquilo”, me dijo Isabelle, “ella sabe que no puede conseguir eso del Consejo. No sin mi consentimiento. Tan sólo ha sido una estrategia para ponernos nerviosos”. En la sala se alzaron murmullos mentales, unos a favor y otros en contra del discurso de Arlén. “Lo está haciendo otra vez. Maldita zorra”, oí que me decía Isabelle. “¿Qué está haciendo otra vez?”. “Dividirnos. Y eso sí es algo que me preocupa”. Y nada más decirme esto, Isabelle volvió a levantarse del banco y se dirigió a la tribuna. “Asumo toda la responsabilidad por los actos de mi discípulo”. Los murmullos comenzaron a apagarse. Arlén sonrió. El tribunal votó esta decisión, que fue aprobada por unanimidad y el presidente dio por concluída la reunión. Los vampiros comenzaron a abandonar la sala. Antes de que dejarla, Arlén cruzó su mirada con Isabelle. Si se dijeron algo, no pude percibirlo. Mientras salíamos, Taiel nos dio alcance. Quiso que fuéramos a su despacho para hablar, asi que le seguimos. Una vez allí, comenzó a hablar. “Siento que las cosas hayan ido así”. Taiel había abandonado el talente risueño que había mostrado en nuestro anterior encuentro y, ahora, su semblante era una máscara de seriedad. “Arlén es muy astuta”. “Siempre lo ha sido“, dijo Isabelle. “Pero hemos ganado, ¿no?”, pregunté yo. “El consejo ha aceptado que siga bajo custodia de Isabelle”. “No es tan sencillo”, respondió Taiel. “Creo que eso era lo que ella pretendía desde un principio. Esperará que cometas algún error… o te inducirá a cometerlo. Y ella estárá allí para dar cuenta de ello. Entonces tendrá una razón para que el Consejo apruebe tu destrucción sin que sea necesario el consentimiento de Isabelle. Y, de paso, provocará la caída en desgracia de ella”. “Lo que más me preocupa en estos momentos es que Arlén pueda volver a dividirnos”, dijo Isabelle. “Es cierto que sigue teniendo algunos seguidores incondicionales. Pero de momento están aislados y sin apoyos”. “Pues esperemos que sigan así”, intervine yo. Tras despedirnos de Taiel abandonamos el palacio y nos dirigimos hacia nuestra casa.
Mientras cabalgábamos por las calles empredradas de la ciudad, sucedió algo muy extraño. Una voz susurrante en mi cabeza -ni siquiera podría haber asegurado si había sido real o tan sólo imaginaciones mías- pareció dirigirse a mí. Entre el sonido de los cascos de mi caballo resonando en mi cabeza, creí distinguir que la voz me decía: “Pregúntale por qué te salvó”.
Hellcat Barcelona 19 de julio de 2004
20/07/2004
Artículos sobre bdsm: Día internacional del bdsm en el Club Social Rosas 5 Desde hace ya un tiempo se está intentando promocionar, por parte de algunas organizaciones internacionales, 24 de julio como día internacional del bdsm. ¿Por qué este día y no otro? Como ya habéis podido leer en algunos artículos y comentarios que han aparecido en este blog, se trata de jugar con las siglas 24/7, que representan el mantenimiento de la relación bdsm 24 horas al día, 7 días a la semana. Es decir, de forma permanente.
En el marco de esta celebración, se van a llevar a cabo una serie de eventos en el Club Rosas 5 de Barcelona. A continuación os transcribo aquí el texto íntegro publicado en su página web (ver enlace a la izquierda).
El proximo viernes 23 de julio el Club abrirá las puertas a las 20:00 horas (8 de la tarde) para, a las 12 de la noche, dar comienzo a la fiesta BDSM "Dia internacional BDSM 24/7".
La fiesta será inagurada por una sesión del Maestro Michael y su esposa y esclava Ingrid. Todos recordamos a Michael & Ingrid del seminario de Bondage o bien de su actuación en la última fiesta BarnaPerve.
A lo largo de la noche y del día 24 de julio habrá actuaciones en la mazmorra y el Club estará abierto las 24 horas del sábado y hasta bien entrada la madrugada del domingo día 25 de julio.
Cerrar, ciera el certamen Domina Zara y su equipo el día 24 por la noche a las 24:00 horas, o sea en la medianoche del sábado al domingo.
No hay codigo de vestimienta.
No se cobra ninguna entrada.
Como el año pasado, habrá DESAYUNO en el Club a un precio reducido a partir de las 8 de la mañana y hasta las 12 del mediodía del sábado, día 24.
Todavía quedan algunas horas (horas pares, 10, 12, 14, 16 h) a lo largo del día para que hagas tu sesión en la mazmorra. Tendras dos horas para ti y tu pareja de juego.
Ponte en contacto con el Clubmaster, sea por teléfono (659 68 58 58), o bien a través de un mensaje interno en esta página, o por mail a clubmaster@clubrosas5.com
Y eso es todo. Aquellos de vosotros que os animéis a acercaros al Club estos días podréis descubrir un mundo apasionante, divertido, y lleno de respeto, amistad y amor (contrariamente a lo que suele creer la gente).
P.D.: Por cierto, el intervalo de tiempo que va desde las 16 hasta las 18 horas ya no está disponible, pues está ocupado... ¿adivináis por quienes? Pues sí: por satin y un servidor ;).
25/07/2004
Diario bdsm de sumisa satin: Domingo 25 de julio de 2004Este sábado fue la celebración del día internacional bdsm. Tuvimos el placer de ocupar la mazmorra del club rosas5 durante dos horas, ya que se había dispuesto un horario para que se mantuviera ocupada durante toda la jornada. Nosotros disfrutamos de sus instalaciones de 4 a 6 de la tarde, con una invitada para que conociera el mundo del bdsm y una vieja amiga que hace tiempo que está metida en este mundo. Fueron partícipes de las torturas a las que me sometió mi Amo, que ahora pasaré a relatar, sin antes olvidar los momentos antes de entrar en la mazmorra, cuando sentados en el sofá mi Amo y una de nuestras amigas, me hizo arrodillarme a sus pies, mientras él conversaba con estas amigas y me mantenía cerca de él sujetando la correa que iba atada a mi collar, como si de su perrita se tratara, y en definitiva eso soy, su perrita. Después de un rato sentada a sus pies me hizo colocarme a cuatro patas y levantó mi vestido para azotarme y acariciarme mientras seguía con su conversación, y no desaprovechó el momento para hacerme alguna fotografía en la comprometida postura en la que me encontraba. Pero fue todo un placer estar a sus pies recibiendo su atención y caricias, comportándome y respondiendo a sus expectativas como buena sumisa. A las cuatro entramos en la mazmorra, y allí mi Amo ordenó que me desnudara y que me colocara de rodillas en el suelo con el dorso de las manos apoyado en mis piernas, y mientras tanto él se dedicó a hacer una breve explicación de los muebles que componen la mazmorra y sus utilidades, respondiendo a cualquier pregunta que se le pudiera ocurrir a nuestra invitada. Seguidamente ordenó que levantara los brazos y los apoyara detrás de la cabeza, ya que esa es una de sus posturas favoritas ya que al levantar los brazos quedan los senos más descubiertos y levantados, tal y como les explicó a nuestras espectadoras. Después me ordenó que me levantara y siguiera en esa posición, con los brazos detrás de la cabeza, y se dispuso a hacerme un bondage de pecho, y con otras cuerdas me hizo unas ataduras como ha hecho otras veces pasando las cuerdas entre las piernas y atando los cabos sueltos a una de las cadenas que penden del techo, de manera que la cuerda tiraba y podía llegar a ser incómoda en alguna zona en concreto. Y además de las cuerdas estratégicamente colocadas, me puso una pinza con peso en cada pecho, y me esposó las manos. Pero esto solo era la preparación para la tortura que me tenía preparada, ya que se disponía a hacérmelas pasar canutas con el pinwheel que digamos no es mi mejor amigo, y no porque pinche sino porque tengo unas terribles cosquillas y el pinwheel es perfecto para explotar ese punto débil. Y la tortura fue terrible, quería hacer que mis quejidos fueran perceptibles para el oído humano jaja pero como teníamos invitadas la voz no salía de mi garganta ni para quejarme, pero después de un rato inaguantable sufriendo cosquillas las quejas fueron in crescendo. Los gritos no llegaron hasta que mi Amo me quitó las cuerdas para atarme esta vez las manos con unas muñequeras a la misma cuerda que pendía del techo, y el látigo se puso en contacto con mi piel, entonces todo fueron quejas y gritos, por el dolor del látigo, sumado al dolor de las pesas que se acentuaba con mis intentos de disuadir el azote, moviéndome de un lado al otro con el margen que me permitía la cuerda, que no era mucho, y cuanto más intentaba escapar del dolor más cerca de él estaba. Cuando quedó obvio que mis intentos de evasión no me favorecían sino que me perjudicaban intenté provocar misericordia en mi Amo, mostrando mi lado más tierno, buscando sus caricias, que tan necesarias se hacen en esos momentos, y aunque alguna caricia lograba arrancar de sus manos, y algunas besos conseguía de sus labios, en breves instantes volvían a caer sus azotes y volvía a caer derrotada entre sus brazos. Por suerte al cabo de un rato mi Amo accedió a quitarme las pinzas con las pesas que ya se hacían inaguantables, pero el dolor más intenso vino cuando me las quitó y seguidamente acarició mis pechos para que volviera la circulación pero no es algo muy agradable sino doloroso, y él aprovechó la sensibilidad que tenía en ese momento para torturarme con caricias, aunque parezca contradictorio, sus caricias en esa zona después de haber llevado los pesos más que placenteras eran dolorosas, y entre sus brazos, sometida a sus caricias no dejaba de moverme y quejarme, y después siguió con los latigazos y azotes que después de un rato mi deseo por dejar de sentirlos se acrecentó y no pude evitar lanzar algún mordisco, con lo cual, una vez hecho el intento, mi ofensa no quedaba impune por mucho que suplicara, y entonces me veía sometida a más azotes. A continuación mi Amo me liberó quitándome las muñequeras, pero ahí no acabó la tortura, pues seguidamente me condujo al potro, donde una vez colocada y atada prosiguió con el látigo y con el pinwheel, pero no duró mucho más esa tortura pues dio pasó a un momento de humillación, masturbándome delante de nuestra invitada y de algunas otras miradas indiscretas, con lo cual el placer que podría lograr mientras mi Amo me masturbaba de manera sublime, se vio mermado por el pudor y la vergüenza que me embargaban en ese momento. Después de esta dosis de humillación y continuando atada al potro, volvieron a caer sobre mí latigazos, propinados por mi Amo y por alguna amiga después de haberle sido concedido el permiso de mi dueño. Y por si esto fuera poco, a continuación de mi liberación del potro, me vi de nuevo atada, pero esta vez en la rueda, tres personas me ataron y sujetaron bien a la rueda, y seguidamente mi Amo me sometió al poder de la gravedad, dejándome poco a poco con la cabeza hacia abajo, y con una vuelta ya tuve suficiente así que ya fui liberada definitivamente de las correas, pero solo de las correas pues cuando salimos de la mazmorra fui enjaulada y expuesta a cualquier mirada sentada entre rejas. Después de esta sesión solo me quedaron fuerzas para acurrucarme entre los brazos de mi Amo, que momentos antes tanto me hicieron sufrir, pero ahora me cobijaban y protegían, recibiendo también algún halago por mi buen comportamiento, dando así por satisfecha mi alma de sumisa. Gracias Amo por este 24 del 7, que además es el día en que hace medio año de nuestra primera sesión. Y también darle las gracias a Kurt por proporcionarnos este estupendo local y el estupendo ambiente que se puede respirar. ^_^
|